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En el penúltimo programa del año recién pasado de Mesa Redonda –29/12/08—, espacio cotidiano de comentarios nacionales y mundiales de Cubavisión Internacional, el licenciado Orlando Oramas León, Sudirector del diario Granma, se ocupó de comentar las elecciones municipales del 9 de noviembre de 2008 en nuestro país.

Pensé que el periodista Oramas León comentaría sobre la base de la variada información que sobre esas elecciones se ha difundido en y desde Nicaragua. También en la embajada de su país en el nuestro --como en todas las representaciones diplomáticas-- se conoce lo que aquí ocurre desde antes, durante y después de esas elecciones. Pero Oramas León desestimó otras versiones. Se quedó con la versión del gobierno, el cual, para defenderse, insiste en que la acusación de fraude que se le hace desde la oposición es parte del proyecto desestabilizador del imperialismo.

Su comentario fue todo lo estrecho y lineal que ha sido la versión del orteguismo: que fueron elecciones libres, sólo mal vistas por el imperialismo, secundado por la oposición de la derecha (así, sin matices, única oposición) como parte de una conspiración para desestabilizar al gobierno “revolucionario”.

Quienes en el exterior defienden al gobierno orteguista, también echan a un lado la información respecto al descrédito del Consejo Supremo Electoral, el cual ni siquiera es unánime en su fallo, pues el magistrado Luis Benavides no lo firmó y él sigue revelando la forma en que se desarrolló el fraude. Por si las dudas: Benavides es magistrado del CSE, gracias al pacto de la alianza Ortega-Alemán.

Tener afinidad política con determinado gobierno es un derecho incuestionable de un periodista. Lo cuestionable es no tener la objetividad de examinar todas las versiones posibles al momento de hacer un comentario. Eso era importante, porque las versiones desestimadas no son simplemente acusatorias del fraude electoral, sino que contienen pruebas documentadas, en textos y en gráficas, las cuales aún siguen saliendo en nuestra prensa. Claro, no toda es prensa de izquierda, pero esa no es razón para creer de forma maniquea, que una versión es buena cuando es oficial y la otra es mala cuando no lo es, o viceversa.

En los diarios nicaragüenses --también en sus ediciones digitales-- abundan las pruebas del fraude, informadas con sus propias tendencias políticas, pero sus datos son contundentes sobre el fraude y dejan sin defensa al gobierno de Ortega o al menos con una defensa expuesta tal cual: una completa falsedad, sólo apoyada en el discurso ideológico.

En las ediciones de fin de año de la prensa de derecha independiente del gobierno (porque en la prensa oficialista abundan rasgos derechistas) y la independiente con tendencia de izquierda, se resumen las pruebas de las elecciones fraudulentas más escandalosas jamás vistas en Nicaragua después de la dictadura de los Somoza. En estas elecciones, hubo demasiados métodos y “estilos” copiados del aquel régimen.

El periodismo internacional --no importa su inclinación político-ideológica--, no carece de información nicaragüense para hacer un buen análisis, desde luego que sin la obligación de darle todo el crédito, pero sin el derecho de negárselo, por el hecho de que los medios nicaragüenses no son “sandinistas” ni “antiimperialistas” ni “revolucionarios”… según la medida de los líderes del orteguismo.

El comentario en referencia --que no es ni será el único en el exterior--, me provocó un particular interés. Y me hizo meditar: desconcierta un poco escuchar o leer a periodistas de países amigos, haciendo comentarios que no corresponden cabalmente a la realidad del nuestro. El hecho de ser periodista amigo de nuestro país, no le obliga a solidarizarse con los puntos de vista de su gobierno, porque se supone que también es amigo de su pueblo, cuyos intereses no siempre ni en todo caso coinciden. En nuestro país, ahora, esos intereses no coinciden.

Por ética profesional, un periodista está obligado a ser objetivo en todo lo posible, utilizando varias fuentes. En sentido opuesto, se parece al vicio de los periodistas de los medios de comunicación capitalistas cuando informan o comentan sobre los países revolucionarios.

Reconozco que para muchos periodistas es una situación en la cual no es fácil ofrecer puntos de vista satisfactorios para todo el mundo. Por ello, me animo a cometer la ingenuidad de creer que contribuiría a que los periodistas de países amigos sean más objetivos si meditaran sobre los siguientes casos de nuestro país:
Uno. El hecho de que Nicaragua pertenezca a la Alternativa Bolivariana de las Américas (Alba), ¿libera de la crítica al gobierno de Daniel Ortega, cuando comete abusos de poder? Ser miembro del Alba, echar discursos “revolucionarios” y defender la unidad latinoamericana, ¿vuelve inmune e impune a Ortega, aunque cometa ilícitos contra la Constitución y los derechos de los nicaragüenses?
Dos. El imperialismo norteamericano sigue siendo el principal enemigo de la revolución nicaragüense. Pero no es cierto que la revolución nicaragüense siga siendo la misma con Daniel Ortega. (Aclaro, tampoco esto justifica ninguna agresión imperialista). Este criterio nadie está obligado a compartirlo –fuera o dentro de Nicaragua—, pero para el periodista es una obligación investigarlo para ver si corresponde o no a la realidad. Vale la pena hacerlo, porque el fraude electoral aquí, no es una idea subjetiva, sino emanada y concordante con hechos reales.

Tres. Ser revolucionario, hablar y hacer cosas en nombre del pueblo, ¿autoriza a violar los derechos políticos y humanos de otros sectores del pueblo nicaragüense?
Cuatro. El CSE hizo el fraude, porque sabía, y lo confirmó, que la mayoría no votaría por los candidatos del orteguismo. Cuando en 2006 ganó Ortega, no hubo acusación de fraude, porque el orteguismo sólo controlaba una parte del CSE y porque no hubo evidencias graves, y pese al regalo del mínimo porcentaje electoral que le dio el pacto con Alemán (38%).

Cinco. La defensa del proyecto político grupal, personal y familiar de Daniel Ortega, es algo lógico, pero no es lícito ni ético haberlo hecho, lanzando a sus partidarios con piedras y garrotes contra sus adversarios para evitar hicieran campaña durante un proceso electoral que se suponía debía ser normal y transparente. El orteguismo hizo aún más para condicionar el fraude que perpetró el 9 de noviembre de 2008. Ya dije, de eso hay pruebas documentales.

Seis. Bienvenidos a la lucha de los pueblos que han sido quienes proceden desde su fe cristiana y han pasado a ser reconocidos como líderes por sus pueblos, hasta hacerlos acceder al poder político (caso del presidente paraguayo, Fernando Lugo). Caso opuesto es el de Daniel Ortega y su segunda al mando, quienes pasaron por progresistas, revolucionarios y laicos, pero ya en poder la segunda vez se disputan con la jerarquía la promoción de la fe católica, de otras actividades religiosas y de leyes reaccionarias con argumentos clericales, para manipular las creencias del pueblo con fines de control político.

Siete. Si todo el actuar personal y político del presidente Ortega es un fraude, ¿por qué no investigar cómo estos hechos se reflejan en el fraude electoral?

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