Jorge Eduardo Arellano
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Desde la génesis del capitalismo las clases dominantes han querido menoscabar la existencia de la “lucha de clases”, quizás uno de los grandes aportes de Marx es su reflexión sobre la dialéctica hegeliana y su explicación a partir de ella de la explotación del trabajo por el capital o del trabajador por el capitalista.

Marx logra extrapolar la dialéctica desde el ámbito natural y la eleva al ámbito social, en particular a las relaciones sociales de producción y a partir de la ley de unidad y lucha de contrarios, como soporte teórico logra enfocar una posición epistemológica que lo lleva ha descubrir la profunda contradicción que subyace dentro del sistema capitalista, evidenciadas en la contradicción entre el capital y el trabajo o más concretamente entre el capitalista ( dueño de los medios de producción) y el trabajador despojado de todos los medios y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo ( como cualquier mercancía) en el mercado.

Ahora bien, la lucha de clases es un proceso históricamente condicionado por la posición que en determinada coyuntura el capitalista y el trabajador ocupan en relación a los medios de producción, la que a su vez condiciona (no determina) la posición política - ideológica y el nivel de conciencia de los contrarios (el capitalista y el trabajador), “piedras angulares del sistema capitalista”.

Evidentemente la intensidad y profundidad de la lucha de clases se modifica con cada momento histórico y de un país a otro, de acuerdo con el comportamiento de determinadas variables que le son inherentes, por ejemplo, en América Latina después de los años cincuenta del siglo pasado, la lucha de clases encarnó un periodo histórico muy violento desde el punto de vista militar; la proliferación de gobiernos militares y dictaduras reaccionarias de extrema derecha condicionaron el surgimiento de movimientos revolucionarios en todas partes.

Pero el advenimiento de las llamadas “democracias representativas” y la creación de espacios reales por medio de los cuales los representantes de los trabajadores podían acceder al poder, limitó el movimiento armado y lo ubicó en una suerte de “anacronismo” y lo obligó a librar la lucha en el terreno cívico, a través de las “consultas populares” que garantizaran al menos en teoría la alternancia en el poder.

Como es evidente en tales circunstancias las clases y por tanto la lucha de clases no desaparecen, solamente se modifican los métodos de lucha por medio de los cuales se expresan sus contradicciones dialécticas. El tránsito de los escenarios bélicos a los escenarios electorales se expresó en un cambio de un método de violencia (la tortura, el encarcelamiento, el destierro y el asesinato), a otro método de violencia mucho más sofisticado (la marginación, el desempleo masivo, la exclusión social y el hambre generalizada) en diferentes partes de lo que metafóricamente se conoce como aldea global.

Cualquier científico social que de manera modesta entienda el enfoque metodológico por medio del cual el Marxismo explica la realidad del sistema capitalista y su base económica el neoliberalismo, entenderá que las clases y la lucha de clases son una realidad que opera en las entrañas del sistema independientemente de nuestra voluntad, o nuestra conciencia.

Es más, cualquier persona, sencilla, observadora de la realidad sólo con su conocimiento tácito o empírico” entenderá que mi planteamiento no es un capricho intrincado en la llamada “apología al odio entre las personas”, sino una postura que no puede ser rebatida con cualquier argumento politiquero sin un enfoque filosófico que lo sustente.

Escucho con frecuencia expresar ¿cuál lucha de clases? ¿Cuáles clases sociales?
¡Eso no existe, es un invento izquierdista! Pues bien, diré que las clases y la lucha de clases son parte de la arquitectura del sistema capitalista sin las cuales el sistema global del capitalismo no podría existir.

La lucha de clases es un concepto dinámico e histórico que pone en evidencia las contradicciones de naturaleza económica y que en el devenir histórico adquieren carácter ideológico, ello se manifiesta en el debate político de altura, la lucha sindical, las demandas de políticas públicas para la consecución de reivindicaciones en los ámbitos de salud, educación, recreación, acceso al crédito, luchas en contra de la pobreza, el hambre, la exclusión social y establecimiento de salarios mínimos.

La lucha de clases no tiene por qué conjurarse como sinónimo de odio entre clases, es una lucha de ideas y acciones donde se manifiestan conflictos, consensos, avances y retrocesos, progresos y periodos de reacción en un mundo donde los capitalistas y las clases populares se enfrentan en una lucha permanente por el poder.

*Investigador Upoli