Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

“Gran parte de lo que hacemos hoy, la CIA lo hacía clandestinamente hace veinticinco años”. Éstas son palabras recogidas por el Washington Post de Allen Weinstein, el primer presidente de la National Endowment for Democracy (NED).

Durante los años 80, en plena era Reagan, se estableció una división del trabajo en las funciones de inteligencia del Departamento de Estado. Los diseños de desestabilización contra gobiernos o fuerzas políticas que tradicionalmente había asumido la CIA paulatinamente fueron trasladados a una nueva entidad, la NED. Este organismo asumió el diseño, financiamiento y conducción de aquellas actividades encubiertas que aparecían como formalmente legales: huelgas, movimientos sociales, campañas mediáticas, iniciativas de organizaciones civiles y religiosas, promoción o defenestración de determinados personajes. La gestión de esta confluencia de acciones se concibió como un complemento a los programas que desarrolla la Usaid. La labor de la CIA se ha concentrado cada vez más en las tareas sucias: los asesinatos, los secuestros, las torturas y los golpes de Estado.

La NED se constituyó como una fundación privada cuyo presupuesto forma parte del presupuesto del Departamento de Estado, encargada de financiar y dirigir una red de organizaciones y figuras públicas que esgrimen objetivos virtuosos como la lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión. El financiamiento de la red ha irradiado su incidencia en los procesos sociales, económicos y políticos de cerca de 90 países de América Latina, Asia, África y Europa del este. Últimamente, los diseños de la NED se han priorizado de forma muy activa en algunos países desmembrados de la desaparecida Unión Soviética, como Georgia, Ucrania, Bielorrusia y Uzbekistán; en ciertos países de oriente medio como Líbano, Irán, Afganistán e Irak; pero sobre todo se despliegan con intensidad en el tradicional patio trasero del imperio. En América Latina, la NED financia sectores de oposición e impulsa acciones de desestabilización en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Haití.

En Nicaragua, su financiamiento ha copado gran parte de los organismos civiles y personajes que hablan de democracia y derechos humanos. Su diseño ha estado funcionando ininterrumpidamente desde antes de la coyuntura electoral. Antes de las elecciones promovió los movimientos que abogaron por la intervención imperial y defendieron la tesis del fraude electoral. Después de las elecciones, la NED está detrás de la agresividad y distorsión mediática, del impulso para reactivar el protagonismo de Trivelli, de la deslegitimación de cualquier iniciativa progresista del nuevo gobierno, y de las voces que claman por una nueva intervención de la OEA. Está detrás de la polarización política que artificialmente se ha montado en el país.

Lo afirmo, porque tengo pruebas, que el Movimiento Nueva Nicaragua, Ética y Transparencia y las maniobras de personajillos como Rosa M. Zelaya, han recibido financiamiento a través de la red que dirige la NED. De otros que hablan de democracia y derechos humanos no dispongo de elementos suficientes para afirmar que reciben o han recibido un financiamiento semejante. Sin embargo, les solicito para que su discurso adquiera legitimidad ante los ciudadanos, que hagan una declaración pública, autenticada por un notario confiable, sobre las fuentes de financiamiento de sus respectivos organismos inscritos como entidades de la sociedad civil.

Como ciudadano, tengo el derecho de solicitársela a gente como el Ipade, a la venerable doña Vilma, a Carlos Fernando, a la gente de Envío, a los grandes medios. Si lo hacen, restauraré mi credibilidad sobre la calidad ética de su discurso.

¡Demócrata, dime quién te financia y te diré cuál es el perfil de tu democracia!