Jorge Eduardo Arellano
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Un rubicundo Caresol, airoso y cuasi galán caballero como recién llegado de vencer en mil batallas a los espíritus espirituosos de las agresivas fiestas de los estertores del año pasado y comienzos de éste, respaldado por un contorsionista Watson que alegremente saltaba y daba vueltas sin cesar, con fingido tono solemne dijo: “Traigo frescas noticias del Principado Autónomo de Masatepe, que por ahora disfrazadas de cuechos recorren como un fantasma las feraces tierras de nuestros aguerridos comeñudos. Se dice, digo es un decir, que Manuel Obregón y su esposa Nila han sido secretamente elegidos como Sus Altezas los Príncipes de Masatepe. Reunidas en pleno las Libérrimas Cortes del Pueblo, con el quórum requerido, fue apoteósica la aclamación con que Infantes, Duques del Mondongo, Condes de la Masa de Cazuela y pueblo de todas las comarcas, los eligieron, eso sí, por un período único de tres años que terminará en 2011 sin derecho a reelección. Los Príncipes aceptaron de muy buen grado esta última condición, y se comprometieron a cumplirla y a hacerla cumplir a sus sucesores, a sabiendas, recalcaron, que todo continuismo históricamente ha sido fuente de desgracias, corrupción, pobreza y guerras. Pero no para ahí el asunto –-continuó diciendo Caresol a punto del paroxismo–-, pues de inmediato se dio a conocer que Roberto Currie había sido ungido como Cardenal, para ser garante del fiel cumplimiento de todas aquellas normas y decretos que consoliden la libertad y la justicia en nuestro muy democrático Principado”.

El de Masatepe tomó la palabra: “Confirmo todo lo dicho por Caresol. Incluso que es tan cierto, como que fue a mí a quien Sus Altezas delegaron para hacer del conocimiento de Roberto Currie y leer en público la bula papal por la que se le confiere la dignidad de Cardenal. Pero mejor guardemos el secreto ya que Currie es tan tímido que lo sonrojan honores y cargos que bien sabemos tiene de sobra merecidos y es el más indicado y capaz para ejercerlos con ecuanimidad y sabiduría. Pero este secreto es tanto más importante por el hecho de que todo cuanto ocurre en el Principado Autónomo de Masatepe es lo contrario de lo que ocurre en el Reino Socialista de Nicaragua, de manera que el pueblo, a base de contrastes pueda ir estableciendo la diferencia de dos mundos diametralmente opuestos”. El de Managua estuvo de acuerdo en que aquellas eran magníficas noticias, aun cuando expresó su desconcierto en lo referente al porqué guardar un secreto que ya no era un secreto pues hasta nosotros, los caminantes, lo sabíamos. La respuesta de Caresol fue contundente y demoledora: “Porque todos sabemos que en Nicaragua la mejor forma de divulgar una noticia es diciendo que es un secreto”.

Ninguno pudo evitar sonreír maliciosamente, a sabiendas que aquella era una verdad del tamaño de una catedral y con el valor de un dogma. En esas elucubraciones se encontraban, cuando proveniente del Reino Socialista de Nicaragua llegó, todo polvoso y fatigado, el emisario Real del Principado Enrique Alvarado, quien cual Quijote, nada más descabalgar de su Rocitante, agitadamente, como un papalote, nos hizo partícipes de los últimos acontecimientos: “La Convergencia acaba de naufragar en su propia complacencia. Agustín Jarquín y la Niña Miriam Argüello fueron rebajados de Consejeros del Reino que eran, a simples pajes. El Rey, sin dificultad alguna llegó a un acuerdo de dando y dando con su par el Emperador de los liberales, para lograr la Presidencia de la Asamblea a cambio de oficializar la libertad que ya tenía el Emperador. Fue algo así como un acuerdo entre pandilleros reales a nivel de jefes de pandillas, para que sólo los pandilleros liberales se ensuciaran las manos y los Pilatos danielistas hicieran el circo de enseñarlas pulcras. La Directiva de Bufones de la Asamblea Nacional, junto con todos los diputados de ambas pandillas, se la pasa dizque rezando y paseándose por sus pasillos portando pancartas color chicha que dicen: Cantemos al amor de los amores y se detiene reverente en la oficina de donde salen sus pagos. En fin, que la Asamblea es una mega rotonda de la oración, en donde en las oraciones se pide que los monarcas gobiernen por los siglos de los siglos, aunque sea embalsamados y representados por sus hijos y nietos en las tareas de gobernar. La reelección y la sucesión dinástica ya son un hecho. Hoy por hoy, un día Obando invocando a San Caralampio de Cuapa, y otro día Osorno invocando a Martín Lutero, bendicen cada sesión”.

Tales noticias llenas de muy malos presagios, no dejaron que los caminantes sintieran cierto alivio por vivir en la Democracia del Principado y no en la Autocracia del Reino. Sin embargo, una inquietud onírica iba tomando forma de tormenta en sus conciencias: Que el Principado acabe por imponerse al Reino, es un sueño. Que el Reino acabe por imponerse al Principado, una pesadilla. ¿Qué habrá sucedido cuando despertemos?

luisrochaurtecho@yahoo.com