Jorge Eduardo Arellano
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Los aplaudimos y nos dan la espalda. Votamos por ellos y nos traicionan con sus chanchullos y sus pactos. Pagamos impuestos para garantizar su confort, el de su familia y el de sus amigos. Nos mienten hasta que nos hacen creer que su verdad es una mentira necesaria. Son profesionales del fraude y del artificio.

En sus campañas electorales andan a pie y sin prisa. Durante su período de gobierno andan con chalecos antibalas y en sus grandes camionetas blindadas. Fabrican encuestas, estadísticas y padrones electorales. Reparten sus fotos, banderas y, sobre todo, promesas al granel. La mentira es su verdad absoluta. Son los empleados mejor pagados. No conocen el Salario Mínimo ni el Mínimo Decoro.

Venden a sus amigos por nada y a sus enemigos los compran a cualquier precio. Pueden incendiar un país y después dormir la siesta e ir al entierro de sus enemigos. Leen los periódicos sólo para saber si hablan de ellos. Usan guardaespaldas hasta para verse frente al espejo. Tienen sucia la mirada y turbias las pupilas. El poder es su droga y su amante es la traición.

Duermen con un ojo abierto. Tienen a su Dios metido en su caja fuerte. Firman decretos como si fueran autógrafos. Firman Pactos Políticos como cheques sin fondos. Desconfían de su sombra y de su mujer. Procrean hijos sólo para asegurar sus votos. El soborno y la extorsión son sus pasatiempos favoritos. Odian a los artistas mientras no los puedan usar a su favor. Antes de dar una orden de matar son capaces de besar un crucifijo.

Son estreñidos, no pueden defecar sin leer la Constitución y cantar el Himno Nacional. Cuando hablan con su barbero, su sastre o su médico, encienden una grabadora. Son de mal dormir. Se creen eternos pero temen llegar a viejos y ser olvidados. Usan a la democracia como si fuera una prostituta. Escriben presupuestos como novelas de ficción. Tienen una fascinación impresionante por los tronos, las sillas presidenciales, las tarimas y los aplausos. Leen y Consultan la Biblia como el Directorio Telefónico. Creen que la paz es realmente una paloma para practicar tiro al blanco con ella.

Todo lo que tocan lo corrompen. Siempre tienen una querida y un cura o un pastor confidentes. Después de saludar a sus subalternos se lavan las manos. Hacen pactos con el Diablo y ruegan a Dios para que nadie se dé cuenta. Conspiran hasta contra ellos mismos. Su plan de gobierno es un contrato en el que todo está escrito con letra menuda. Tienen una facilidad asombrosa para reunirse y no llegar a ningún acuerdo.

Los siete pecados capitales son su mejor currículum.

No convencen a nadie pero siempre salen ganando, aún cuando pierden. Son expertos en dividir al pueblo. Son pedagogos de la injusticia y maestros en el arte de enredarlo todo. Usan al pueblo de todas las formas posibles para conseguir ascender. No conocen el asco. Se santiguan al revés.

Cuando no se venden, se alquilan. Creen que los medios de comunicación son sus entenados. Son capaces de mandar a hacer un río para construir un puente. El poder los aleja de la realidad y los envanece. La demagogia es su razón de existir. Creen que la vergüenza es cuestión de beatos. Van a la Universidad para graduarse de farsantes. Luego hacen un master en trampas, traiciones y engaños.

Su ideología es su cuenta bancaria en el extranjero. Cumplen con todo lo contrario de lo que prometen. Ven a la Sociedad Civil como una señora que anda pidiendo trabajo para lavarles los trapos sucios. Pertenecen a un Zoológico en el que las jaulas son sus propias aberraciones. Tienen un rencor incalculable. La honestidad y la transparencia son cosas que amenazan su supervivencia. Utilizan a vándalos, pandilleros, maleantes y delincuentes comunes, para sus higiénicos propósitos. Nunca creen en lo que dicen, sino en lo que piensan y desean. Adoptan la ética para prostituirla con su vocación de camaleones.

Su mala reputación se la achacan a sus disidentes. La Mafia es su madrastra. Necesitan de las armas para justificarse, sin ellas se sienten inseguros. Son prisioneros de sus propias ambiciones. Tienen el oficio más triste del mundo.