Jorge Eduardo Arellano
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Cuando era niño, los circos que llegaban a la capital me llamaban la atención, y a sus funciones íbamos con mi mamá los tres hermanos. Me gustaban los payasos, los acróbatas, los magos, los malabaristas, la música, los elefantes, los tigres, los leones y las comidas. Regularmente cada presentación contenía un tema y redondeaba un espectáculo de complacencia para los espectadores. Desde 2005, cada vez que llega un circo a Managua organizo un viaje con mis nietos, y mi diversión es mayor, pues además de apreciar el programa, me da mucho gusto salir con ellos y me alegra verlos divertirse sanamente.

Ahora, los nicaragüenses no estamos apreciando en primera fila el circo que en la actualidad está ubicado en los predios de uno de los centros comerciales elegantes de Managua, lo que estamos viendo desde nuestros hogares, lugares de trabajo, centros de estudio, el campo, etc., y sin haber pagado palco, es el Circo de 3 Pistas: el Gobierno de la República, los Partidos Políticos y la Clase Empresarial. A este circo lo llamaré el Circo de lo Absurdo.

A diferencia de los circos que nos visitan y que proporcionan un esparcimiento sano, que nos relaja al grado de reírnos a carcajadas, las 3 Pistas del Circo de lo Absurdo nos producen frustraciones, sinsabores y desencantos. Es un acontecimiento permanente en nuestra Nicaragua, y en mi caso he sido su espectador desde mi niñez, adolescencia, juventud, madurez y en la tercera edad. He observado cómo las funciones y los actos se repiten una y otra vez, unas veces con nuevos actores, y otras con los mismos. Lo que se observa en forma sistemática es la consistencia con los errores, las arbitrariedades, las injusticias, la violación de las leyes y la corrupción.

El primer Circo de lo Absurdo fue el Gobierno de la Dinastía Familiar-Militar (40-79). Luego surgió el Gobierno Revolucionario (79-89), después el de los tres Gobiernos Civiles (90-06), para finalmente ver reaparecer al Revolucionario (07-a la fecha). Varios actos han caracterizado estos 6 gobiernos: 1. No han comprendido que, como mandatarios, deben cumplir un mandato de los ciudadanos que los eligieron, ellos están para servir a la ciudadanía y no para servirse de ésta. 2. Han usado el erario para intereses partidarios y personales. 3. Han sostenido posturas soberbias para mantener superposiciones que sólo favorecen a los gobernantes y no a los gobernados. 4. Con distinta intensidad y separados por períodos cortos, han violado los derechos humanos y cometido fraudes electorales. 5. Han llevado al país a la miseria marginal, y a la salud y la educación a niveles extremos de decadencia. El apetito por adueñarse, sin pagar los costos, de bienes lucrativos-rentables, bien ubicados y estratégicos, es un hábito que los iguala.

El maestro de ceremonia y los dirigentes del Circo de lo Absurdo, han sido los Jefes de Estado, sus Ministros, los Jefes de entidades públicas, los Magistrados de las Cortes, los líderes políticos y empresariales. A diferencia de los animales del circo, que de salvajes pasan a ser domesticados para la diversión de los asistentes, los dirigentes y líderes tienen mutaciones contrarias: de racionales pasan a irracionales, de humanos a practicar el canibalismo dentro y fuera de sus camarillas. Se trazan una meta, donde impera la ley de la selva, se protegen y agreden en forma salvaje, para lograr sus objetivos destruyen todo lo que se les presenta en el camino incluyendo a sus familiares y miembros de su propio partido.

Hace algunos meses, en un programa de televisión, un buen amigo, refiriéndose a los miembros de la Asamblea, comentó que no entendía por qué llamarlos padres de la patria, ellos les hacen tanto daño al país, que mejor llamarlos padrastros de la patria. En la época de la dinastía familiar el Congreso era llamado “La Chanchera”. Veinte y nueve años después, los privilegios y prebendas, tráfico de influencias y manejo político, son actos del mismo circo, lo que se ha modificado es la constitución de los propietarios. ¿Qué credibilidad puede existir en los diputados? Si en adición de su sueldo no pagan Impuesto sobre la Renta, tienen libre introducción de vehículos y licores, asignaciones de combustibles, reciben del presupuesto de la nación cerca de C$500.0 mil córdobas anuales para uso discrecional, etc.

Es probable que algunos de los mandos superiores, un buen número de mandos intermedios y una gran mayoría del resto de empleados al servicio del público sean personas honestas, trabajadoras y responsables. Sin embargo, el resto de ellos, en particular, los del nivel superior, imitan regularmente al líder, que a su vez es un mago, y cuya premisa es que debe enriquecerse, porque si no lo hace es un tonto. Siempre se va a aprovechar de su cargo para sacarle ventaja, exprimir y sacar siempre al máximo, a pesar de la escasez de los recursos. Sus estilos de vida son comparados con los estándares de las personas adineradas de países con economías poderosas. Al fin de cuentas, son verdaderos magos, considerando la incongruencia entre los sueldos que perciben versus sus propiedades (ciudad, playa y campo), vehículos de lujos, lanchas, motocicletas, viajes a diferentes destinos del mundo, educación de sus hijos en universidades en el exterior, etc. Lo que más incomoda de esta opulencia es el contraste con la miseria en que vive más de la mitad de la población.

