Jorge Eduardo Arellano
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La comunidad internacional declaró el año 2009 como “Año Internacional de la Reconciliación” a instancia del Estado nicaragüense, y concebida y promovida, dicha iniciativa, por el Instituto “Martin Luther King” de la Upoli.

Con esta resolución, las Naciones Unidas estaban manifestando su convicción de que el paradigma de la reconciliación es necesario, vigente y urgente para enfrentar la profunda crisis que vive la humanidad por factores históricos y actuales: guerras y conflictos entre estados, violencia entre gobiernos y sociedad, destrucción de nuestro ecosistema, el deterioro acelerado y letal del medioambiente, la violencia contra la mujer y la niñez, la pobreza, las contradicciones culturales, religiosas, generacionales, que han hecho de la nuestra, una humanidad rota. La comunidad internacional llama a superar esas grandes fisuras a través del ejercicio de la justicia, la búsqueda de la verdad, el apego al derecho internacional, la palabra dialogal y negociadora y la reconciliación. Es un instrumento para la búsqueda de una paz duradera que supere el prolongado conflicto en el Medio Oriente que deviene periódicamente en actos de genocidio que estremecen al mundo: Zabra y Chatila, ahora la franja de Gaza; el desangre de Colombia, las tensiones entre países nucleares Pakistán y la India, el obsoleto pero dañino bloqueo norteamericano a Cuba.

Muchas instituciones y organismos de la sociedad civil internacional se han hecho eco de esta iniciativa y se movilizan en función de dar contenido a nivel local, nacional e internacional a este paradigma. Ejemplos elocuentes: el Consejo Mundial de Iglesias, CMI, la Red Internacional de Redes Ubuntu, Fundación Internacional Cultura de Paz, Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, entre otros.


Que pasa en y con Nicaragua
En Nicaragua vivimos una paradoja, en el sentido de que siendo el Estado que llevó la iniciativa a las Naciones Unidas, no sea nuestra sociedad precisamente un ejemplo de reconciliación y de construcción de una paz con justicia duradera. El padre Miguel D’Escoto, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en una visita a Nicaragua me comentaba que él no percibía que hubiera logros en términos de la reconciliación, desde su punto de vista lo atribuía a los ataques sin tregua y muchas veces basados en la calumnia de la oposición, lo cual contenía una parte de la verdad, pero no toda, pues aun con los esfuerzos del gobierno sandinista de llevar mejores condiciones de vida a los pobres de esta tierra (Programa Hambre Cero, Usura Cero, Plan Techo, Alfabetización etc.), ello representa una parte tan sólo de lo que podría abonar a una Nicaragua reconciliada. Y es que la reconciliación es obra de gobierno y sociedad, su fracaso es la derrota del país.

Es en el terreno de la política nacional e internacional en el cual se produce y reproduce el caldo de cultivo de nuestra polarización y aislamiento internacional, de allí que es necesario aprovechar este nuevo año para hacer un viraje brusco, radical, en la línea que se ha seguido en estos dos ámbitos.

El gobierno debe ser capaz de entender y manejarse en una sociedad como la nuestra, de distintos sectores, intereses, organizaciones, correlaciones de fuerzas que no están siempre de su lado, de allí que la experiencia riquísima del sandinismo para dialogar, negociar y llegar a acuerdos, sea una necesidad crucial en este año al que entramos sumamente complejo y difícil. Pero también la oposición debe reconocer y saber diferenciar los intereses nacionales que nos deben unir, de aquellos partidarios que aun cuando nos separan, son legítimos.

El Frente Sandinista debe tratar, en este año de reconciliación, de recomponer, en primer lugar, las relaciones quebrantadas con todos aquellos miles de sandinistas que por distintas razones conforman la diáspora del partido, y que en miles de ellos hay un pasado rico en entrega, formación, capacidad política, profesional y experiencia, y que incluso, está probado que prefirieron desoír la consigna “Todos contra Ortega” en las elecciones municipales, para no votar por el representante del capital financiero, que ha doblegado a Nicaragua, y votaron por su alternativa más cercana, la del Frente Sandinista. Debe consolidar su alianza con la Convergencia y avanzar en su compleja relación con la Resistencia Nicaragüense, ahora que sus bases son destinatarias de importantes programas materiales para su existencia.

El gobierno debe abrirse al diálogo con toda la experiencia que comporta, no al diálogo coyuntural y del acuerdo inmediato pero efímero, sino al diálogo nacional con los actores estratégicos de la sociedad, desde la perspectiva de entender la legitimidad de sus reivindicaciones, pero también de saber exponer y convencer con sus posiciones y fundamentos.


