Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En los últimos 18 meses hemos dedicado tiempo y recursos a tratar de crear conciencia social y, sobre todo, solidaridad hacia aquellos niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas de abuso sexual y que actualmente se encuentran desprotegidos en todo el sentido de la palabra.

Hemos visto con suma preocupación que en los primeros días de este año 2009 se han denunciado hechos de abuso sexual consumados con saña y violencia. Una niña violada y asesinada en Granada, otras cuatro brutalmente agredidas en Chinandega y Matagalpa. Abusadores sueltos por todo el país. ¿Qué está pasando? Queremos hacer con ustedes este llamado y esta reflexión sobre lo que está sucediendo en Nicaragua. El abuso sexual infantil es muy frecuente en nuestra sociedad, sobre todo entre personas familiares o cercanas al ámbito doméstico; la mayoría de estos delitos los cometen sujetos aparentemente normales, pero que no poseen valores sociales, los abusadores están presentes en todas las clases sociales y ambientes, las víctimas no necesariamente se encuentran en situaciones de hacinamiento o en un clima de violencia familiar, el abuso sexual puede ocurrirle a cualquiera, ocurre sin distinción de edad del niño/a y sexo; las niñas y niños difícilmente mienten cuando dicen haber sufrido abusos sexuales y el agresor utiliza como arma para lograr su cometido, la persuasión y el engaño, y siempre negará lo sucedido ante una acusación de delito.

Ésta es la realidad y creemos que dentro de las acciones que contribuyen a disminuir o eliminar el abuso sexual a menores y sus posibles secuelas físicas o psíquicas, está educar a la población en general y específicamente a quienes están en riesgo, en este caso los niños, niñas y adolescentes.

Es por eso que crear programas de intervención para el diagnóstico oportuno de factores de riesgo y contribuir a su control o erradicación puede minimizar la incidencia de este tipo de acontecimientos; para garantizarle a la niñez y la juventud una vida libre de abusos sexuales se requieren nuevas estrategias para reconocer, diagnosticar, tratar y recuperar a las y los niños que han sufrido abuso sexual.

Se sigue sin reconocer en Nicaragua que el abuso sexual infantil es uno de los problemas de mayor importancia en la sociedad actual, por su frecuencia y por sus graves consecuencias físicas y psíquicas que matan la infancia de las víctimas para siempre. Tanto en el sector salud como en la procuración y administración de justicia no se dispone de personal preparado para detectar el abuso sexual, para recoger información importante para las pruebas periciales, ni las condiciones y capacitación del personal para evitar revictimizar a quienes ya fueron victimados.

Queremos informarles que en la mayoría de las instancias que les corresponde por responsabilidad directa velar por la procuración e impartición de justicia, como la Policía Nacional, los funcionarios del Ministerio Público y los fiscales, se observa indiferencia y falta de compromiso a la hora de denunciar la sospecha de estos delitos, falta de capacitación, de compromiso, de políticas de atención, la reprogramación constante de juicios, lo costoso del trámite judicial para los familiares de las víctimas; los engorrosos trámites que tienen que realizar son el principal problema de la falta de justicia, rápida y expedita, como marca nuestra Constitución.

Los juicios suelen durar mucho, en prejuicio del niño, su integridad personal y la economía familiar. En muchos de los casos son como mínimo hasta siete meses de trámites, de juicios que se reprograman en los cuales los familiares pierden sus empleos, venden artículos del hogar, gastan grandes cantidades en pasaje, alimentación y hospedaje, porque tienen que estar ahí, pendiente del proceso.

Por último, la mayoría de las personas abusadas sexualmente en su infancia difícilmente pueden denunciar directamente el delito, ellos al no tener la capacidad para comprender el hecho, nosotros por no contar con las garantías mínimas descritas anteriormente, y el Estado al no reconocer la gravedad del problema de los delitos sexuales cometidos contra menores de edad quedan impunes y sin denuncia.

Esta realidad tiene que cambiar, no en un futuro distante, tiene que ser ahora, de modo que solicitamos, exigimos, que junto con la participación conjunta, se tenga la voluntad política, moral y social, lejos de diferencias e intereses partidistas e ideológicos, y que en la medida de sus propias responsabilidades y atribuciones apoye, facilite y promueva las reformas legales necesarias, las políticas públicas que conduzcan a la pronta solución de este mal que aqueja a nuestra sociedad actual.

Una vez más el Movimiento contra el Abuso Sexual, y las organizaciones que la conforman, nos comprometemos a desarrollar un observatorio permanente sobre ocurrencia del abuso sexual, a destinar más recursos materiales y humanos para que se junten más voces y voluntades contra el abuso sexual, de modo que no desaprovechemos esta oportunidad única que se nos presenta ahora en nuestro tiempo y hagamos algo a favor de los derechos más básicos y elementales de los niños, el derecho a ser protegidos en la etapa más hermosa del desarrollo del ser humano, la infancia.

*Movimiento contra el abuso sexual
Abuso sexual infantil, nunca más.

hablemosde.abusosexual@gmail.com
Agradecemos el apoyo de Miguel Adame. México.