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Inevitable es escribir algunas reflexiones -sin recurrir a cifras y porcentajes- sobre lo ocurrido el 4 de noviembre de 2008 en Estados Unidos (EU). El Partido Demócrata (PD), con el candidato Barack Hussein Obama, ganó abrumadoramente la presidencia y las instancias legislativas, después de ocho años continuos del Partido Republicano (PR) en el poder, encabezado por George Walker Bush. En otras palabras, el candidato de raza negra le ganó al presidente blanco; el candidato opuesto a la guerra venció al mandatario guerrerista.

Los esclavistas-feudalistas del sur de Estados Unidos (EU) tenían un partido: ése era el Demócrata. Las clases sociales pro-capitalistas (pro-industrialización) del norte también tuvieron su partido: el Republicano. Luego los papeles cambiaron un poco. El partido que defendía la esclavitud llevó a la presidencia al primer hombre negro. Antes, los republicanos habían puesto como Secretario de Estado a dos negros, un hombre y una mujer, C. Powell y C. Rice. El presidente republicano que abolió la esclavitud, Abraham Lincoln, fue asesinado y seguramente, en su momento, se culpabilizó de ese crimen al PD. Éste no ha puesto presidentes caracterizados por ser precisamente angelitos de la paz celestial. Han promovido tantas o más guerras que los republicanos; los demócratas han causado a lo largo y ancho del mundo tantas muertes como los republicanos. Y del saqueo económico a los países del tercer mundo, ni hablar, en esa materia están empatados.

No puede negarse que al pueblo de EU le ha llegado la llovizna del cambio progresista antineoliberal, originado en América del Sur desde finales de la década de los noventa, cuando un mulato ganó las elecciones en Venezuela: Hugo Rafael Chávez Frías. Así, en el cono sur, el Estado salió del ataúd para proteger a las mayorías pobres. Y la estrella antirracista brilló al máximo cuando un indio ganó la presidencia en Bolivia: Evo Morales. Desde la conquista española nunca un indio había tenido el poder político en Bolivia, ni un mulato en Venezuela. Chávez y Morales pueden darle cátedra a Obama acerca de cómo enfrentar desde el poder el racismo de los ricos.

El triunfo de Obama tiene como antecedentes, además de los tradicionalmente mencionados, a los siguientes personajes: Malcolm X, el rebelde líder negro, radical, que rechazaba su apellido de esclavo (por eso la X) y profesó la religión islámica; Cassius Clay (Mohamed Alí), el más grande entre los grandes boxeadores del mundo, quien cambió su nombre de esclavo negro por uno musulmán, se opuso a la guerra de Vietnam y fue arrestado por esa razón, echando el sistema a perder tres de los mejores años de la vida deportiva de este extraordinario atleta; Jesse Owens que ganó varias carreras de velocidad ante los ojos de A. Hitler en las Olimpíadas de Berlín; Jackie Robinson, el primer negro en jugar en las grandes ligas de béisbol, cuando los negros tenían sus propias ligas y sus compañeros no le reconocían e insultaban a pesar de realizar jugadas valiosas; Jimmy Hendrix, el rockero guitarrista genial, que migró a Inglaterra por causa del racismo; y Jesse Jackson, el reverendo protestante, anti-guerrerista, amigo de América Latina y varias veces precandidato presidencial del PD. Recordemos que en EU no se conmemora el día del asesinato del líder negro Martin Luther King Jr., sólo celebran el día de su nacimiento; pero sí se recuerda el día en que asesinaron al presidente blanco J. F. Kennedy.

Hubo gran asistencia de jóvenes en estas votaciones, lo cual no es una casualidad. La juventud estadounidense rechaza las guerras de Afganistán e Irak y muchos marcharon contra ellas; y además, esa juventud tiene temor de ir a la guerra; los jóvenes no desean ser reclutados; y saben que de seguir así, empantanados en dos lejanos países, en algún momento tendrán que instaurar el servicio militar obligatorio (a lo que se opuso M. Alí). Los jóvenes gringos no son tontos. En Nicaragua sucedió; los jóvenes y las madres nicas, después de diez años de guerra, no por casualidad promovida por EU, rechazaron la guerra y su consecuencia: el servicio militar. Saben los jóvenes gringos que esas guerras son reales, no virtuales; saben que ahí se muere; que no se trata de películas de Hollywood, ni de vídeo-juegos. Así que no creamos de que Obama generó esperanza en los jóvenes porque les presentó una bonita página web en Internet; su mensaje en contra de la guerra caló en los jóvenes porque para éstos rechazar la guerra es no ir a morir en las nevadas montañas de Afganistán, ni en los fríos y calientes desiertos de Irak. En los meses previos a la campaña electoral y durante ésta disminuyó dramáticamente el flujo de noticias desde Irak y Afganistán; el seguimiento del aumento de las bajas mortales, de los heridos y lisiados ha sido opacado por los grandes medios de comunicación masiva. Claro, en campaña no convenía. La juventud de EU quiere el retiro de las tropas invasoras de Afganistán e Irak y Obama debe ejecutar eso en los dos primeros años de su mandato.

A lo anterior, hay que añadir la crisis económica y financiera de EU que ha dejado a decenas de miles sin empleo y sin casa. Reluce la estafa que las bolsas de valores hacen a la clase media, lo cual ha sido denunciado por el cineasta Michael Moore. Hasta Obama ha propuesto en su plan la suspensión, durante 90 días, de los embargos judiciales contra los propietarios de casas. Esto nos recuerda a los gobiernos sandinistas cuando protegen a los humildes que alquilan casas y son amenazados de ser desalojados por los dueños de casas o casatenientes. La enseñanza es: el gobierno, el Estado, deben estar al lado de los pobres y débiles. Por otro lado, el desempleo ha aumentado en EU debido a los tratados de libre comercio y la globalización, porque han significado el desmantelamiento de muchas fábricas para que las transnacionales instalen sus industrias en países pobres donde no pagan impuestos y la mano de obra gana salarios de hambre, por ejemplo en Nicaragua.

Sin sufrir de la Obamamanía, señalada por Ian Buruma del Project Syndicate, debemos considerar que si Obama quiere nuevas relaciones con América Latina entonces tiene que impulsar el diálogo con Cuba, como ha prometido, para desmontar el criminal bloqueo que gobiernos del PR y del PD han mantenido contra el pueblo cubano, a pesar de las múltiples resoluciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Obama prometió cambio, entonces que promueva el diálogo y la cooperación con el bloque de países de América del Sur que poseen un gran potencial económico y financiero, reconociendo a su liderazgo de izquierda electo democráticamente. Es hora de respetar y cooperar con el ALBA. Obama prometió cambio, pues ahora cuenta con un presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel D´Escoto Brockmann, quien es consecuente con la paz mundial y un nuevo orden económico justo. Obama habló de cambio, es hora de revisar los TLC para que las disparidades entre EU y Centroamérica tengan medidas compensatorias y se busque estimular la producción y el desarrollo agro-industrial de nuestros países para disminuir la migración hacia EU.

Finalmente, Obama debe trabajar por un mundo multipolar en paz. Cambio es una palabra gastada por la derecha internacional. Sin embargo, Obama puede comenzar a re-escribir con buena letra la palabra cambio si y sólo si inicia a borrar la palabra guerra del diccionario del gobierno de EU.