Jorge Eduardo Arellano
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El artículo de Rodolfo Pérez García, “De la utopía nazi a la Revolución Bolivariana” merece una respuesta y una muy severa, sin ánimo de ofender personalmente.

La interpretación del fascismo del señor Pérez García es deficiente y superficial. Su comparación con el proceso bolivariano es simplemente una salvajada intelectual y moral. El señor Pérez a todas luces no tiene idea sobre qué era realmente el nazismo. Esto es imperdonable, porque esta proyección del fascismo alemán sólo sirve para embellecer y empequeñecer al peligro monstruoso de este fenómeno.

El artículo contiene algunas falsedades --algo arbitrarias-- las cuales merecen corrección:
1. Hitler en efecto fue sólo soldado en la Primera Guerra Mundial de clase de primer grado del servicio obligatorio. Era además nada más que una miserable oreja de las autoridades.


La alta generalidad (militar) alemana siempre le ha menospreciado por esta falta de sangre azul, y por la falta de carrera y por su olor rancio a pequeño burgués y lumpen. En ningún momento se le puede comparar con Hugo Chávez, quien realmente es un militar de carrera.

2. Quien realmente desarrolló la estrategia de la psicología de las masas era Joseph Goebbels, más tarde ministro imperial de Propaganda. De allí sale la famosa Gleichschaltung (Igualización, nivelación) de los medios de comunicación y todo el andamiaje propagandístico manipulador, lo cual después heredó sin fisura la CIA y lo siguió desarrollando bajo el nombre de psi-war, psicología de guerra. Aquí se aplicó en Nicaragua en los años ochenta contra la Revolución Popular Sandinista. En Venezuela la mayor parte de los medios está en manos de la derecha antichavista. ¡Por favor, señor Pérez!
3. En ningún momento debilitó Hitler a los comunistas, quien más bien salieron bien parados en las últimas elecciones libres que hubo. Llegó al gobierno con un truco ilegal en el Reichstag (Parlamento imperial), con la ayuda de su mano derecha Herman Göring, quien en este momento ocupó el cargo del presidente del Reichstag, y con la complicidad lenitiva de otros políticos. La debilidad de la izquierda, deplorablemente, se debía a la división de la clase obrera sobre todo por un curso absolutamente oportunista y traicionero de la socialdemocracia. Los errores de los comunistas provocados por esta actitud, los corrigieron rigurosamente en 1932.


Tampoco Stalin se dejó engañar. Parece que el señor Pérez no ha investigado nada en absoluto. Todas las expresiones documentadas de Stalin señalan claramente, que no se hacía ninguna clase de ilusión con el monstruo fascista. Sin embargo, la oferta permanente que hizo a los poderes de Occidente para frenar el peligro fascista fue permanentemente rechazada. Ellos más bien mimaron a la bestia parda para lanzarla contra el pueblo soviético. Así logró la Unión Soviética el así llamado pacto de acero con Hitler, que era nada más que un pacto de no-agresión. Esto le dio el tiempo para preparar la defensa de la Unión Soviética, la cual estaba muy atrasada.

4. Hitler consiguió su nombramiento con la firma dudosa del presidente imperial (Reichs-president) Hindenburg, quien desdeñaba a Hitler como plebeyo y quien yacía moribundo. Hay serias dudas si Hindenburg tenía plena capacidad mental en este momento o si incluso estaba vivo cuando su hijo, quien favoreció a los nazis, le conducía la mano lacia e inerte con la pluma para firmar. Era realmente vilipendiar a un cadáver por lo que la legitimidad del entonces canciller imperial (Reichskanzler) queda en duda.

5. Qué tan injusto, como dice el Señor Pérez, era el tratado de Versaille es discutible. La elite imperial alemana, durante la primera guerra mundial, tenía exigencias megalómanas para un tratado de paz, con ribetes a la demencia. La guerra fue planificada, preparada por años y provocada por la elite imperial, el Kaiser y su alta generalidad y por toda esta casta insaciable de feudales y burgueses acaudalados, a quienes les apetecía el dominio sobre el mundo entero, literalmente.

Quien perdonó generosamente su parte de los pagos de reparación de este tratado de Versaille a Alemania, fue la Unión Soviética, bajo la égida de Lenin.

6. Es un invento que la mayoría de los líderes nazis hayan salido de las filas comunistas. Sin embargo, los fascistas utilizaron símbolos de la izquierda y hasta sus canciones con textos propios. Con tocino se capta ratones. Por algo la bandera era roja con la swástica en el centro. Se llamaban Nacional –Socialistas. Los “Genossen” (camaradas) de los socialdemócratas y de los comunistas convirtieron en “Volks – Genossen” (Volk – pueblo). La demagogia social era y es una característica primordial del fascismo. La burguesía había aprendido del susto de las revoluciones en el año 1918, que, aritméticamente hablando, ellos eran muy pocos y las masas obreras numerosas. Ya se había perdido – sobre todo por la guerra recién pasada - la docilidad de estas masas populares y se necesitaba un poco más que la simple represión militar y la arrogancia de la clase feudal-burguesa. Por lo tanto tenían que crear su propio movimiento de masas, lo cual sobre todo se nutría de la pequeña burguesía y del lumpen proletariado. Los representantes de la elite nazi como se pudo ver en sus diputados eran todos feudales (Junkers) y representantes del capital.

