Jorge Eduardo Arellano
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La crisis financiera mundial, crediticia e inmobiliaria, ocasionada por el sistema económico y político del capitalismo desarrollado, en primer lugar los Estados Unidos y luego la Unión Europea sin dejar a un lado a Japón es un hecho que a pesar de lo que se ha hablado y escrito a favor o en contra en los últimos cuatro años, los afectados serán como siempre los países emergentes, como se les llama hoy en el mundo de la globalización; sin embargo, si estos países son capaces de comprometerse al cambio por sus propias fuerzas, sin pedir ayuda para responder a la crisis del sistema que lo creo, entonces sí se puede conseguir en las próximas discusiones del G20 lograr imponerse a los países del G7 sobre el colapso financiero para crear un “un nuevo orden global financiero” que defienda los intereses de los países emergentes, entonces, la crisis financiera con el poder de estos países se resolverá.

En relación a lo anterior, países altamente desarrollados del mundo capitalista se enfrentan a la quiebra del sistema financiero mundial y tratan de resolverlo a través de inyectar grandes sumas financieras por medio del Estado para rescatar el capital perdido a los bancos privados en un mundo globalizado de la industria.

No obstante, los países subdesarrollados no tienen responsabilidad en la causa de esta crisis, tal como se sostuvo en la época del endeudamiento del decenio de 1980, el sistema tributario y otros fenómenos económicos de origen tercermundista. Pero de hoy en adelante los países emergentes serán los que contribuirán a diseñar las reformas del imperio financiero en su crisis, pues los han incorporado al sistema capitalista mundial en sus distintas manifestaciones.

Los gobiernos de estos pueblos subdesarrollados tendrán que participar en los cambios al modernizar sus propios mercados, crear sus propias fuerzas financieras y económicas, innovar el multilateralismo desde los mercados regionales y finanzas, que le den fuerza en las decisiones a tomar, de hoy en adelante, en las cumbres del G20 por lo tanto tendrán que tomar partido para definir el rumbo de las nuevas instituciones internacionales económicas y financieras, como el BM, FMI, BID sin dejar de percibir los cambios que necesita la organización de las ONU en el juego de la globalización. Se trata en todo caso de sostener una fuerza en el equilibrio de las decisiones que se toman en las asambleas de países desarrollados. Igualmente se está gestando en el sur del continente una política económica en contra del Consenso de Washington, lo que hoy se le llama el neoliberalismo, afirman su derrota final, según las expresiones de sus creadores en donde da nacimiento a un nuevo orden económico, que aun no tiene nombre.

Además, no sólo se trata de una crisis financiera multilateral sino que toca de raíz el sistema transnacional de la economía real. Se abre así una segunda gran reforma financiera de la crisis conducido al rescate de la banca mundial, de la industria automotriz y comercial, apoyada con miles de miles de millones de dólares por parte del Estado mundial. Esta crisis no es casual, pues para algunos observadores y especialistas dan como seguro la ausencia del control de flujos de capitales, la especulación salvaje y el sistema negativo de verificar el ahorro mundial por parte de EU y Japón. En cierta manera no dejan de tener razón; pero no son los únicos.

Sin embargo, el tema a tratar, es la crisis inmobiliaria, crediticia y financiera que se originó en el año 2006, para no ir más atrás, donde el país, principalmente los EU con sus socios europeos son los responsables de esta crisis multilateral.

La tecnología, la información y las comunicaciones mundiales ya superaron la función del mercado privado sin capacidad de resolverla.

La crisis financiera actual, estalló sin encontrar condiciones para establecer la unidad de la producción real al reformar y separar el sistema financiero a escala mundial con medidas monetarias y especulativas. La cumbre de Washington celebrada el 15 de noviembre del año pasado por el Grupo del G20 incluye países emergentes de economía media como Brasil, México y Argentina, éstos a la vez presionan para no verse excluidos del concierto mundial a la hora de las grandes decisiones.

El G20 ha emitido una declaración final encaminada a vencer la crisis mediante los resultados compartidos en los principios de libre mercado y los sistemas de inversión, mercados financieros regulados, dinamismo, la innovación y la iniciativa empresarial, el crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza, dice la declaración final. Pero lo importante de esta declaración es que no se puede confiar en que tenga éxito inmediato. Como se puede observar dos son los elementos que hay que vencer, el primero es que se reconozca por todos los países, pobres y ricos del mundo globalizado el multilateralismo. El segundo consiste en reformar el sistema mundial de las instituciones financieras, con sistemas monetarios propios en relación a países con facilidad de medio de pago crediticio, que ayude a solventar el mercado planificado y resolver el fenómeno social y económico de la desocupación que va en relación directa a los mercados capitalistas desarrollados ante la crisis financiera e inmobiliaria.