Los círculos del Circo de lo Absurdo, además de ser fuente de poder, han sido manantiales de grandes riquezas. En los últimos 40 años, han surgido capitales sólidos en manos de individuos y empresas que al día de hoy no podrían demostrar la legitimidad del origen de esos dineros. Cuando se trata de dinero, las 3 Pistas del Circo de lo Absurdo, pareciera que se fusionaran en una sola y operan acordes, como el mejor de los coros. Algo similar sucede con las ideologías y estilos de gobierno, donde todos forman parte del mismo coro interpretando la misma sonata: civiles y militares, derecha, centro e izquierda, dictadores militares y dictadores civiles. Atención: el coro se mantiene operando melódicamente, hasta que se genere el siguiente acto de canibalismo.

La clase política se encuentra desprestigiada y es poco creíble. Los actos de circo que la caracterizan son su acomodaticio comportamiento. Son especialistas en pertenecer a un partido y poder militar en el de la oposición sin ningún reparo, haciendo con gran destreza la función de trapecistas. Las luchas internas y las divisiones han perjudicado la consolidación de los partidos, la existencia de una oposición sólida y madura, con proyecciones constructivas. Desde la época del primer Circo de lo Absurdo, se han dado los pactos entre las cúpulas de los partidos políticos, componendas a espaldas de los ciudadanos, beneficiando únicamente a los líderes.

Desde joven, escuchaba que los pocos grandes capitales de aquella época siempre apuntaban al ganador en la política. Bajo el ardid de declararse apolíticos, estos capitales contribuían a las campañas de los dos partidos políticos tradicionales, granjeándose la simpatía del ganador y del perdedor. En la época de las revueltas políticas, por un lado financiaron a los revolucionarios y por otro favorecían a la dictadura y eran abanderados del anticomunismo. Hoy, los empresarios continúan con prácticas similares, con un poco más de sofisticación a través de sus asociaciones gremiales, pero igualmente se manejan en forma individual y como empresas. Dado el capital que ellos representan y la fuerza laboral bajo sus paraguas, los empresarios tienen a cargo una de las pistas más relevantes del Circo de lo Absurdo. Si se dice que los gobiernos han sido endémicamente corruptos, para hacer un negocio se requiere de una contraparte, y éste ha sido un segmento importante de la clase empresarial. La colusión perversa Estado-empresa privada, data de antaño. La situación es de mayor complejidad, dado el nacimiento de una nueva clase empresarial (1990), de la que se desconoce la legitimidad del origen de esos capitales y existe un área gris entre los dueños de los activos (individuos, funcionarios y ex funcionarios de gobiernos, partidos, y entidades del Estado).

Siempre he sido del grupo de espectadores del Circo de lo Absurdo, salvo por un período de un poco más de dos años (1979-1982), donde me incorporé a la Pista 1, la del gobierno. Ésta ha sido una de mis mejores experiencias de trabajo, sin embargo después de poco tiempo me frustré y me sentí obligado a renunciar. Creí, y sigo creyendo, en la justicia social, la equidad, la solidaridad con la gente y el respeto a los derechos de las personas. Dejé de creer en los líderes de la Revolución por la forma en que implantaron la misma. En mi opinión, el proyecto fue un fracaso. Me frustré, al observar el servilismo desmedido hacia los líderes; al ver la habilidad para destruir a las personas (técnicos excelentes); por la tendencia a hundir proyectos buenos y desmantelar bienes productivos; al identificar acciones que estaban contra mis valores éticos y principios morales; y, por la sumisión hacia los líderes, de parte de jóvenes profesionales, que deseaban ganar credibilidad mediante la reverencia y el sometimiento.

Otra forma de ver el Circo de lo Absurdo de 3 Pistas, es el Circo Romano, que a través de carreras, espectáculos y representaciones era una de las arenas para divertir al pueblo. En aquella época, era uno de los pocos momentos en que los emperadores y sus seguidores más cercanos asistían (en lugares bien separados) con la población (que llamaban la plebe). El trasfondo de los actos circenses era que la plebe olvidara sus problemas económicos y sociales, proporcionándole espectáculos y ofreciéndole banquetes. Pan y circo para el pueblo. Si observamos el comportamiento de los actores del Circo de lo Absurdo, ellos, período tras período de gobierno, han venido repitiendo el Circo Romano. Más aún, han refinado sus prácticas, como la de los nuevos gladiadores, como son las luchas fraticidas entre los ciudadanos y dentro los actores de las 3 Pistas y los cristianos lanzados a la arena para ser comidos por los leones, acto que se asemeja al desamparo de los derechos de la población y al fomento de la miseria.

Hay dos actos de magia que han sido las mayores ofensas perpetradas contra el pueblo de Nicaragua por los dirigentes del Circo de lo Absurdo. El primero es creer que la gente no piensa, que se le puede engañar; como producto, el nicaragüense ha perdido la esperanza en los líderes, hay una desconfianza plena en los gobernantes y la clase política. El segundo es la creencia equivocada de que se puede silenciar la conciencia de la población. Se han usado las amenazas, el acoso, la represión, pero han tenido efectos parciales. A pesar del abuso sistemático recibido, la gente sigue siendo trabajadora, noble, hospitalaria y amigable, se mantiene en pie de lucha, el pueblo sigue reclamando sus derechos.