Jorge Eduardo Arellano
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I
Ninguna radioemisora ha gozado de tanto prestigio en Nicaragua, como el que alcanzó la Mundial durante sus primeros 25 años de existencia. Su permanencia en el corazón de varias generaciones de radioescuchas testimonia la manera en que capturó su imaginación, conformó sus gustos, orientó sus pasos y la intensidad con que cautivó sus emociones. Sus antenas saturaban el aire con los dulces efluvios de sus radionovelas. Las audiencias eran seducidas por el mejor cuadro dramático que ha existido a todo lo largo de la historia de la radiodifusión nicaragüense. Con una versatilidad asombrosa, ponía en escena con una facilidad inusitada, El derecho de nacer o Cárcel de mujeres, Los tres Villalobos o Kadir el Árabe, Collar de lágrimas o Cándido Suave y Robustiana Roncafuerte. Nunca como entonces un cuadro dramático brilló con la intensidad del sol.

La Mundial persiste en el tiempo, es una voz que no se apaga. Embrujó a sus escuchas y embelesó a quienes la convirtieron en un referente histórico nacional. A la Mundial los actores, actrices y periodistas, llegaban a mostrar sus dotes estupendos y en busca de fama. Una vez conquistada, salían de sus estudios a conquistar otros espacios. La permanencia en la Mundial se convertía en una escuela de altos estudios radiofónicos. Entrar a la Mundial equivalía a obtener un certificado que habilitaba a caminar con paso firme por el mundo encantado de la radio. La consagración se obtenía encarnando los papeles estelares en sus radionovelas más apasionadas y deslumbrantes. Los aplausos de las audiencias rebotaban en sus instalaciones dándoles el aprobado. Una retroalimentación que enorgullecía a actrices y actores. Manuel Arana siempre tuvo un olfato especial. Su más grande conquista fue haber nombrado como Director del Cuadro Dramático a Julio César Sandoval.

La historia de una radio sintetiza a la vez, la historia de quienes la encumbraron al estrellato. Una radio no sólo son sus aparatos, tampoco se reduce a su potencia. Los resultados finales, los únicos que cuentan, se deben a una simbiosis perfecta de mujeres-hombres-técnica-sonidos. La Mundial condimentó los afectos, supo conjugar el talento excepcional de sus artistas con la tecnología requerida para irradiar sus ondas por todo el territorio nacional. Contaba con una audiencia cautiva porque sabía cautivar sus emociones. La radio posee los atributos de sugerir, incitar, provocar y estimular la imaginación. Sus dirigentes sabían que todo escucha, como todo lector, imagina. Nada llega masticado. El padre del psicoanálisis, el austriaco Sigmund Freud, entusiasmado expresa que todo su sistema catártico se basa en la magia de las palabras. Las palabras hieren, denigran o sanan. Las sonoridades del habla se deben a las magistrales modulaciones de quienes las pronuncian. Tener o no tener voz. Esa es la cuestión. José Dibb McConell recitaba el estribillo a todos los recién llegados.

Los poetas se quejan de que tratar de atrapar la realidad con las palabras equivale a empequeñecerla o a ensombrecerla. Pero el mundo sólo adquiere sentido cuando empieza a ser nombrado. El poeta español León Felipe reconoce que no sabría expresar qué dijo el primer filósofo, pero sí recuerda lo que dijo el primer poeta: ¡Ay! En el principio fue el verbo, nada más que en forma de onomatopeya. En el universo del canadiense Marshall McLuhan, la radio es un medio caliente, no así la televisión. La oralidad de la radio empalma con el origen de las palabras. Primero fue el lenguaje dicho, hasta después llegó la palabra escrita. Para agarrar la metáfora literaria, la imaginación vuela. La imagen visual nos viene dada. En eso radica el valor de las palabras dichas. Las actrices y actores de la Mundial hacían cabriolas con sus voces. La imaginación prende y agarra fuego. Eso hacían en la Mundial mañana, tarde y noche, actores y actrices, para imprimirle su sello inconfundible a sus radionovelas. La voz varonil de Rodolfo Villalobos impactaba a las mujeres, y el tartamudeo de Cándido Suave provocaba carcajadas ante el miedo que tenía a su mujer, por andar de díscolo incorregible.


II

La Mundial es una radio para siempre, no porque sus estudios todavía permanezcan en pie, como expresión de la terquedad con que ha asumido su dirección Alma Rosa Arana Hartig. Continúa viva en la memoria de sus oyentes y se proyecta en el tiempo como una fragua encendida, debido a que supo reproducirse a través de quienes partieron de sus estudios a fundar sus propias radioemisoras. Los que llegaron a la Mundial se quedaron haciendo radio para siempre. La lista es larga y fascinante. Dos de los principales artífices de Radio Corporación, Fabio Gadea Mantilla y José Castillo Osejo, salieron de la Mundial. Fernando Calderón Villanueva, Donald Schiffmann, Hugo Hernández Oviedo, Chuno Blandón, Allan Téfel Alba, Agustín Fuentes y Francisco Rodríguez, picados por la influencia recibida, fundaron sus radios. Con hidalguía expresan que se sienten identificados con la Mundial, la radio a la que un día llegaron y de donde salieron triunfantes.