Retomando la coherencia internacional.

El supremo gobierno y la oposición deben hacer un frente común internacional para conjurar la actual crisis. Aun en los peores tiempos de la guerra, la oposición cívica endosó muchas veces su respaldo al anterior gobierno sandinista a nivel internacional, para no incrementar aún más el daño de la guerra a nuestro pueblo y acelerar el advenimiento de la paz (quien hilvana esta nota fue secretario técnico por parte de la Cancillería en los distintos diálogos nacionales que se desarrollaron internamente con la oposición cívica). Las embajadas y nuestras misiones en el exterior deben jugar un papel más beligerante y creativo en términos de la información ante los gobiernos, organismos y sociedad de los países ante los cuales están acreditados. Es para quedarse perplejo la debilidad que muestra el gobierno en el frente externo, en el sentido de no saber proyectar sus logros, las dificultades reales, las oportunidades para la inversión, su seguridad y las aclaraciones pertinentes sobre lo que pasa en nuestro país, cuya ausencia ha ido creando una imagen de Nicaragua completamente negativa, que nunca antes la tuvo, conste que éste no es un problema sólo de Cancillería, sino de Estado.

La política exterior de un país pequeño y débil como Nicaragua no puede ser de exclusión, de aislamiento, mucho menos de confrontación, sino más bien de las más amplias y diversas relaciones diplomáticas y políticas. Debemos aprovechar la nueva administración norteamericana para desarrollar un extraordinario trabajo orientado a establecer relaciones de respeto, dignidad y cooperación, lógicamente el punto de partida será siempre el núcleo de interés común: TLC, seguridad regional, narcotráfico, trata de personas, terrorismo, entre otros, pero que podría enriquecerse redimensionando el ámbito cultural entre ambas naciones, que es un espacio de conocimiento, comprensión y afianzamiento de otros niveles de las relaciones.

Nicaragua puede aportar estructurando una agenda de lo que espera como contenido de las relaciones de Estados Unidos con América Latina, y en particular con Nicaragua. De la misma manera, se debe hacer un esfuerzo para cambiar la aproximación que últimamente hemos tenido con Europa. Existe allí mucha desinformación, pero el trabajo se tiene que dirigir a las grandes ONG e iglesias que tienen un peso decisivo en la orientación de la cooperación internacional de sus gobiernos, y es a esos sectores hacia donde debe dirigirse una labor de información y de esclarecimiento.

¡Basta ya de retórica vacía!, en el contexto de los gobiernos progresistas de América Latina, a Nicaragua se le empieza a ver como un país intemporal, que contrasta con la frase de Raúl Castro en la Cumbre de Brasil, de que frente al derrumbe de la globalización capitalista, debíamos estar abiertos a nuevos paradigmas. ¡Basta ya también de los ataques arteros de sectores de la clase política en contra de los intereses de su propio país!

La iglesia, los medios, el sistema educativo y la reconciliación
La reconciliación, como superación creativa de los conflictos y construcción de paz duradera, aun cuando es un fenómeno humano, sin la cual el individuo, la sociedad y las comunidades no podrían sobrevivir, nos compete a todos, pero fundamentalmente es un precepto que la iglesia lo ha reivindicado como elemento central del mensaje cristiano, y como una acción liberadora de Dios, es por ello que nos dirigimos no sólo a la clase política, sino incluso con mayor énfasis a la Conferencia Episcopal Católica y Romana y a las iglesias evangélicas para que asuman urgente y radicalmente el compromiso y la obediencia de la reconciliación.

Otros sectores estratégicos que están llamados por razones éticas, morales y de su propia naturaleza a coadyuvar para alcanzar una Nicaragua reconciliada son los medios de comunicación y el sistema educativo, dada su influencia en la formación de mentalidades y comportamientos de amplios sectores de nuestra sociedad.

Que cada púlpito, que cada medio de comunicación, que cada escuela, colegio y universidad sea un bastión de la educación para la paz y la reconciliación en 2009. Que este año, aun frente a los signos aciagos que presenta, trabajemos los que piensan y no piensan como nosotros, reconociendo la legitimidad de tantos intereses en nuestra sociedad, para resarcir las injusticias que nos han dividido, buscar la verdad que nos libera y que, la reconciliación, la unidad y la paz con justicia, sea el lema que nos una y reúna, con lo cual enfrentemos los complejísimos desafíos que ya han comenzado a plantearse a nuestros país y sociedad.


*Director Instituto “Martin Luther King”, Upoli