Jorge Eduardo Arellano
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La justificación busca ser noble, pero el trasfondo está apenas matizado con detalles retóricos que no buscan más que desviar la atención de la ciudadanía de la verdadera intención de las partes signatarias del ignominioso capítulo que se ha sumado al siniestro pacto político que, por una década, ha tenido cautivo al país arrebatándole oportunidades de desarrollo en pro de intereses políticos mezquinos.

Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral que han salido en defensa del más reciente abrupto jurídico del sistema judicial nicaragüense, como lo es la sentencia que deja en completa libertad al ex-presidente Arnoldo Alemán y lo exime de los cargos por corrupción pública por los que había sido condenado; intentan en vano disfrazar con demagogia la destrucción total
del sistema democrático incipiente en nuestro país.

¿Qué tanto queda de la democracia en el país? No mucho. Casi nada. El impacto que tiene el sobreseimiento definitivo del ex –presidente Arnoldo Alemán es muy negativo, ya que viene a consolidar el oscuro proyecto dictatorial de la pareja gobernante. La negociación a dos bandas entre el PLC y el FSLN excluye a cualquier otro movimiento político en el país y a la sociedad civil.

Instaurar un bipartidismo inicuo y corrupto es ir en contra del desarrollo de Nicaragua. Cerrar las opciones a otros partidos políticos es negarle un lugar a la sociedad en su conjunto para participar de los espacios políticos y de la vida nacional. La liberación de Arnoldo Alemán no significa ningún cambio positivo ni para su partido, el PLC, ni para Nicaragua puesto que ahora que lo han limpiado judicialmente tampoco dejará de andar de la mano con el partido gobernante para seguir disfrutando de una parte del poder.

La reelección presidencial es sólo un asunto de formalismos legales, ya que esta reforma es la pieza que encaja perfecta en el esquema de dictadura institucional que se está forjando. Una dictadura que busca establecer acuerdos que brinden estabilidad política a los partidos pactantes, el FSLN y el PLC, dejando sin opciones a la oposición.

Como ya lo hemos visto en el pasado sangriento de nuestro país, los arquitectos de la nueva dictadura en Nicaragua, esgrimen vanos argumentos como la gobernabilidad, la estabilidad y el interés superior de la nación; todo ello para justificar las consecuencias perniciosas que estos acuerdos políticos mezquinos traerán a la nación.

El proceso de instauración de la dictadura avanza conforme un cronograma preciso y muy bien calculado en el tiempo. La aventura dictatorial del Presidente Ortega en los años ochenta le enseñó algunas lecciones que ahora está aplicando para que su segundo proyecto autoritario tenga más éxito que el primero.

A diferencia de los ochenta, ahora el presidente Ortega y el FSLN están conscientes de que la filosofía que concebía el ejercicio del poder a través de un partido único no le da credibilidad ni sustenta las bases de una dictadura disfrazada de legitimidad. El pluralismo político no es una situación que facilite tampoco el proceso de construcción de su proyecto autoritario. Por ello, la opción de un pacto político con un partido que goza de cierta fuerza, como lo es el PLC, es la mejor táctica que puede utilizar para establecer las bases de la dictadura, ya que le permitirá establecer un aparente bipartidismo que garantice una supuesta alternabilidad en el poder.

Dentro del proyecto del presidente Ortega y su círculo también se han ido cumpliendo una serie de etapas como la intervención y manipulación de los otros poderes del Estado, lo que le facilita un control absoluto sobre la plataforma legal, judicial y electoral del país.

Asimismo, se han ido cumpliendo otra serie de tareas como el acoso, persecución y desprestigio a los medios de comunicación que son los principales agentes generadores de opinión en el país; persecución que se ha extendido a las organizaciones que movilizan a la sociedad y que no están bajo el yugo de los dos partidos hegemónicos.

Otra de las etapas que se han ido cumpliendo dentro del cronograma de este proyecto dictatorial ha sido la de coartar la libertad de movilización de la sociedad. Esta fase ha sido eficazmente garantizada por los CPC y demás agentes de choque que ha desplegado el FSLN a lo largo y ancho del territorio nacional; mismos que tienen la misión de sofocar las marchas de protesta o cualquier otro tipo de manifestación pública en contra del gobierno, recurriendo a la intimidación y a la violencia.

Todo esto se ha venido dando a la vista y paciencia de la sociedad y del pueblo nicaragüense. La dictadura le va a dar estabilidad a un sistema político hecho a la medida de dos caudillos que en un inicio compartirán el poder pero que a la postre quedará en manos del FSLN en su totalidad. La estabilidad de una dictadura resultará demasiada cara para el país. Sin embargo, el camino ya parece completamente despejado para el binomio Ortega-Alemán, puesto que no hay, actualmente, un liderazgo aglutinador de la enorme mayoría de la población que está en contra de este proyecto.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública. Catedrático de la Universidad del Valle de México, UVM.