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YAKARTA
Los milagros modernos sí existen. Hace diez años, mientras la crisis financiera asiática destruía la economía indonesia, muchos expertos predijeron que el país se desestabilizaría, si no es que se dividiría. En cambio, Indonesia, el país islámico más poblado del mundo, ha surgido como un ejemplo de democracia y libertad para el mundo musulmán. ¿Qué pasó? ¿Y por qué el mundo no ha tomado nota?
La historia es tan compleja como la misma Indonesia. Benedict Anderson, destacado experto en ese país, dice que las raíces del carácter de Indonesia se encuentran en el centro de la cultura javanesa, en particular en la tradición religiosa wayang. Según Anderson, “A diferencia de las grandes religiones del cercano oriente…la religión del wayang no tiene profeta ni mensaje ni Biblia ni redentor…La infinita variedad y marcada individualidad de sus personajes indican que el wayang refleja la multiplicidad de la vida humana tal como la sienten los javaneses…” En resumen, la cultura javanesa ayuda a Indonesia a comprender las numerosas voces que se escuchan cuando surge una nueva democracia.

También existe una fuerte tradición indonesia de resolver los desacuerdos mediante la “musyawarah dan mufakat” (negociación y consenso). Por supuesto, esta tradición no siempre ha evitado la violencia, principalmente durante la matanza tras el golpe de Estado contra el presidente Sukarno en 1966. Y hace diez años, durante la crisis financiera, nuevamente tuvieron lugar revueltas violentas contra los chinos, lo que provocó que muchos de ellos huyeran del país. Sin embargo, ahora muchos de esos chinos han regresado. Como resultado de un avance extraordinario, se ha permitido la libre expresión del idioma y la cultura chinos que habían sido reprimidos durante décadas. En contraste, imaginemos que Turquía, un país miembro más avanzado de la Organización de la Conferencia Islámica, permitiera la libre expresión del idioma y la cultura kurdos.

El historial indonesio es todavía más notable cuando se compara con los Estados Unidos. Los estadounidenses explican el retroceso democrático de su país como resultado de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Pero Indonesia también sufrió ataques, como el atentado en Bali del 12 de octubre de 2002, poco más de un año después. A pesar de ello, Indonesia ha consolidado su democracia. En efecto, en 2005 Freedom House declaró que Indonesia había pasado de ser “parcialmente libre” a “libre”.

El presidente Susilo Bambang Yudhoyono tiene mucho mérito en este gran avance. Bajo su liderazgo se resolvió pacíficamente el largo y doloroso conflicto de Aceh. Algunos adjudican el mérito de este logro al tsunami de 2004 que mató a cientos de miles de personas de esa región. Pero el tsunami también pegó con la misma fuerza en Sri Lanka, y desde ese entonces el conflicto Cingalés-Tamil ha empeorado.

Actualmente, Estados Unidos representa la amenaza más grande para la democracia indonesia, aun cuando la mayoría de los estadounidenses quieren que prospere la democracia en Indonesia. La tecnología moderna permite a los musulmanes indonesios ver claramente la situación apremiante de los palestinos en Gaza, los resultados desastrosos de la invasión estadounidense en Irak y Afganistán, y el silencio de Estados Unidos durante el bombardeo a Líbano en julio de 2006. Muchos funcionarios estadounidenses de alto nivel se quedaron perplejos cuando Turquía, aliada de la OTAN desde hace tiempo y además Estado secular, negó a los Estados Unidos el permiso para utilizar su territorio como base para invadir Irak. Si un sentimiento antiestadounidense se apoderó de la sociedad turca, relativamente secular, entonces eso también puede suceder en la sociedad indonesia.

En efecto, actualmente se desarrolla una dura lucha entre los que quieren que Indonesia sea más fundamentalista y los que quieren que preserve la tradicional naturaleza de apertura y tolerancia de la cultura javanesa. Curiosamente, mientras muchos estadounidenses y europeos quieren que prosperen las voces moderadas en Indonesia (y en el sureste asiático), a menudo socavan a los moderados con políticas que son percibidas como anti-islámicas.

La postura de los Estados Unidos sobre la asistencia militar a Indonesia es sólo un ejemplo. Durante varios años, algunos miembros del senado estadounidense han aplicado una política de castigo a Indonesia al reducir la asistencia y restringir el entrenamiento militar en los Estados Unidos. Estas políticas han sido contraproducentes. En años recientes, el ejército indonesio ha servido como modelo otras fuerzas militares del tercer mundo para aceptar la transición hacia una democracia plena. No hay amenazas de un golpe de Estado y los generales de alto rango, como Bambang, que estudió en universidades militares estadounidenses, regresaron a Indonesia como demócratas convencidos.

Es una tragedia que la ignorancia sobre la magnitud del cambio en Indonesia ponga en peligro su desarrollo democrático – y su papel como faro de la libertad y la esperanza en el mundo islámico. Esperemos que si Barack Obama gana la presidencia de los Estados Unidos, recuerde la Indonesia tolerante en donde creció y diseñe políticas congruentes con ese país.

Kishore Mahbubani es decano de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew de la Universidad Nacional de Singapur. Su libro más reciente es The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

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