Jorge Eduardo Arellano
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Dueño de su lengua, el hablante nicaragüense está constantemente enriqueciendo sus posibilidades con la formación de nuevas palabras. ¿Cómo lo logra? Con partículas antepuestas a la raíz de la palabra simple. ¿Y qué necesidad hay en todo ello? Modificar el significado de una palabra, incluso conseguir el significado contrario. En verdad, no es lo mismo “bombear” (denunciar o delatar) que “abombar” (aturdir), “pactista” (partidario de un pacto) que “antipactista” (contrario al pactismo), “tusar” (trasquilar) que “destusar” (quitar las hojas o tusas a la mazorca), “contil” (mugre del humo) que “encontilar” (manchar con la mugre del humo), “fundido” (exhausto) que “refundido” (sumergido).

Veamos algunas palabras formadas con prefijos de uso frecuente.

Con el prefijo “a”, muy abundante en el habla nicaragüense, tenemos: abombado: “Con cuatro días de haberse ahogado, el cadáver abombado (hinchado y en descomposición) de “Polín” flotaba en las aguas de Tiscapa”; aguevarse: “Se agüevó (acobardó) cuando vio al jardinero que lo amenazaba con la cuma”; achicarse: “Se empajó con su hermano menor, cuando lo vio achicarse (humillarse) por lo de la chancleta perdida”; achingar: “Tuve que achingar (recortar) el vestido, porque casi lo machucaba al caminar”; ajinchado: “Es un tipo apartado, ajinchado (tosco) y con cara de pocos amigos”; alivianar: “El gordo, aunque pedaceado, nos vino a alivianar (ayudar económicamente)”; apapalotarse: “De la carceleada, el pobre hombre terminó por apapalotarse (atontarse)”; arrecostar: “Me quise arrecostar (reclinar) en el sillón, pero el respaldo se quebró”; aserruchar: “Por aserruchar (cortar con serrucho) el brazo de la silla, corté también el tapizado”; amacizar: “Tuvieron que amacizar (compactar) bien el terreno, porque estaba muy fangoso”; apantallar: “Me quiso apantallar (deslumbrar) exagerando sus méritos y cualidades”; apercatar: “No me pude apercatar (prevenir) del desmanbichamiento en el barranco”.

l prefijo anti- forma también palabras usuales entre hablantes nicaragüenses, como antimotín: “Subidos sobre una camioneta, flanqueada por antimotines (policías especializados en afrontar disturbios), varias personas tomaron la palabra” (Gioconda Belli: El pueblo contra el pueblo, END/25/11/08); antisocial: En el municipio de San Ramón, un grupo de antisociales (ladrones o delincuentes) penetraron a la parroquia y se llevaron un amplificador, una consola y una planta de energía eléctrica”.(END/24/11/08); antivalor: “Nuestra sociedad está amenazada de antivalores (costumbres o conductas negativas)”. O antidisturbios: “Los oficiales antidisturbios intentaban replegar a los sandinistas”. (Octavio Enríquez: Desde ciudad de Dos. Domingo, LP/23/11/08).

Con des- , uno de los prefijos más prolíficos, tenemos verbos como destusar: “Lo llevaron a un predio montoso y allí lo destusaron (lo despojaron de su dinero)”; destroncar: “Destroncaron (arrancaron de raíz) la maleza para sembrar el maíz”; despulpadora: “En el beneficio de café, pronto aprendí a manejar la despulpadora (máquina diseñada para extraer la pulpa)”; desmangar: “Por el calor tuve que desmangar (cortar las mangas) la camisa”; desmangado: “Iba desmangado (rápido), porque los polis lo llevaban cotonero”; desniñar:: “No había llegado a la pubertad cuando el tipo la desniñó (desfloró); deshijar: “Toda la tarde estuvimos deshijando (arrancando la maleza) en el maizal”; desgonzar: “De la caída se desgonzó (dislocó) la cabeza del fémur”; desgraciarse: “Inmediatamente después que se desgració (se arruinó moralmente) por haber piliado a su compadre, salió huyendo para Puerto Cabezas”; desturcado: “De la maqueada que le dieron en la cárcel, se volvió un tipo desturcado (de poco juicio o razonamiento); destemplarse: “Al verle la tilila a la polaca, el maje se destempló (perdió la erección del miembro viril)”.

En Nicaragua, la formación de palabras con el prefijo en- es igualmente abundante como emberrincharse: “El chavalo se emberrinchó (encaprichó) y no quiso ir a la escuela porque no le dieron permiso para ir al paseo”; embolarse: “Se embolaron (embriagaron) a punta de chicha de coyol”; embotellarse: “Tempraneamos, porque a las siete comienza el tráfico a embotellarse (obstruirse); empotrerar: “Empotreraron (encerraron en el potrero) el parido, pero aparte de donde están los toretes”; enrejar: “No quisieron enrejar el ternero (atarlo a la pata delantera derecha de la madre), porque no valía la pena ordeñar la vaca”; encholpar: “Lo encholparon (encarcelaron) por tamarindo”; emputecido: “La confundió porque venía del lado del putal y andaba emputecida (con vestido extravagante y de colores llamativos); encabronar: “Lo peor es que se encabronó (enamoró perdidamente) de una playo”; encerrona: “Todo lo cocinaron en una encerrona (reunión secreta y maliciosa)”; empiernado: “Amaneció empiernado (acompañado) con la Obdulia, pero descubrió que debajo de la cama estaba su compadre”; encalichado: “Los pescaditos del lago/nos quieren acompañar/y brincan a todos lados/como encalichados (llenos, henchidos)/de fraternidad”. (Carlos Mejía Godoy: “Comunión”, de la Misa Campesina)
Re- es otro prefijo de gran vitalidad entre hablantes nicaragüenses, como recámara: “Pasé toda la tarde descansando en la recámara (dormitorio)”; recesar: “Los diputados recesarán (suspenderán temporalmente las sesiones) a partir de diciembre”; rebusque: “Son muchos los churequeros que pasan el día en el rebusque (ingenio o habilidad para conseguir lo que sea para la sobrevivencia de la familia)”; refundir: “Con su declaración, el antisocial refundió (perjudicó) más a su compinche”; relamido: “Una persona relamida (jactanciosa) como vos no merece mi amistad”; retardado: “Es un muchacho retardado (retrasado), pero muy servicial”; retentado: “No cambia su actitud: es retentado (temperamental) como su papá”; retorcijón: “Se dio una gran hartada en una fritanga y ahí no más sintió los retorcijones (retortijones)”.

Como hemos visto, el hablante nicaragüense va enriqueciendo su lengua con la formación de nuevas palabras mediante procedimientos internos a la propia lengua española, como el recurso de la prefijación, que acabamos de ver.

Y es que el individuo, a través de su lengua, percibe la realidad con todos sus matices y sentidos, pero necesita crear y recrear incesantemente nuevas palabras, porque las voces de una lengua –sea general o regional- nunca serán un inventario finito y acabado.

rmatuslazo@cablenet.com.ni