Jorge Eduardo Arellano
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Es descifrable que, para un profesor de una universidad canadiense su apuesta sociológica estribe en categorías y conceptos occidentalistas y, además puestos en duda por lo que se ha dado en llamar “crítica interna a occidente”: Foucault, Feyerabend, Gramsci, Derrida, entre otros.

Decimos esto porque bien se sabe que en estas universidades la matriz que corre es la del patrón moderno/colonial/occidentalista y, en este sentido, para un profesor de origen latino que ha realizado (a juzgar por sus “análisis”) apenas faenas acomodaticias y “bancarias” en lo que respecta a educación y academia, va a tomar estas categorías de una forma acrítica, simplona y reproductora de lo que en teoría, análisis e interpretación se ha desfasado desde los dorados 60. Valga lo anterior para un escrito de Andrés Pérez Baltodano, publicado el miércoles 14 de enero en esta misma sección. En éste es fácil notar el uso antojadizo de categorías cuestionadas y obsoletas como si fueran las más apropiadas y novedosas para hablar de un proceso, de un proyecto o, de una nueva visión político/social impulsada actualmente en nuestro país por el FSLN.

En otras palabras, Pérez Baltodano trata de aplicar categorías inapropiadas para dar cuenta no sólo del discurso (alocuciones del presidente Ortega) que lidera este nuevo proceso de la Revolución nicaragüense, sino que, al momento de escribir, deja de lado las acciones que dan fe de la coherencia del discurso/acción para valerse de elementos comunes en el “análisis”. Este señor emplea términos como “racionalidad”, “Estado”, “ideología”, “discurso”, entre otros, que hasta este momento han sido la piedra de toque del occidentalismo y que han bregado a la par de su máxima construcción: el capitalismo moderno/colonial.

Llama la atención entonces que Pérez, de igual forma utilice vocablos como “poder”, “Ley” y hasta términos sicológicos con el ánimo de categorizar un proceso que, naturalmente, no comprende, porque (ahí estriba el meollo del asunto) no encuadra en las categorías, metodologías y pedagogías aprendidas por él y que hoy repite de forma acrítica en artículos como el que mencionamos. Es decir, leyendo a este señor uno puede enterarse de que es fácil entrar en la reproducción de saberes y halar de los pelos y, lo que es peor aún, forzar términos y tratar de aplicarlos a una realidad que no puede ni debe estar bajo la premisa del capitalismo/moderno/colonial, pues sabido es que el proceso nicaragüense actual se construye bajo otras propuestas, bajo otros supuestos: poder horizontal o bien desde abajo, consultar para luego actuar, proceso re/distributivo, entre otras propuestas que, de manera obvia no están en Weber, en Habermas o en Rorty.

Diríamos entonces que Pérez Baltodano trata de esgrimir otras relaciones que no emparejan con el verdadero proceso que vive nuestro país, proceso que se ha logrado superando ataques y obstáculos lanzados por las herramientas del capitalismo/moderno/colonial. Es así que las categorías desplazadas en el escrito son las que por siglos se nos han vendido como las apropiadas para medir las llamadas “instituciones”, los niveles de “democracia”, la “civilidad”. No obstante, la Historia, la experiencia, nos ha demostrado que éstas han sido parte del arsenal autocentrado el cual los otros sólo repiten, sólo reciben (ya Sartre lo dejaba claro en un prólogo a Franzt Fanon). En este sentido los ejemplos que el mismo Pérez menciona son parte de la historia moderno/colonial/segregacionista/patriarcal/marginalizadora construida sobre la base de la racionalidad del discurso reclamada por este señor: Pinochet, Somoza, y se puede escribir un racimo de ejemplos como frutos preciados de la racionalidad discursiva: el holocausto en contra de los pueblos originarios en América. ¿Acaso los colonizadores no hablaban en nombre del más alto discurso racional de la época? ¿Walker de igual manera no se inscribe dentro de esta articulación? Asimismo, la guillotina francesa, Hiroshima y Nagasaky, El Plan Colombia, se deben incluir, ¿acaso también Gaza no está dentro de la linealidad discursiva racional de occidente, que ha construido “instituciones” como la ONU o la OEA con sus famosos consejos que Evo Morales llama consejos de inseguridad? Ahí ha desembocado el discurso racional, el estado, las instituciones, la civilidad, la civilización autocentrada/racional instrumental (me salió Weber)/la imperialidad.

Por ello es que Pérez Baltodano no comprende el desarrollo del proyecto revolucionario y las bases en las cuales se sustenta, pues queda claro que éste le quiebra, le rompe el paradigma y no sólo de análisis, sino de entendimiento en lo que respecta a percibir cómo se desarrolla, qué lo mueve, qué lo respalda. Partamos de elementos claves:

a) El desplazamiento geopolítico que se está desarrollando en América Latina, el cual no sólo es desplazamiento de lugar, sino de tiempo, temático y paradigmático, y por lo tanto de concepción. Ésta viene a anular, por ejemplo, la denominada representacionalidad que tan cara le ha costado a nuestros países, y es desplazada por la participación, por el aporte de los sujetos antes en los márgenes, ahora sujetos activos.

b) A partir de lo anterior se puede hablar de la restitución del estatuto político del consultar para construir.

c) A su vez esto nos lleva a un desplazamiento o a una apertura de la llamada democracia, en la cual, como se dice en la filosofía Tojolobal: ahora estamos parejos, ahora todos somos sujetos. Esto nos lleva a una re/estructuración del sistema heredado y a una re/fundación del concepto de democracia donde se toma en cuenta las posiciones de la gente, así como los saberes otros y alternativos.

La base para todo ello está en los Gabinetes del Poder Ciudadano, concepto nada asimilado por gente como Pérez Baltodano debido al quiebre que significa en su linealidad conceptual, de ahí su antojadiza interpretación.


cmidenceni@yahoo.com