Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Lo más positivo del año 2008 es que puso nítidamente al descubierto la nefasta naturaleza dictatorial del régimen opresivo encabezado por el presidente Daniel Ortega y su primera dama Rosario Murillo (depositaria del cincuenta por ciento del poder según confesión pública del mismo mandatario). Quienes mejor conocían al terrible pequeño grupo que controla de manera rígida y vertical al FSLN, ya sabían lo infausto y aciago que sobrevendría. Otros, lo intuían. Y la mayoría con generosidad le concedió el beneficio de la duda.

Por mi parte, como muchos, tenía cándidas esperanzas en que el Frente aprovecharía la nueva e histórica oportunidad de haber tomado el poder para hacer un buen gobierno para toda la sociedad, y especialmente a favor de los más pobres. No obstante, cuando a mediados de enero de 2007 leí la estrategia de comunicación elaborada por la jefa de los llamados Consejos del Poder Ciudadano, se me pusieron los pelos de punta (El poder es del pueblo, el pueblo es el FSLN). ¡Dios mío! Y escribí al respecto.

A veces pensé que se me había pasado la mano en lo que escribí, aun con toda y la evidente moderación del ensayo que publiqué en la Revista Medios y Mensajes, con una bonita fotografía de la controversial autora de la estrategia a todo lo alto y ancho de la portada. Por cierto, fue la última edición impresa de esta revista tras 16 años de publicación continua, como que hubiera sido alcanzada por una pavorosa maldición, por un extraño conjuro, por un designio funesto que habría salido del ojo de la mano que todo lo sabe y todo lo ve desde el despacho presidencial de la casa familiar-partidaria-presidencial de los Ortega-Murillo. Pero, ¡qué va! Me quedé corto en mis presunciones. Todas las previsiones negativas no sólo se cumplieron, sino que fueron sobrepasadas.

No es fácil quedar al descubierto cuando los autores de un proyecto político, conscientes de su naturaleza unilateral e intolerante, tratan de encubrirlo para --mientras llega el día de quedar en evidencia--, ganar fuerzas y, desde el Estado, usando todas sus herramientas, organizar y fortalecer otro poder, el poder familiar, el poder del grupo que controla al FSLN. Intentaron enmascarar la verdadera naturaleza autoritaria y atropellante de su proyecto para ganar tiempo y avanzar en la reconstrucción de sus organismos de masas y en particular de su nueva “base popular” y fuerza de choque, los Consejos del Poder Ciudadano; también en la neutralización de las Fuerzas Armadas (Ejército y Policía); y en la restauración ilegal de su propio organismo conspirador y de seguridad.

Pero han sido obligados a descubrirse en su verdadera personalidad dictatorial, porque la puesta en marcha de su proyecto intolerante comenzó a generar contradicciones por doquier, al chocar con diversos grupos sociales, al irrespetar espacios de libertad de fuerzas organizadas. Sólo mentes divorciadas de la realidad pudieron concebir que no habría resistencia a un plan antinacional y antidemocrático. Y ante las resistencias que fueron generando en diversos escenarios, en vez de tomar en cuenta las realidades diferentes y contrarias, darles su lugar y tratar de llegar a un consenso, se volcaron de manera vulgar y atropellante para imponerse por la fuerza sin importar los costos.

Sus campañas denigratorias contra periodistas y otros comunicadores sociales, defensores de los derechos humanos, dirigentes sociales y destacados intelectuales; sus ataques y acciones represivas a organizaciones de la sociedad civil; sus atropellos vandálicos a medios de comunicación social; su discurso hostil y confrontativo divorciado de lo que debe ser el mensaje de un verdadero estadista; sus ataques a la comunidad internacional y su desprecio a la cooperación extranjera; así como el vergonzoso fraude y robo electoral en los comicios municipales, desnudaron el verdadero rostro de un gobierno totalitario que adversa los intereses nacionales. Por si faltaba algo, el Presidente ha pretendido sustituir con decretos a la Asamblea Nacional. Legisló en materias exclusivas de los diputados, irrespetando la ley y la institucionalidad.

Los gravísimos excesos del FSLN hicieron que cayera la máscara que sus propagandistas vinieron construyendo arduamente desde la campaña electoral de 2006, con su hipócrita discurso de “reconciliación y unidad nacional” y su falso y cínico “amor en contra del odio”. Siempre recuerdo una explicación que a un grupo de periodistas del diario Barricada dio el Comandante de la Revolución Tomás Borge Martínez. Era algo obvio, así que lo valioso era que lo dijera él, y que lo expresara desde una perspectiva conspirativa. Explicó que, dada la naturaleza represiva del MINT, como de todo ministerio de su tipo, era importante que en la propaganda se tratara de disminuir esta característica tan propia de dicha institución, y que por ello se había creado un eslogan totalmente contrario a la esencia de este organismo estatal, que contribuyera a darle una imagen opuesta a lo represivo, es decir, una imagen benigna. El lema era: “Centinela de la alegría del pueblo”. Una metáfora cruel.

De la misma manera el gobierno del Frente ha tratado de encubrir su excluyente, intolerante e irrespetuoso proyecto familiar-partidario no nacional, con frases, lemas, colores y símbolos que expresan lo contrario de su verdadera naturaleza opresora y antidemocrática. Otros articulistas de EL NUEVO DIARIO han abordado ya el desalmado operativo de la cúpula gubernamental para manipular desvergonzadamente los sentimientos religiosos genuinos de la mayoría de los nicaragüenses.

Pese, pues, al encubrimiento oficial, la máscara ha caído, y aparece al descubierto el verdadero y horrible rostro de quienes en otra época histórica en realidad fueron héroes al luchar por la redención del pueblo nicaragüense, pero que se convirtieron en opresores al adquirir y copiar características de quienes contribuyeron a derrocar. Gran parte de la población ya logró reconocer en la áspera y brutal mirada retorcida de los gobernantes, una grave amenaza a la libertad y a todos sus derechos elementales.

Seguramente los estrategas de la cúpula del Frente no previeron que fueran a ponerse al descubierto tan prontamente como antes de cumplir sus primeros dos años en el gobierno, con lo que cada vez tendrán más dificultades para imponer forzadamente su proyecto dictatorial. Ahora están casi aislados en el plano internacional y en el nacional, donde al menos el sesenta por ciento de la población los adversa, así como amplios sectores organizados como la sociedad civil, los intelectuales y la Iglesia Católica. Y aunque pasaron dos años agrediendo a medios de comunicación, periodistas y otros comunicadores, no lograron doblegarlos, lo cual es esencial, porque éstos constituyen la primera línea de defensa de la libertad de todos los nicaragüenses.

*Editor de la Revista electrónica Medios y Mensajes.

gocd56@hotmail.com