Jorge Eduardo Arellano
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El joven senador Barack Obama, descendiente de kenianos pobres que aún habitan entre moscas y leones de la sabana africana, se apuntó otra raya y dio la sorpresa al ganar las elecciones presidenciales en el más poderoso imperio de América y de toda la tierra. La llegada al poder de un hombre negro a la Presidencia de Estados Unidos alegra a gentes de todos los lados, pues se percibe que la sociedad gringa a madurado bastante como para aceptar que alguien que hasta hace poco más de 50 años no tenía siquiera derecho a una butaca en un autobús, ahora vaya a ocupar el sillón presidencial del águila y los halcones.

Y es que es probable que la sociedad gringa haya comenzado a madurar un poquito, hastiada de tanta estupidez y crímenes de lesa humanidad cometidos por su dos veces presidente Bush, quien sin ningún escrúpulo ordena una guerra eterna mientras conspira con el gran capital para saquear a su propio pueblo, como lo está haciendo ahora en estos tiempos que la crisis le delata su maldosa lealtad a las corporaciones financieras y al capital especulativo.

El triunfo de Obama ha suscitado elogios y admiración hacia su persona desde Australia hasta África, pasando por China, Oriente Medio o cualquier lugar del mundo. La comunidad afrodescendiente lloró de felicidad por el resultado y llorará hoy 20 de enero en la multitudinaria toma de posesión presidencial. Para llegar a la cima --como cualquier político-- Barack tuvo que recorrer un rápido pero difícil camino dentro del Partido Demócrata, donde los codazos, las descalificaciones racistas y acusaciones salvajes son una constante. Primero tuvo que salirle al paso a una dama negra que le disputó la nominación senatorial y posteriormente acabar con las aspiraciones de una dama blanca, doña Hillary, de ser la nominada para la candidatura presidencial.

Todo esto se dio a través de un proceso y un fenómeno mediático en el que la figura espigada y teatral del presidente electo surgía ante los ojos de sus electores y del resto del mundo como una verdadera alternativa a los años de tensión, guerra y recesión a los que los han sometido las dos administraciones Bush, es decir, que con la llegada al poder del primer negro en la historia de ese país se cree que iniciará un nuevo período de estabilidad, civismo, paz y prosperidad. No solamente los ciudadanos estadounidenses, sino que todos en el mundo quisiéramos creer en el inicio de una nueva era en la que la diplomacia, la paz, la armonía y el respeto entre las naciones y los pueblos sean la pauta para resolver los graves y angustiantes problemas en este mundo globalizado. Sin embargo, si nos atenemos a los hechos y a los antecedentes inmediatos tendríamos que señalar algunos elementos fundamentales para saber la dirección del gobierno obaniano:
Al ganar la nominación por el partido de los mulos, la primera gran reunión y lobby la tuvo que hacer el candidato con los líderes judíos representantes del capital y el gobierno sionista en el país del norte, a quienes llegó a convencer que aun siendo negro y descendiente de musulmanes la política de Estados Unidos frente a Oriente Medio seguiría siendo la misma, es decir, de sociedad y apoyo incondicional a la criminal y permanente campaña del Estado de Israel en contra de los pueblos árabes y especialmente contra la población palestina en los territorios ocupados.

Al terminar el año y en medio del trajín de traspaso de mando en Estados Unidos, Israel ha desatado una gigantesca y atroz carnicería en contra del pueblo árabe de Gaza bajo espurios argumentos que sólo reflejan el círculo vicioso de la ocupación sionista. Después de una semana de bombardeos indiscriminados en una operación interminable, más de 80 niños han muerto destrozados y apilados entre los más de 500 cadáveres mayormente civiles de mujeres, ancianos y personas que cometieron el único pecado de votar masivamente por Hamas, quien democrática y constitucionalmente llegó al poder por la vía electoral. Israel y Estados Unidos jamás reconocieron a Hamas.

Sobre la sangre de los mutilados, muertos, heridos y espantados palestino, cae el silencio cómplice, servil y criminal del futuro presidente Obama, pues si bien es cierto todavía no asume el cargo para el que fue electo, como persona, como negro, como ser humano, debió haberse pronunciado por la continuidad de una negociación estancada y no por el genocidio del cual su país y ahora también él son responsables.

Decía el aguerrido vencedor de gringos y europeos, el Tío Ho Chi Min, que los republicanos son señores con blancos sombreros y que los demócratas son señores con sombreros blancos. Ojalá que gringos y sionistas no olviden al mundo, a Vietnam y sus lecciones.

Con el sombrero de Sandino, mi solidaridad, cariño y oraciones para el pueblo palestino, para la gente de Gaza.


jinotepino@hotmail.com