Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Entre los beligerantes activistas que en 1955, desde la Universidad Nacional en León, lucharon contra la reelección del tirano Anastasio Somoza García, figuraba el joven Carlos Fonseca Amador. Somoza García había sido Presidente de Nicaragua entre 1937 y 1947, se había reelecto para el período 1950-1956 y andaba en abierta campaña para reelegirse nuevamente en 1957.

“Sucedió que en el primer trimestre de dicho año, no estudié con la debida dedicación, porque ocupaba mucho tiempo participando en la patriótica campaña que combatía la reelección del Presidente Somoza”, afirmaría Fonseca en su trabajo “Un Nicaragüense en Moscú” (Fonseca: 1981,24).

Refiriéndose a las elecciones realizadas el 2 de Febrero de 1957, en las que resultó electo Luis Somoza Debayle, juzgó que fueron “una farsa electoral más”, para ello argumentaba que el Estado de Sitio decretado el 21 de Septiembre de 1956, inmediatamente posterior al atentado contra Anastasio Somoza García ejecutado por Rigoberto López Pérez, había sido levantado hasta el día anterior, primero de febrero. “Esas son las elecciones libres que aprendió a celebrar Luis en la escuela de su padre”, sentenciaba (1981,87).

Fonseca Amador no dudó en denunciar que las elecciones de 1947 también habían sido fraudulentas y planteaba que el proclamado ganador, el Doctor Leonardo Argüello, había sido impuesto por el dictador Somoza García, criticaba duramente a la dirigencia del Partido Conservador, ya que “al sufrir el fraude, Aguado y las organizaciones que lo apoyaron, no se preocuparon por movilizar al pueblo que se sintió indignado por la imposición dictatorial” (1981,89).

Las elecciones de 1950, Fonseca las calificó como “elecciones amañadas” y destacó la valiente actitud cívica del pueblo nicaragüense “que se negó a emitir su voto…. constituye una valiosa prueba de la sabiduría del pueblo nicaragüense”(1981,90). En esta lid electoral los organismos especializados de la dictadura, contra la percepción de muchos pobladores incluyendo a Fonseca, dieron una contundente victoria al somocismo: 75.6% contra el 24.4% de la oposición (Kreennerich 1996: 6-1).

Estos procesos electorales mencionados fueron calificados por Carlos como “patrañas electorales… que no han tenido otro objetivo que afianzar la tiranía”, en el informe presentado por él y Silvio Mayorga ante la Federación de Centros Universitarios de la Universidad de Venezuela en marzo de 1960. (1981,99)
Fonseca fustigó la decisión de un grupo de conservadores que en 1963 y a pesar de la posición oficial conservadora de abstenerse de participar en los comicios presidenciales de ese año, se prestaron al juego electoral montado por el somocismo, facilitándole a “la camarilla somocista realizar con éxito la maniobra de celebrar en febrero de 1963 una farsa electoral para imponer al monigote René Schick” (1981,24). René Shick sorprendentemente accedió como figurín a la presidencia de la República con el 90% de los votos supuestamente emitidos, la oposición zancuda como la llamaría Pedro Joaquín Chamorro lograría solamente el 9.5%.

En el ruidoso proceso electoral de 1967, cuando el tercer miembro de la dinastía, Anastasio Somoza Debayle, se preparaba para asumir su primer período, compitiendo con el caudillo conservador Fernando Agüero Rocha, Fonseca reivindica al FSLN como “la única fuerza política que se opone a la nueva farsa electoral” (1981,214). Efectivamente el Partido Conservador y otros grupos opositores sin personalidad jurídica, aglutinados en la Unión Nacional Opositora (UNO), lograron desarrollar gigantescas movilizaciones contra Somoza, siendo la última de ellas reprimida salvajemente en los sucesos que se conocen como la masacre del 22 de Enero. Finalmente Somoza se elegiría y lograría nuevamente someter a la dirigencia conservadora firmando el famoso Pacto Kupia Kumi en 1971.

