Jorge Eduardo Arellano
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Institucionalidad es el reinado de las instituciones que significa el proceso en que se llega a algo permanente, hacer que algo surja como entidad estable, aludiendo a ordenamientos de la vida social. Cuando ese reinado de las instituciones es frágil y débil, el ordenamiento de la vida social es también débil y los riesgos en esa sociedad se aumentan.

Hablo de lo anterior, porque mientras no exista comprensión de la importancia de crear y consolidar la institucionalidad en nuestro país, tampoco habrá comprensión del porqué el debilitamiento institucional conlleva el aumento en los niveles de riesgo. Ese aumento atenta no sólo contra la estabilidad del país, sino contra las posibilidades de que el país mismo se desarrolle y pueda así lograrse la reducción de la pobreza.

En la medida que el riesgo sube, en esa misma medida se acrecientan las limitaciones de la economía, ya que los agentes económicos, que son los llamados a empujar el crecimiento, se ven forzados a actuar con menos dinamismo. Cuando los riesgos son altos se prefiere retrazar las decisiones de nuevas iniciativas, lo cual atenta contra el crecimiento y contra la lucha por reducir la pobreza.

Por ello, al concluir el primer año de gobierno del Presidente Daniel Ortega, creemos que es necesario que para que 2008 sea mejor, el Ejecutivo tiene que cambiar su enfoque centralista, y tiene que contraer un claro compromiso en consolidar la frágil institucionalidad que vive nuestro país. Esto conlleva el respeto a la independencia del sistema de “pesos y contrapesos”, que debe existir en una sociedad democrática, liberando a las instituciones para que actúen apegadas a estricto derecho, y no a merced de decisiones ajenas a su propia naturaleza. Se necesita consolidar un Poder Judicial, Legislativo, Electoral, independiente y profesional, para que estas instituciones se refuercen y al así hacerlo, se contribuya a reducir los riesgos que crean la incertidumbre y la inestabilidad. El centralismo, además de atentar contra la institucionalidad, ha demostrado que sólo genera ineficiencias y corrupción.

¡Digámosle sí a la institucionalidad, digámosle sí a la separación de los poderes, digámosle sí a la reducción de las incertidumbres; y digamos con firmeza no a las acciones que conllevan crear incertidumbre e inestabilidad. ¡Digamos no de una sola vez al doble discurso!, digámosle no al discurso confrontativo y retórico, ya que todo ello retraza el avance de nuestra sociedad!

*Ph.D.