Jorge Eduardo Arellano
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Sólo. Dramática y dolorosamente sólo. Así se encuentra el pueblo palestino frente al enemigo sionista. Pero inmerso en una soledad más trágica se encuentra el poco más de un millón de palestinos que habita en la Franja de Gaza. Este territorio, más campamento que hogar, está casi enteramente cercado por Israel, colindando al Oeste con una pequeña porción del mediterráneo infestada por navíos de guerra israelíes y con escasos trescientos metros de frontera con un Egipto que hace todo por congraciarse con los israelíes en consonancia con los dictados de la política estadounidense de dominación en el Medio Oriente.

¿Por qué los combatientes en Gaza se encuentran tan solos? Allí, una fracción palestina de las más militantes y comprometidas con la lucha contra la ocupación israelí y la liberación de los territorios ocupados, ganó ampliamente las elecciones hace dos años, lo que ahondó más las diferencias con la OLP, misma que está detrás del Estado Palestino en ciernes y gobierna en Cisjordania. Esta última organización es más proclive no sólo a reconocer al Estado sionista sino a disfrutar, en una muy relativa y cuestionada paz, de las mieles de un poder generosamente financiado por una cooperación bilateral europea, algunos petrodólares y remesas de la diáspora palestina en el mundo. Existen además otras organizaciones palestinas de mayor o menor peso como el FPLP, entre otras, además de grupos de obediencia siria o con algún grado de autonomía. Los que alegremente enarbolan la bandera de la democracia en el primer mundo se hicieron inmediatamente eco de los señalamientos de Israel y los Estados Unidos de que las elecciones en Gaza eran ilegítimas pues habían catapultado al poder a palestinos que desconocen a Israel. Nada nuevo. Igual hicieron en Argelia una década atrás cuando el establishment argelino, apoyado por Francia y otras potencias occidentales, desconoció la inobjetable victoria del Frente Islamista de Salvación (FIS), lo que lamentablemente hundió al país en una sangrienta guerra civil de cuyas heridas aún no logra recuperarse. Desde entonces, el pueblo mártir de Gaza ha debido enfrentar un embargo total, inhumano y despiadado. Cero ingreso de alimentos y medicinas, agua y energía entregada por cuentagotas en una táctica criminal que buscaba enfrentar al pueblo con sus combatientes. Esto hizo de la vida allí un verdadero martirio para la población y esto con la complicidad tácita o expresa de muchos países, occidentales y árabes. Pero hay más. Sucede que los palestinos en general y de manera particular Hamas en Gaza e Hizbollah en Líbano, son considerados como las ovejas negras en las monarquías árabes y más allá del Golfo Pérsico. Éstas en silencio ofrecen sus votos por la eliminación de unos árabes muy molestos. También el mundo árabe está desgarrado por profundas divisiones, lo que hace el trabajo más fácil a los sionistas y sus padrinos imperialistas. Derrotado en la guerra de 1973, Egipto aceptó firmar la paz con Israel cobrando por ello cada año una factura de unos 3 billones de dólares estadounidenses. Siria se vio obligada recientemente a retirar unos 30 mil hombres del valle de la Bekaa en Líbano, resignada a la pérdida de los altos del Golán ocupados por Israel desde la guerra de los seis días. Libia y Argelia apoyaron solidariamente la causa Palestina por años, últimamente ese apoyo se ha reducido o desaparecido en medio de otras realidades e intereses políticos y económicos. Jordania, que comparte fronteras con Israel, teme incomodarlo y mantiene a raya a las poblaciones de refugiados palestinos en su territorio. En Líbano se da una situación parecida en los campamentos palestinos pero adicionalmente, allí la elite maronita es abiertamente proisraelí –el Mosad opera casi abiertamente en su territorio- y se asiste a una convivencia muy incómoda con la población árabe. Paradójicamente es Irán, persa, no árabe, el país que mejor comprende la naturaleza expansionista, militarista y neoimperialista del sionismo y mantiene una posición más congruente con esa percepción.

Éste no muy rosa escenario explica en parte la soledad en que se da la lucha de resistencia de los palestinos y para el caso que nos ocupa actualmente, de los combatientes de Hamas en Gaza, que enfrentan con armas artesanales la embestida de uno de los ejércitos mejor equipados del mundo. Divisiones intestinas entre palestinos, división y complicidad en el mundo árabe, una prensa internacional –especialmente occidental- que trata de disfrazar el genocidio de la población civil con el anodino sustantivo de conflicto, una cruz roja limitada en sus competencias e imposibilitada de asistir a la población civil y un organismo mundial – la ONU y su Consejo de Seguridad- incapaz de frenar la matanza impedido como está por la prepotencia de los Estados Unidos que impone su veto sobre cualquier resolución, tal y como lo ha hecho docenas de veces desde 1967 –en las docenas de resoluciones de las Naciones Unidas contra Israel- para proteger a su peón estratégico en el Medio Oriente. Así de solo se encuentra el mil veces heroico pueblo de Gaza, a la espera de que surja una conciencia planetaria que transforme el apoyo moral y la simpatía por su lucha en actitudes firmes e inequívocas que puedan en primer lugar detener la estrategia de terror puesta en marcha por el ejército israelí y luego encontrar sendas de una paz firme y duradera. Ésta sólo será posible con el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y el derecho del pueblo palestino a tener su propio estado dentro de fronteras seguras –no autonomías que sólo disfrazan la ocupación- al mismo título que Israel.

*Sociólogo