Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

El cine es una expresión, ante todo, es más, es la madre de las expresiones artísticas. En el cine se aglomera la pintura, el teatro (obviamente), la escultura, el canto y cuantas especialidades artísticas sean necesarias o requeridas para contar una historia determinada.

Desde que tengo conciencia de mis recuerdos, el cine ha estado en cada etapa de mi existencia, ya sea para inspirarme, hacerme viajar a mundos lejanos, a mundos hermosos o talvez aterradores. Eso es el cine, es una puerta para escaparnos de esta realidad que nos manipula demasiado y esa manipulación aparente es la que nos agobia.

Ver una buena película es como leer un buen libro, es de esa misma forma que podemos ejercer un criterio basado en lo que nos gusta y no nos gusta, pues si dejáramos llevarnos por completo por lo que dice la crítica nos convertiríamos en seguidores de criterios ajenos por eso reza el refrán: para gustos se hicieron los colores.

Las imágenes y cómo calzar estas mismas en una composición determinada, es en sí un arte. Las expresiones corporales son por antonomasia una expresión humana y a veces sin siquiera palabras se logra llegar al alma, a la squis, un claro ejemplo es el famoso mimo Marcel Marceau, que según sus mismas palabras, su actuación era un grito desgarrador del mal entre el bien y el mal, y el nacimiento del cine como la forma concreta de estas expresiones, considero humildemente, es un logro más de la humanidad.

Una de las mejores películas, a mi parecer, que he disfrutado últimamente es El laberinto del Fauno, del director méxico–español Guillermo Del Toro, nominada a seis premios Oscar. Es un cuento de hadas para adultos, como fue calificada por algunos críticos en su lucha por buscarle una clasificación a tan original película, aterradora y a la ves conmovedora, pues plasma una realidad cruda frente a la mágica mente de una niña por la cual vislumbra una luz de esperanza a todas sus tribulaciones.

El director nos brinda la oportunidad de creer en cuentos de hadas o creer definitivamente que no existe magia en este mundo, si queremos creer que esta película tiene un final feliz o creer en una realidad en la que las almas nobles mueren al final por más buenos que éstas sean es opcional, eso depende de la realidad con que cada quien mira esta existencia y es donde radica el porqué de la magia del cine, nos da opciones que en este mundo plano no tenemos.

Además nos demuestra, esta cinta, que la hegemonía del cine estadounidense no es para siempre y que las películas fuera de este monopolio están creando grandes proyectos, cualitativamente hablando y no cuantitativamente, a como los estadounidenses nos tienen acostumbrados.

Claro que el repertorio de cine clásico en su gran mayoría lo sigue ostentando Estados Unidos y su industria de los sueños, y puedo mencionar pelicular que me hecho volar mi imaginación, como Días de radio, del director Woddy Allen, que me hizo sentir en los años cuarenta y el disfrute de las personas por el único entretenimiento masivo de ese entonces: la radio. Los imperdonables, un nuevo clásico hoy por hoy de las películas del viejo oeste, por muchas razones, entre una de ellas el hecho de ser la última de este estilo para el ahora galardonado director y actor Clint Eastwood, nos muestra una realidad nunca antes vista en este tipo de películas, y la lista es
grande.

Platón, el filosofo griego, por ejemplo; consideraba que para obtener conocimientos el hombre debía someterse al proceso de anamnesis, o regreso a los recuerdos del momento en que su alma se hallaba despojada de la estructura corporal y tenía acceso directo a las formas o ideas presentes en el llamado Topos Uranos. O sea, el hombre se despoja de toda influencia externa para volver a lo primigenio y así disfrutar del momento, a como lo haría Peter Pan sin peros ni mortificaciones para gozar de lo que más le gusta. Entremos a una sala de cine y dejémonos llevar por una realidad que existe en lo más profundo de nuestro ser, la magia de nuestra imaginación que por medio del cine podemos ver y escuchar, disfruta el momento que más tarde será un gran recuerdo.


Estudiante de diseño gráfico
maktubrobr@hotmail.com