Jorge Eduardo Arellano
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Cuando la organización política y social entra en crisis junto a un sistema democrático inveterado, es necesario un personaje tan poderoso como el Leviatán de Hobbes para someter a todos los hombres a la fuerza irrestricta del Estado, anulando sin remedio sus derechos individuales para que no sigan peleándose y compitiendo siempre por las mismas cosas, y regresándolos a su estado natural para conseguir la paz y lograr la supervivencia. Esta sería la salida más práctica de nuestro líder quien se encuentra en un atolladero económico, déficit presupuestario, recorte de cooperación internacional o autobloqueo provocado por sus políticas deliberadas y decisiones inconsultas de aprendiz dictatorial a la que dan pábulo los partidos de oposición y que puede desencadenar un estallido social de grandes proporciones.

La palabra “Leviatán” aparece en el libro de Isaías 27:1: Aquel día Yahvé castigará con su espada firme, grande y pesada a la serpiente Leviatán, que siempre sale huyendo; a Leviatán, que es una serpiente astuta, y matará al dragón del mar. Salmo 74, 14: Rompiste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las tortugas de mar. Salmo 74:14 y 104:26: por ahí circulan los navíos y Leviatán ¿qué hiciste para entretenerte? Job 40:25 Y a Leviatán, ¿lo pescas acaso tú con anzuelo, y con una cuerda lo sujetas de la lengua?
Pero este bíblico personaje que sirvió de símbolo al filósofo para expresar una forma de gobierno, no era invencible. “La destrucción de Leviatán”, un grabado hecho en 1865 por Gustave Doré, representa a Dios destruyendo al monstruo legendario. El dilema es que nuestro presidente actúa como el monstruo, pero se cree un dios.

La personalidad extraordinaria de nuestro líder se explica en sus acostumbrados delirios de poder y grandeza, endiosamiento entronizado e infalibilidad pontificia. Recordemos que nunca asumió su rol como diputado, para no ofender su estatus de ex presidente, lo que personificó en su cargo vitalicio de Secretario General del Partido, que ejerció con mucho dinamismo y energía, viajando fuera del país para representar al FSLN opositor, desenvolviéndose en círculos y conferencias de prensa propias de un mandatario en su ¡elevada muestra de liderazgo pueril autosuficiente! Y ese carácter divino, mesiánico y profético se ha proyectado en todos sus actos y hazañas de ser paranoico misántropo enclaustrado en sus iluminaciones.

Hoy es un hecho histórico que este Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional ha superado al anterior periodo neoliberal en cuanto a la misma crisis política-económica- social, los mismos síntomas de corrupción y colapso institucional, los mismos despilfarros, abusos de poder… errores y exabruptos de siempre, tanto que, históricamente hemos retrocedido al siglo antepasado de timbucos y calandracas, reyertas intestinas, subdesarrollo y ultraconservadurismo inverosímil.

Futuros estudios encontrarán una explicación a la decadencia repentina del actual gobernante, en su auténtica impopularidad. La aparente humildad de su camisa blanca es tan falaz como su casa particular convertida en presidencia infranqueable que oculta al mandatario más doble y palaciego de toda Latinoamérica. El mismo Arnoldo Alemán atendía al menos dos veces a la semana una recua interminable de gente pobre para escuchar, o al menos tener en cuenta las necesidades y peticiones del pueblo, ardua habilidad sobre la que fundó eficazmente su afianzamiento político. Y Bolaños, aún en su senilidad, nunca necesitó más seguridad y guardaespaldas o aparato policial que lo requerido normalmente. Pero, ¿qué se esconde detrás del rey y sus almenas inexpugnables?: ¡un dios terrestre, el Mesías corpóreo, Daniel el profeta!
Nuestro presidente ha perdido notablemente el liderazgo y prestigio que apenas proyectaba al inaugurar el gobierno tipo de unidad, paz y reconciliación que ahora padecemos en medio de la división social que han generado los turbios comicios municipales. Sus homólogos lo ven con displicencia y cautela porque ninguno de ellos ha sido expuesto al escarnio que su persona representa con las denuncias internacionales de abuso sexual, despotismo, antiimperialismo desfasado, fraude, corrupción, etc....

Pelearse con la prensa, perseguir a sus adversarios políticos con saña imprudente o contraer nupcias con el Cardenal fueron los mismos errores cometidos por sus antecesores pero en menor grado y proporción, porque ahora existe un atraso cultural innegable, retroceso jurídico institucional, mayor intolerancia y terquedad administrativa. Por ejemplo, poner sarasas en la dirección del Instituto Nicaragüense de la Cultura o desestimar a eminentes intelectuales del mundo, en el caso de la censura al prólogo de CMR de Sergio Ramírez, es granjearse la peor opinión internacional nacida de un sector tan importante como el literario, pues lo que condena de un escritor, generalmente se vuelve historia.

Pero, ¿qué sería del FSLN sin un Daniel Ortega? Los grandes hombres, cuya vida y acciones pasan a la posteridad de alguna forma, tienen las más veces, un aciago pero lógico destino: caen como guerreros en combate en medio de la batalla. Sin traspasar las fronteras, conocemos el legado de Sandino y Somoza, Carlos Fonseca o Pedro Joaquín Chamorro, quienes murieron asesinados en circunstancias taumatúrgicas; y más al Norte por ejemplo, no ha faltado un Morazán, Zapata o Villa, Lincoln o Kennedy, etc… lo que hace inferir que un ex presidente de largo mandato, ¿puede o debe asumir este feliz corolario? Para que las futuras generaciones lo midan justamente y pueda ser rescatado por la historia como mártir revolucionario y líder de las reivindicaciones sociales más sublimes, ese héroe esperado tiene que emerger de un mare mágnum como el que actualmente vive el país.

Es momento en que toda la militancia y las bases del FSLN reflexionen sobre esto. Hemos llegado al punto de obtener lo que merecemos como pueblo, envueltos en la vorágine cíclica del pasado, para hacer nuestras una vez más las palabras sentenciosas de Pedro Joaquín Chamorro cuando afirmó en un momento crítico de la historia: “que Nicaragua sólo podría salvarse sin Somoza”, gran decir, que en la coyuntura actual urge parafrasear de manera contundente.

wilsonhenri@yahoo.es