Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Esta mañana los caminantes iban tan abstraídos platicando sobre literatos y literatura, que no se percataron que desde hacía un buen trecho una perrita pispireca acosaba a Watson de todas las formas posibles, ya sea con su conversación, por cierto muy inteligente, como con furtivos roces con los que colocaba sus caderas, con el rabo levantado, a la altura del ya palpitante pecho de Watson. “Para mí -decía la perrita con sobreactuado aire intelectual- que Guegüence se escribe con C tal y como lo consignó en el original el indiscutible Brinton y lo vive reafirmando ese gran escritor que es Fernando Silva. Ahora bien, te lo digo de corazón mi querido Watson, que Fernando debiera de hacer caso omiso de aquellos esquizoides escribidores por yardas. Si ellos quieren escribir mulo con C en lugar de con M, pues que les den por el ídem y se queden muy a su gusto. ¿No te parece elemental mi querido Watson?”, dijo con voz sensual y coquetos arrumacos que tenían a Watson al borde de una explosión pasional.

Azorado y para disimular su rubor, que además hubiera sido imposible de descubrir bajo su negro pelaje, Watson asentía balbuceante a todo lo que le decía aquella atrevida y seductora Fifí, de la casa de Carlos Tünnermann según dicen. “Y pensar cuando uno intenta leer todas esas yardas de palabras producto de la vanidad, soberbia y codicia, que todavía, encima de semejante suplicio, hay quienes despectivamente para con nuestro mundo canino tienen expresiones como perro a su guaro o perro a hacer reales, pretendiendo ignorar que esas expresiones son las propias para calificar a magistrados y diputados. Por las mismas razones no es justo decir perro mundo o vida de perro para referirse a este planeta que han deshumanizado los hombres y ya no digamos nuestros políticos, que toda la vida y sobre todo aquí andan más perdidos que un perro en procesión. En cambio los escritores, esos ya son otra cosa. ¿Has leído Cántico Cósmico, de Ernesto Cardenal? A mí me hace soñar viajando con vos por todo el universo, bien apretaditos en una cápsula espacial. ¿Y El cielo llora por mí, de Sergio Ramírez? Si hasta sueño que sos vos quien llora extrañando mi ausencia. Esos son escritores y no escribidores. Por eso los persiguen, y porque todos los verdaderos escritores sueñan con la libertad. ¿Será ese sueño motivo para no saludarlos en su día? Yo pienso que es una razón más para felicitarlos con locura azul.”

Los caminantes no habían podido dejar de interesarse vivamente en lo que decía Fifí y a la vez percibir el arrobamiento de Watson, quien no acertaba a pronunciar palabra alguna con sus ojos perdidos en los de su conquistadora. Fue Caresol quien rompió aquel encanto para decir: “Ya es hora de que a los escritores, en lugar de perseguirlos y censurarlos, al menos les digan una palabra de aliento en su día. Sé que hoy lo estarán celebrando cuando este recién pasado 10 de enero Pedro Joaquín Chamorro, no sólo político sino autor de cuentos y narraciones de indiscutible calidad, acaba de cumplir treinta y un años de asesinado; cuando hoy Leonel Rugama cumple treinta y nueve años de vivir como los santos; y cuando el mismo Centro Nicaragüense de Escritores está a punto de cumplir diecinueve años de existencia. Pero sobre todo lo estarán celebrando por los ciento cuarenta y dos años del nacimiento de Rubén Darío, un l8 de enero de 1867, y lo harán hoy porque el 18 cae en domingo. No olvidemos que esa fecha es oficial, para que coincidiera con el nacimiento de Rubén: Día Nacional del Escritor Nicaragüense. Todos estamos convidados a celebrarlo hoy jueves 15 de enero en paz y armonía, a las seis de la tarde en el Auditorio de la UAM, cuando se otorgarán sendos reconocimientos a diez destacados intelectuales: María López Vigil, teóloga, periodista y autora de cuentos para niños, con toda una vida entregada a Nicaragua; el narrador y poeta, Mario Urtecho; Sofía Montenegro, quien además de cumplir hoy sus primeros cincuenta años, es narradora y destacada periodista; Norberth Bertrand Barbe, traductor, poeta y colaborador en nuestros suplementos culturales; Mario Montenegro, pintor, cantautor y entregado a satisfacer las exigencias de nuestro mundo infantil; Enrique Alvarado, historiador y entre otras cosas autor de una de las más importantes novelas de nuestra literatura, Doña Damiana; María Elsa Vogl y Neville Cross, de fulgores distintos pero únicos cuando escriben A cuatro manos, sin haberse olvidado jamás de identificarse en sus artículos como miembros del Centro Nicaragüense de Escritores; Julio Francisco Báez, Quico, querido por todo el mundo al señalar en sus escritos rutas permanentes para que el pueblo no sea engañado en materia de impuestos y política fiscal; y Ernesto Castillo Martínez, maestro de generaciones desde sus cátedras de derecho, historiador, columnista de periódicos y suplementos culturales y autor de Tratados de Derecho e Historia. Un enjambre de de seres que a través de sus vidas han aportado al enriquecimiento de nuestra cultura. Con ellos y con todos nosotros, es que el Centro Nicaragüense de Escritores estará celebrando hoy el Día Nacional del Escritor Nicaragüense”.

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 15 de enero de 2009.