Producto de este Pacto fueron convocadas las elecciones de marzo de 1972 para elegir una Asamblea Constituyente que reformó la Constitución Política vigente y le abrió las puertas a Somoza para postularse a la Presidencia en 1974. Fonseca condena esta nueva pantomima y ve con simpatía que por fin la oposición legal a Somoza Debayle, mayoritariamente, encabezada por Pedro Joaquín Chamorro y el diario La Prensa, llama a los ciudadanos a abstenerse: “No hay por quién Votar”, repetirían los opositores.

¿Es posible pensar que la burla y la pantomima que significaba para el pueblo la realización de estos fraudes electorales fueran denunciadas por Carlos Fonseca por razones meramente tácticas? Dar una repuesta positiva significaría considerar a Fonseca un cínico, calificativo, totalmente contrario al lenguaje honesto, directo, crudo, sin dobleces que normalmente utilizaba.

Carlos como admirador de Sandino en el resumen titulado por el mismo Ideario Político del General Sandino, extrae de distintos escritos del mismo, su posición contra los procesos electorales que bajo la dirección de las tropas de la marinería yanquee se realizaron en Nicaragua en 1928 y 1932. Evidentemente, con esto Carlos pretende dar plena coherencia a su pensamiento antifraude electoral y presentarse como continuador de Augusto Calderón Sandino. Fonseca hace suyas de Sandino, posiciones contra el involucramiento directo de los marines en la organización y conteo de los votos: “Impediremos cualquier farsa eleccionaria que con supervigilancia extraña quiera repetirse en Nicaragua, y que no reconoceremos por ningún motivo a quien resulte electo de esa forma, así sea el más pintado y así me lo pidan de rodillas” (1985,180)
El Fundador del FSLN, imprimió con su ejemplo y rectitud cotidiana una mística que año con año fue creciendo entre un importante sector del pueblo de Nicaragua, su decisión de desafiar a la dictadura con las armas en la mano o sin ellas, la inmolación de decenas de militantes sandinistas, como Julio Buitrago y Leonel Rugama, la valentía de mujeres como Luisa Amanda Espinoza y Doris Tijerino, en los últimos años de la década de 1960, confirmaba que la única salida, el único camino posible que dejaban los Somoza era la lucha armada; el fraude electoral como parte indisoluble del modelo político impuesto por los Somoza en Nicaragua, obligaba a ese camino.

Las posiciones históricas del sandinismo, desde Sandino hasta Carlos Fonseca y aún después de su muerte en 1976, son clara y contundentemente antifraudes electorales. Por lo que cualquier reconocimiento del fraude electoral como camino tortuoso (pero necesario, según su cinismo político) para conseguir objetivos políticos, no encuentra ninguna justificación en el pensamiento de Sandino y de Carlos Fonseca. Lejos de eso, el fraude electoral es en ellos una burla al pueblo, a su sabiduría.

“Naturalmente que la Unidad no es opuesta a la existencia de un auténtico espíritu crítico en nuestras filas; por el contrario, tal espíritu de crítica constructiva le da consistencia mayor a la unidad y contribuye a su fortalecimiento y continuidad” (1981,307). Este planteamiento de Carlos Fonseca nos hace una invitación al pueblo nicaragüense y a los sandinistas en particular a ser consecuentes con su legado ético y moral. El fraude electoral siempre fue condenado por la dirigencia histórica del FSLN, siempre fue considerado como una de las reivindicaciones democráticas del sandinismo y como un legado a las futuras generaciones. El tortuoso camino del pacto sucio, la componenda, la repartición de curules y finalmente el fraude electoral, empujado por su actual liderazgo, parecieran más prácticas somocistas, que sandinistas.

* Fonseca Carlos. Bajo la Bandera del Sandinismo.( Textos Políticos) Editorial Nueva Nicaragua, 1981.

* Fonseca Carlos. Obras. Tomo 2. Viva Sandino. Editorial Nueva Nicaragua, 1985.

* En Revista de Historia No. 7. Universidad Centroamericana. 1996. Se encuentra el trabajo de Michael Krennerich, Esbozo de la historia electoral nicaragüense 1950 – 1990.