•  |
  •  |
  • END

El entendimiento al que llegaron Daniel Ortega y Arnoldo Alemán ha resuelto la crisis gestada en torno a la integración de la Directiva de la Asamblea Nacional, pero no ha resuelto, ni por asomo, las causas más profundas de la crisis política de gobernabilidad democrática y, por tanto, de la imposibilidad de dar solución a los agudos problemas económicos y sociales.

El entendimiento al que llegaron, que profundiza su alianza estratégica, fue posible, independientemente de pequeñas circunstancias y regateos de los actores envueltos en la negociación, por la coincidencia de dos hechos fundamentales.

Por un lado, Ortega sintió el ácido de la crisis política en que ha sumergido al país. Con el abrumador rechazo nacional e internacional al fraude electoral y otros abusos, y la cooperación internacional menguando, en circunstancias de una caída del precio del petróleo que le priva de los generosos recursos del Presidente Chávez, Ortega necesitaba de una recomposición radical del cuadro político. De lo contrario, jamás hubiera extendido el sobreseimiento al ex Presidente.

Alemán, a su vez, negoció a su favor la crisis. Se montó en el lomo de quienes en las urnas, en las calles, en los medios de comunicación, o con pronunciamientos gremiales y colegiados de trascendencia, hemos estado defendiendo la democracia, para facturarle a Ortega la tabla de salvación que le extendió.

A corto plazo ambos han ganado. Ortega tendrá algunas aprobaciones legislativas que le permitirán un cierto alivio de la presión internacional, concretamente la de los Organismos Financieros Internacionales, que podrán aprobar algunos préstamos y continuar desembolsando recursos. Esto es lo que más le importa, y por eso continúan desde el gobierno dando manifestaciones de desdén hacia las fuentes bilaterales de cooperación. Se les olvida, sin embargo, que esas fuentes bilaterales son poderosos actores en los directorios de los organismos internacionales.

También Ortega podrá encontrar cierta receptividad en quienes creen que nos debemos abocar a la solución de los problemas económicos, al margen de consideraciones sobre la situación política, como es el caso de algunos dirigentes empresariales.

Alemán, por su parte, se siente tan triunfante, que hasta ha anunciado su candidatura presidencial en 2011.

Pero las causas fundamentales de la crisis permanecen intactas, y la falta de confianza y credibilidad en Ortega se mantiene.

Ortega no ha renunciado a seguir gobernando al margen de las reglas democráticas. Tampoco ha abandonado su proyecto de perpetuarse antidemocráticamente en el poder.

El Poder Judicial continúa absolutamente partidizado y controlado por Ortega. Lo mismo ocurre con el Poder Electoral y la Contraloría General de la República.

Y los CPC siguen siendo policías políticos sobrepuestos a los gobiernos municipales.

Y Ortega no ha renunciado a las fuerzas de choque paramilitares para reprimir.

Ni Ortega está estableciendo condiciones de seguridad jurídica y de confianza política para que aumenten la inversión, la producción y las exportaciones, y haya más empleos y menos pobreza.

Alemán habría, personalmente, dejado de ser rehén, pero tanto él como el PLC siguen siendo rehenes políticos de Ortega, porque así como quitó la personería jurídica al MRS y al PC, y despojó a Eduardo Montealegre de la personería jurídica de ALN, mañana entregará la casilla del PLC a quién le dé la gana. En las condiciones actuales, Ortega es el verdadero dueño del PLC.

Pero Ortega no es el dueño de los liberales y del resto de ciudadanos. Y el fraude electoral ahí está, intocado, y seguirá sin ser aceptado por los ciudadanos y por la comunidad internacional.

Es posible, ante la evidencia que el fraude sigue pesando fuertemente sobre su gobierno, que Ortega acepte entregar a Alemán, vía negociación, algunas alcaldías adicionales, lo cual, de paso, ayudaría a Alemán a recuperar el liderazgo entre sectores liberales. Eso, sin embargo, no resolverá el problema. La única solución aceptable es el recuento de las actas de todas las alcaldías, con técnicos nacionales e internacionales confiables.

Y tiene que haber una recomposición de fondo del Poder Electoral, para que el país recupere el horizonte electoral de 2011 como un momento en que la voluntad popular podrá expresarse libremente.

Y no serán aceptables reformas constitucionales, que de una forma u otra allanen el camino a la instauración de una dinastía.

En torno a esas banderas, quienes nos unimos en las elecciones municipales debemos llevar a todos los rincones del país ese mensaje de aliento y esperanza.


¡Democracia sí, Dictadura no!