Hay que entender, en primer lugar, la creciente economía globalizada en donde el sistema económico individual está siendo sustituido por el capitalismo colectivo o mejor dicho de Estado; hasta ahí han escalado las fuerzas productivas mundiales operando cambios desde escala nacional, regional y mundial dentro del capitalismo de su tercera etapa.

Se trata de que cada invento técnico, de comunicación, información sea el progreso del sistema mundial financiero para sepultar el capitalismo de tipo neoliberal de mercado privado e impulsar el capitalismo de Estado con todas sus consecuencias. Sin embargo, vemos a las burguesías multinacionales convertirse en imperios de los oligopolios a nivel mundial, en contra de los países emergentes, sin oposición, y en estas circunstancias la producción afecta a los países pobres, que sufren un retroceso en los avances mundiales.

La exportación comercial y financiera a mercados nacionales está siendo sustituida por los Tratados de Libre Comercio es decir el Estado de los países capitalistas desarrollados juega su papel de desarrollo, de exportador de capital y servicio, hoy se convierte el capitalismo de Estado reemplazando al privado y se hace responsable del mercado, de la economía, de las finanzas y el desarrollo productivo, pero eso sí, un mercado proteccionista.

Los gobernantes de izquierda, los partidos de izquierda, las fuerzas de izquierda no han participado en este gran debate y al cambio que estamos presenciando en el mundo del capitalismo globalizado. La clase obrera mundial que tanto defendió Carlos Marx para construir el sistema socialista ha sido, no sólo echada al olvido, sino que ha apoyado las medidas capitalistas y hasta hoy no ha surgido una clase social capaz de hacerle frente al capitalismo oligopólico en las grandes crisis; la clase más revolucionaria se convirtió, si no en reaccionaria, por lo menos en conservadora.

Aquí no existe una clase social para destruir el sistema financiero mundial en cada país como en los días del capitalismo mercantil, como decía Marx en 1848 “la Comuna de París tomó en sus propias manos la dirección de la revolución por la clase obrera”. Hoy no existe esa clase, la clase obrera mundial capaz de hacerle frente a la burguesía financiera para construir un sistema socialista, son los mismos gobiernos del socialismo pragmático que han tomado el poder en los últimos años por vías electorales los representantes de las clase trabajadora los que pueden cambiar la rueda de la historia.

Hay que reconocer en este momento que el fin de una era ante la crisis actual no trae una revolución financiera ni de la economía real, que muchos la desearían; es una época que necesita de gobiernos, hombres capaces, pensadores, titanes de la actividad cambiante donde la burguesía mundial reconozca que su poder está en bancarrota; pero no es así.

Por lamentable que sea, el papel de las organizaciones de izquierda no puede negar que algunos gobernantes de América Latina se empeñan en destruir el capitalismo de los EU. De este modo el estallido de un conflicto social a nivel regional para el cambio socialista no está a la vuelta de la esquina, sin embargo, la izquierda no tiene programa ni proyectos. Aquí en Nicaragua el gobierno de Ortega se apresta a echar preso a sus antiguos compañeros de armas que participaron en la revolución contra Somoza, ya sea a cantautores, el movimiento feminista, periodistas luchando por sus derechos que le dio la revolución y la Constitución y hoy los acusan de delitos, de traición, fraude, lavado de dinero con el lema“de paz y reconciliación”.

Así pues, llegamos al fin de una era neoliberal e iniciamos otra con los mismos instrumentos de la anterior, es decir, el posneoliberalismo. Comienza una nueva etapa, en donde surgirán los oligopolios financieros y bancarios internacionales. Cuando los ríos vuelvan a su normalidad, entonces el Estado regresará a sus antiguos dueños, las empresas financieras y bancarias que hoy fueron confiscadas, intervenidas o compradas, y regresará a las nuevas formas de mercado libre y proteccionista; entonces se pueden presentar condiciones para un cambio mundial de relaciones sociales partiendo de Estados capitalistas desarrollados por la globalización, ya que éste socializó las relaciones de producción a ese nivel, por lo tanto los países emergentes tendrán que tomar en cuenta la ley del capitalismo financiero. No exporta nada como sistema económico de la economía real a no ser bonos, acciones y papeles.