7. La clase media no había desaparecido. No sé de dónde saca esto el señor Pérez. Mas bien una buena parte de esta clase media engrosaba la masa del fascismo.

8. El ejército alemán nunca dejó de existir. Se le conoce en este tiempo como “die Schwarze reichswehr” (el ejército negro imperial. “Negro” en el sentido como mercado “negro”.) Esta formación sola mantenía algunos 100,000 efectivos. Además se mantuvieron siempre toda clase de formaciones paramilitares reaccionarias como el “Stahlhelm” (Casco de acero) los “Freicorps” (Cuerpo franco Frei) en el sentido como el cuerpo de bombero, por ejemplo y otros.

9. Sobre los beneficios económicos de los nazis, durante su gobierno antes del estallido de la Segunda Guerra, y los cuales menciona el Señor Pérez, siempre se ha mantenido un mito exagerado. No era para tanto. Muchos programas, como las autopistas (Autobahn) se habían empezado antes de que los nazis llegaran al gobierno. El desempleo no despareció totalmente. Profundizar más reventaría el espacio de este artículo. Sobre todo no se puede comparar estos “avances” con las inversiones de Chávez, quien invierte en salud, vivienda, educación, etc. No es armamentista como lo eran los nazis.

10. Y ahora llegamos al meollo de todo el cambalache pereziano. Nunca Hitler atacó a los ricos. Él era más bien su perro y ellos le habían puesto allí. Esto le diferencia fundamentalmente de Chávez, quien tiene la burguesía y el capital en su contra.


Tal vez el único que una vez ha presentado un análisis cerrado y coherente del fascismo fue Jorgi Dimitrov, quien afirmaba que el fascismo es la forma de gobernar de la parte más reaccionaria del capital financiero. Y esto lo era en efecto. El más tarde presidente de Bulgaria fue acusado por los nazis por el incendio del Rechstag (fechoría de su propia estirpe). Se defendió victoriosamente sólo, sin abogado, aprendiendo alemán en la cárcel con las manos esposadas.


Era el Club Industrial De Düsseldorf (todavía existe, vivito y coleando), quien escogió en una sesión entre varios candidatos al clase de primera Adolf Hitler y precisamente para los fines, que señala Dimitrov:
* Capear el bulto de las secuelas de la crisis económica a la clase obrera y al pueblo en general.

* Mantener reprimida a la clase obrera y sofocar cualquier insurrección.

* Preparar la guerra para una nueva repartición del mundo y ejecutarla.

Con este fin destinaban, por ejemplo, los “Kohlebarone” (Barones carboneros) un Pfennig (centavo de un marco) por tonelada al partido nazi, el cual estaba casi en bancarrota antes de su unción por el gran Capital. Carbón en aquellos tiempos era lo que hoy es el petróleo. ¿Se imagina la cantidad de dinero que recibían los fascistas?
Era el gran capital, que se ganaba miles de millones de marcos por el trabajo forzado de los presos de los campos de concentración. De la carne de los ejecutados se hicieron jabón, del pelo almohadas y sabanas. Se les arrancaba el oro, que tenían los masacrados en la boca, de su piel se hizo tapizado de lámparas. Los magnates recibieron los botines de los países conquistados y las inmensas fortunas confiscadas, los cuales más tarde, como si no fuera con ellos, podían levantar “su” república federal. Usted, Señor Pérez, quien cree quien hizo riqueza con esto. ¿Juan Frijoles?
No hay duda que una gran parte del pueblo alemán se dejó engañar y emborrachar por la elite capitalista a través de su acólito Hitler. El trabajo verdadero lo hicieron otros más inteligentes que él, pero igual de maquiavélicos. Sin embargo, todo esto no era nada más que el plan de la elite en complicidad con los poderes occidentales. (Remito a mi artículo “La otra historia” en EL NUEVO DIARIO.)
Sin embargo, Chávez no es de izquierda, mucho menos de la “ortodoxa”. Chávez renunció expresamente al marxismo-leninismo y negó igualmente el papel de motor histórico de la clase obrera. Con tal: nada tiene que ver con la izquierda. Personalmente le considero un pequeño-burgués valiente y bien intencionado, pero vacilante e ideológicamente limitado. Sin embargo, no hay razón alguna para discriminarle en la lucha contra la expoliación indiscriminada de la elite venezolana.

Quiero aprovechar este espacio para advertir que es sumamente contraproducente de comparar a cualquiera que tiene ribetes negativos en la política con Adolf Hitler. Esto sólo minimiza el fenómeno de Hitler, porque el Tercer Reich era mucho más que solo una dictadura. Era una maldad mucho más profunda, de la cual es difícil hacerse una idea. Minimizar el peligro por igualarlo a cualquier cosa es ayudarle. Y como dijo el poeta alemán Berthold Brecht después de la derrota del fascismo:
El vientre es fecundo todavía, del cual reptó esto (el fascismo).