Jorge Eduardo Arellano
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Desde que tengo uso de razón he escuchado y he conocido un viejo refrán que dice “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”.

A este sencillo pero sabio refrán nunca le puse tanta mente, nunca lo analicé a profundidad y no le di mucha importancia. Qué desperdicio de tiempo y qué equivocado estaba. Ahora me doy cuenta que es uno de los refranes más sabios y el que lo escribió a de ser, por supuesto, un gran genio.

A través de la historia vemos cómo han existido gobernantes de acuerdo al comportamiento de los pueblos. Si el pueblo era guerrero, sus gobernantes eran grandes guerreros, si el pueblo era emprendedor, sus gobernantes eran emprendedores, si el pueblo era luchador y rebelde, sus gobernantes eran grandes luchadores y tan rebeldes que hasta llegaban a convertirse en dictadores, como fue el caso de Lucio Cornelio Sila, antiguo gobernador romano, que obligó y, sobre todo, sobornó a la Asamblea para que lo nombraran dictador. Pero esos dictadores eran distintos a los dictadores actuales, que se dedican al robo, al saqueo, al uso de la fuerza y del soborno para doblegar al pueblo y para no tener oposición. Lucio Cornelio Sila fue un dictador porque dictaba leyes para reordenar al país, muchas de las cuales forman parte del actual Derecho Romano.

El famoso refrán del cual estoy haciendo alusión, parece que fue escrito pensando en Nicaragua, pues aquí nos cae como anillo al dedo. Estamos condenados a tener los gobernantes que nos merecemos. Somos un pueblo de borregos, conformistas, yoquepierdistas, clavistas y últimamente hasta “Chavistas”.

Desde que en Nicaragua se implantó la dictadura Somocista, he visto que hemos tenido multitudes de políticos borregos, prestos a ser sobornados, que solamente han pensado en la forma de enriquecerse a costillas del pueblo. Recuerdo perfectamente que a finales de los años sesenta, la oposición nicaragüense tuvo la oportunidad de librarse de la dictadura somocista, pero el tal Fernando Agüero terminó siendo sobornado y obligado a pactar con el dictador.

Actualmente la oposición, que irónicamente es mayoría, ha demostrado mayor corrupción que la de los gobernantes. Por intereses personales solo viven en pleitos, en dime que te diré, en actuaciones que reafirman mas al gobernante de turno.

El FSLN tiene control absoluto en tres de los cuatro poderes del Estado y está a punto de conseguir el dominio en el Poder Legislativo.

La Asamblea Nacional, que representa o constituye el Poder Legislativo, es el último bastión de la democracia, el último cartucho de la oposición y está a punto de caer, gracias a la tentación del soborno.

La oposición parlamentaria, formada por cincuenta y cuatro diputados, no logra ponerse de acuerdo, no logra hacer quórum, cada día está más fragmentados, está a punto de surgir otra mini bancadita y sobre todo, muchos de ellos no llegan a trabajar y hasta se esconden, esperando al bando que ofrezca el mayor soborno, la tajada más grande, y convertirse en el diputado número 47.

Cincuenta y cuatro diputados que no han sabido imponerse a los 38 diputados sandinistas, disciplinados, que fielmente siguen las órdenes de su líder.

Candidatos a convertirse en el diputado No.47 son muchos, y es que la tentación del soborno es grande.

Queda demostrado que los pueblos tienen los gobernantes que los políticos imponen y no los que el pueblo se merece.

En Nicaragua vamos más lejos, los gobernantes no son electos, son nombrados.

*Médico Veterinario.