Jorge Eduardo Arellano
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Me causa profunda tristeza observar cómo en los últimos días nuestros políticos atrincherados en los diferentes Poderes de Estado han estado sometiendo al pueblo nicaragüenses a una crisis política, en la que cada cual dice tener la razón y el derecho. Por una parte el Poder Ejecutivo alega que tiene facultad constitucional de Organizar los Consejos del Poder Ciudadano; por otra, los diputados en el Poder Legislativo esgrimen tener la facultad legislativa de prohibir la existencia de los CPC y finalmente el Poder Judicial, a través la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, arguye que tiene facultad de declarar inconstitucional un proyecto de ley en proceso de formación. Cada Poder de Estado denuncia al otro de estar invadiendo sus atribuciones constitucionales. El quid del problema es que nadie quiere ceder un milímetro de terreno en sus posiciones, al punto que ya hay voces altisonantes, en el que hay acusaciones de dictadura, de cañones de 52 milímetros, de perros rabiosos. Todo parece indicar que los nicaragüenses se están preparando para enfrentarse una vez más como enemigos en una guerra a ultranza.

En esta crisis se está aplicando el adagio popular que dice “en río revuelto ganancia de pescadores”, en el cual los medios de comunicación social (escritos, hablados y televisivos), están teniendo un rol muy importante, pues en vez de echarle agua al fuego, le están echando leña, con lo que la crisis no se resuelve, sino que la profundizan aún más. Lo dicho se comprueba con sólo leer los titulares de los principales diarios del país, con los editoriales y comentarios que hacen los presentadores de televisión. El papel que están desempeñando los medios de comunicación no es patriótico, no es nacionalista, se percibe en el ambiente un mal sabor, como que si a los nicaragüenses nos estuviesen llamando a enfrentar a un enemigo allende de nuestras fronteras, cuando el asunto es interno, ya que el conflicto es entre nosotros mismos, en el que los implicados son nacionales convertidos en políticos, quienes se destrozan y se despedazan a diario, todo por una miserable cuota de poder. Ya es tiempo de que los medios de comunicación social asuman con toda seriedad su responsabilidad en este conflicto y jueguen el rol que tienen consignado en la Constitución Política, sean un factor de estabilidad, de concordia y equilibrio, no de inestabilidad política, es necesario que los medios de comunicación social sean orientadores, educadores y forjadores de valores positivos para beneficio de la patria.

Asimismo es menester que nuestros líderes políticos (Daniel Ortega, Arnoldo Alemán, Eduardo Montealegre y otros políticos) dejen de actuar como niños malcriados, que hacen todo un berrinche porque simple y sencillamente no les satisfacen sus deseos y caprichos. Es preciso que nuestros políticos encastrados en los diferentes poderes de Estado tengan un mejor comportamiento ante la sociedad, acorde con la alta investidura que ostentan (Presidente de la República, diputados de la Asamblea Nacional, magistrados de la Corte Suprema de Justicia), y busquen en conjunto soluciones a sus diferencias como personas adultas y maduras que son, por medio del diálogo y el consenso, que hagan a un lado actitudes caprichosas, soberbias y arrogantes que a nada conducen, que son un mal ejemplo para todo el pueblo de Nicaragua. El mundo nos observa y la comunidad internacional no entiende porqué los nicaragüenses, teniendo el país tan pobre y atrasado en lo económico y social, nuestros pseudodirigentes políticos están continuamente metidos en pleitos y problemas políticos inocuos, cuando esas energías deberían emplearse en la atención y solución de las ingentes necesidades que tiene el pueblo. Los políticos proceden y se comportan como infantes, ya se ven golpeando las puertas de organismos internacionales poniendo quejas, para que vengan otros a resolverles los problemas que ellos originan y que son incapaces de solucionar. Con semejante conducta demuestran la inmadurez de que están plagados, olvidando los graves problemas que nos aquejan, como el hambre, el desempleo, la falta de salud, la educación etc., etc.

Todos debemos trabajar para forjar la Nicaragua del futuro, en la cual tengamos cabida todos sin excepción. Los políticos no deben olvidar nuestra historia, nuestro pasado, nos muestras que las actitudes políticas sectarias, facciosas y de grupúsculos, nunca han tenido un final feliz, muy por el contrario, nos han conducido a la postre a guerrear entre nosotros mismos, con secuelas de sangre, destrucción y muerte para toda la familia nicaragüense, con resultados colaterales sociales de tener una Nicaragua, empobrecida y atrasada, incapaz de sostenerse por sí mismo. Desde hace muchas décadas estamos ubicados en la comunidad internacional como una nación limosnera, por ello en muchos aspectos no gozamos de independencia ni de soberanía, se ha perdido la dignidad de nación por no tener independencia económica.

Si los políticos no quieren por medios civilizados ponerse de acuerdo para zanjar sus diferencias y prefieren continuar con su alharaca con fines publicitarios y narcisistas, nosotros como pueblo no debemos dejarnos manipular ni arrastrar por esas bajas pasiones politiqueras. Ignorémoslos a esos pseudolíderes, cuando vean que nadie los sigue, entonces quizá entren en razón y decidan de una vez por todas oír la voz del pueblo que es la voz de Dios. Sólo el pueblo asumiendo un nuevo papel protagónico en los destinos de la nación tendrá la oportunidad de levantarse, de ponerse de pie, de recuperarse de todos los males que lo aquejan, lo que será posible si le damos una buena lección de cordura, sensatez e indiferencia a los actuales líderes políticos de este desventurado país.


*Abogado y Notario Público.