Jorge Eduardo Arellano
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Sumamente interesante el planteamiento del maestro australiano Stephen Castles en cuanto a las contradicciones urgentes contemporáneas y sus vínculos intrínsecos con el fenómeno migratorio internacional. Sin embargo, no se logra avizorar, a corto y mediano plazo, el despeje de las más importantes contradicciones expuestas por Castles.

Al contrario, algunas contradicciones tienden a exacerbarse aún más, por ejemplo, la contradicción entre economía y medioambiente, cuyo deterioro alcanza niveles alarmantes en Nicaragua y el mundo entero. El círculo vicioso de las familias rurales pobres que recurren a la destrucción de lo poco que queda de la naturaleza, el avance de la frontera agrícola, a consecuencia de la agricultura y ganadería migratoria; en fin, el modelo económico excluyente global que produce marginalización y depredación de los recursos naturales. La crisis ecológica reclama una solución radical y alternativa, y no vemos cómo sean los rectores de la economía mundial (BM, FMI) los que empujen por esta dirección.

El desafío, entonces, que permanece de manifiesto es resistir, resistir desde la exclusión, conquistar los espacios locales, regionales y globales, en los movimientos sociales de mujeres, campesinos, jóvenes, indígenas, ambientalistas, potenciar las posibilidades de la informática; es decir, urdir la globalización desde abajo.

El primer gran desafío es enfrentar a los globalizadores desde abajo. ¿Cómo hacerlo cuando son los que controlan la economía, la política, los medios de comunicación, la iglesia, el poder? No hay ámbito de la sociedad humana que escape a este control. Entonces, ¿estamos predestinados los de abajo a ser excluidos para siempre, a someternos a los dictados del mercado y de los rectores de la política económica internacional? No creemos en ese determinismo.

¿Será entonces la anarquía el camino a seguir? ¿La desobediencia civil, el fundamentalismo? ¿Cuáles son las opciones que tenemos en un mundo automatizado, robotizado, polarizado entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, entre la miseria y la opulencia? Por muchas redes de solidaridad que se organicen para apoyar la salida, tránsito y llegada de los migrantes, siempre serán vistos como seres humanos de quinta categoría, y otra gran proporción considerados ilícitos, ilegales e inexistentes.

Sea como individuos o minorías integradas, el sistema produce movimientos xenófobos que sobrepasan el límite hasta llegar a situaciones como la de Natividad Canda, desgarrado y muerto por perros rabiosos Rotwaillers, ante policías impávidos y el dueño de los canes presenciando el hecho sin hacer nada. Esto fue un reflejo de la crueldad humana ante la doble condición de inmigrante e indigente de Natividad Canda. El juicio en Costa Rica evidencia la actitud cínica e hipócrita del sistema judicial costarricense en este caso.

Otro gran desafío es reducir, de acuerdo con los Retos de Desarrollo del Milenio, la inmensa brecha de desigualdad e injusticia social que padecen los pueblos centroamericanos que motiva a la expulsión de sus lugares de origen. Si no hay alternativas no queda más remedio que emigrar, en el caso de Nicaragua, sobre todo a Costa Rica, últimamente hacia El Salvador y Guatemala.

La diferenciación social es más aguda en el campo nicaragüense donde vive casi la mitad de la población y donde los flujos migratorios son constantes hacia el vecino país. A través de políticas agrarias públicas, al Estado le corresponde implementar programas y proyectos de desarrollo económico local que tenga como objetivo frenar el éxodo del campo hacia Costa Rica, o hacia la capital Managua, deteriorando aún más las condiciones de vida urbana y la presión sobre los servicios básicos con el incremento de asentamientos clandestinos.

Los programas orientados al campo, como el Hambre Cero, Usura Cero, aún no alcanzan los niveles significativos de impacto social y económico, por su gran dispersión y problemas de procedimiento organizativo, que si bien han despertado expectativas y esperanzas en la población rural, sin embargo, en términos de generación de empleo y renta en los territorios, y retención de la Población Económicamente Activa (PEA) rural, aún está en proceso de despegue.

Mientras tanto, los criterios de clasificación al programa Hambre Cero, excluyen a los que no poseen tierra, que representan un porcentaje importante en el campo y no les queda más que emigrar y sobre los cuales no hay políticas alternativas. Se debe resolver con urgencia el problema de tenencia de la tierra para reducir las desigualdades en el campo, porque éste ha sido el factor histórico que mayor diferenciación social ha provocado en el campo nicaragüense.

Un reto sobre el cual es urgente trabajar en firme, es la necesidad del gobierno de discutir la situación migratoria y la protección de los derechos humanos de los inmigrantes en Costa Rica con más de medio millón, y que representan casi el 80% del total de inmigrantes en ese país.

Costa Rica es tan importante para Nicaragua como los nicaragüenses son importantes para los ticos. Se hacen chistes en INTERNET sobre lo que pasaría a la economía costarricense si faltara tan sólo por un día la mano de obra de los nicas en los campos agrícolas. Pero la negociación con el gobierno tico no debe significar el menoscabo de la soberanía del Río San Juan, por los antecedentes históricos en el caso del Guanacaste. La presencia masiva de nicas en Costa Rica es un elemento para que los ticos pretendan obtener réditos territoriales en una negociación; mientras el gobierno nicaragüense se encuentra urgido por resolver la presión social de sus coterráneos en el vecino país, en términos de flexibilizar las leyes migratorias y proteger sus derechos humanos y laborales.

Por otro lado, la percepción de los costarricenses sobre los nicaragüenses, según Sandoval Irma, en estudios realizados en 2000 en la población del Gran Área Metropolitana, evidencian signos contradictorios. Por un lado, el 63% de los entrevistados opina que hay trato negativo a los nicas, a la vez que un poco más del 50% está de acuerdo en que se debe prohibir la entrada al país. Sin embargo, el 75% opina que hay que legalizar su estatus migratorio, así como el 79% dice que son buenos trabajadores y ayudan a la economía del país. La mayoría piensa que los nicas tienen costumbres diferentes a los ticos.

En su gran mayoría los nicaragüenses se encuentran insertos en actividades laborales como servicios personales, vigilancia, construcción y en las tareas agrícolas. Un dato importante, a partir de 2004, según Rosero (Retos de la inmigración nicaragüense en Costa Rica) hubo un aumento en la demanda de mano de obra femenina para servicios domésticos, “…en lo cual pasan a ocupar un rol central las migrantes nicaragüenses…”

Podemos señalar que la inmigración nicaragüense representa una oportunidad para los empresarios ticos, en el sentido de que la migración laboral posibilita en las actividades agrícolas, construcción y servicios personales, mantener puestos de trabajo tradicional e intensivo, adecuado al perfil laboral del nica. No obstante, para el Estado tico significa una demanda de tipo social por servicios básicos, y que además, esta mano de obra ilegal no hace aportes a la Caja del Seguro Social.

Al analizar los rasgos generales de las características de los emigrantes nicaragüenses, las investigaciones realizadas por estudiosos del tema, abordan la composición por grupos de edad, sexo, lugares de origen urbano-rural en el país, el nivel educativo y los destinos principales del nicaragüense. La perspectiva de género, en todas sus dimensiones, no ha sido estudiada a profundidad, el impacto en la familia cuando se va la mujer madre, la proporción de mujeres en capacidad laboral que emigran y su efecto en la taza de fecundidad y natalidad en la localidad de origen y de destino.

* Escuela Internacional de Agricultura y Ganadería de Rivas. Unidad Extensión Rural