Los periodistas de renombre Danilo Aguirre Solís, Manuel Espinoza Enríquez, Rolando Avendaña Sandino, Rodolfo Tapia Molina, Eduardo Alvir, William Ramírez Solórzano, Xavier Reyes Alba, Joaquín Absalón Pastora, crecieron bajo el espacioso alero de la Mundial, una radioemisora que supo abrir sus puertas a todas las corrientes políticas e ideológicas, en un momento en que sólo había espacio para liberales y conservadores. Así ha sido hasta ahora la historia de la libertad de expresión en Nicaragua. Un bipartidismo de nuevo cuño planta de nuevo sus pies en el horizonte.

Artistas como Carlos Mejía Godoy, Otto de la Rocha, Perla Blandón, Marina Cárdenas y Evelyn Martínez, dieron sus primeros pasos sobre los entarimados de la Mundial. La permanencia y trascendencia de la Mundial se aquilata mejor mediante el recuento vertido por dueños de medios, artistas, periodistas y cantautores, que elevan sus voces afirmando jubilosos que recibieron sus aguas bautismales en la Catedral de la Radiodifusión Nicaragüense. Una radio como pocas en la historia contemporánea de la radiodifusión nicaragüense.

La vida de un país siempre ha sido contada a su modo y manera, por medios y periodistas. Ésta nunca será una historia completa si en el balance definitivo no se incluyen los aspectos que contribuyeron a forjar sus afectos, dudas, incertidumbres y gustos. Los medios relatan en sus distintas narrativas, ya sea en forma oral, escrita o visual, el discurrir cotidiano de nuestras vidas. La vierten a través de sus propias dinámicas discursivas. Su ascendiente y relevancia se multiplican, cuando gozan del prestigio que proviene de la respetabilidad alcanzada por sus distintos artífices. Su mayor aspiración radica en convertirse en referente de la historia de un país. Aun con la volatilidad de toda radio, la Mundial constituye un manantial para refrescar la memoria de los nicaragüenses a través de los testimonios vertidos por sus artífices en diferentes épocas de su vasta trayectoria.

Un noticiero se convierte en un referente obligado por la ética practicada por quienes lo hacen y dirigen. Radio Informaciones, nacido en las entrañas de la Mundial en 1957, debe su prestigio a la manera en que Rodolfo Tapia Molina aborda los hechos informativos cotidianos. El relanzamiento del noticiero Extra, en la Radio 580, hecho por William Ramírez, el primero de noviembre de 1999, estaba soportado por la reputación adquirida en la Mundial, cuando era dirigido por Manuel Espinoza Enríquez y Rolando Avendaña Sandino. Ambos salieron después de la Mundial a fundar Extra Visión en Canal 2 y Extra Económica. Una actitud rectilínea frente a los desmanes somocistas los realzó para siempre. Son esos ires y venires de quienes cosecharon aplausos en la Mundial, los que colocan a esta radioemisora en el pináculo.

En un país donde el martirologio sedimenta las preferencias políticas, la manera en que las turbas somocistas se ensañaron con Manuel Arana Valle, Julio César Sandoval y la destrucción parcial de la emisora a manos de la Nicolasa Sevilla y Eugenio Solórzano, y las escandalosas multas impuestas por la Jefatura de Radio y Televisión, fueron interpretadas por la inmensa mayoría de los nicaragüenses como prueba irrefutable de su compromiso con un pueblo que peleaba y demandaba por salir de los Somoza. Sus noticieros constituían un reclamo permanente. Las distintas filiaciones políticas de los directores de sus noticieros constituyen un recordatorio permanente para quienes aspiran a escuchar una sola voz: la del gobernante de turno. Manuel Arana Valle se distinguió por permitir que desde la Mundial una pluralidad de voces tiñera el espectro político nacional.

En esa conjunción de arte y periodismo se encuentran las causas reales de la permanencia de la Mundial en el imaginario nacional. Abuelos, hijos y hermanos cuentan a sus hijos que a mediados del siglo pasado se fundó una emisora en la capital que los hacía suspirar, reír y llorar. Una radio que vivía su propio drama todos los días, igual a lo que acontecía en cada una de sus radionovelas. Una radio conocida con el nombre de la Mundial, que permanecerá en su memoria, por los siglos de los siglos. ¡La Mundial es una radio que se enganchó para siempre en la historia!