Jorge Eduardo Arellano
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Uno no anochece sin haber empleado o, al menos, escuchado el prefijo ‘mega’ en la composición de alguna palabra. Y es que, cuando nos enamoramos… de las palabras, como que le abrimos las compuertas para que entren –indiscriminadamente- como la moda, aunque incomode. Hemos olvidado, por de pronto, el adjetivo grande y sus matices, porque todo es mega: un huevo de una gansa, megahuevo); un gran error, megaencabe; un cargo lucrativo, megadiputación; un significativo aporte “voluntario” a la policía, megamordida; una persona que no se conforma con lo que le dan, megalagarto; una andanada de piedras a buses con pasajeros abordo, megaprotesta.

Ciertamente, el prefijo griego ‘mega’ significa ‘grande’ y lo encontramos en palabras como megalito (del gr. lithos, piedra), un monumento común en la prehistoria, construido con grandes piedras sin labrar; o el megaterio (‘bestia grande’), enorme mamífero fósil, de la era terciaria y cuaternaria, cuyo esqueleto se conserva en algunos museos.

En medicina encontramos cuatro vocablos formados con mega: megacariocito (célula gigante de la médula ósea); megacolon (tamaño anormalmente grande del colon), megaesófago (dilatación grande del esófago) y megalocefalia, que viene a ser la misma macrocefalia (cabeza desproporcionadamente grande).

La psicología registra un vocablo de uso cada vez más frecuente, megalomanía, para designar el ‘trastorno mental que consiste en la ilusión de poseer grandes riquezas o elevada posición’. En sentido corriente, la megalomanía se define como una ‘actitud de la persona que tiende a hablar u obrar como si tuviese una posición económica o social muy superiores a las reales’. Un delirio de grandezas.

Como un derivado de la primigenia ‘polis’ (ciudad) de los antiguos griegos, hoy tenemos la ciudad de gigantescas proporciones, la gran ciudad, la megápolis.

‘Mega’ es también elemento compositivo de palabras propias de la ciencia y la técnica con el significado de “un millón”, como megaciclo, una voz utilizada en radio para designar la ‘unidad de frecuencia equivalente a un millón de ciclos’; megahercio (megaciclo), hispanización de megahertz, término de la física empleado para significar ‘una unidad de frecuencia en radio, televisión, etc., que equivale a un millón de hercios’; megavatio, palabra de la electrónica que designa la ‘medida de potencia eléctrica que equivale a un millón de vatios’. En informática se dice megabyte para referirse a la ‘unidad que equivale a un millón de bytes’. Cuando se habla de una unidad explosiva de grandes proporciones destructivas, se emplea el término megatón, que equivale a un millón de toneladas de trinitrotolueno.

Con el significado de ‘amplificación’, el prefijo ‘mega’ es usual en palabras como megáfono, ‘artefacto usado para reforzar la voz cuando hay que hablar a gran distancia’.

Parece que este prefijo corre ya por todo Centroamérica, pues en Guatemala hay una industria del plástico denominada “MEGAPLAS”, y a sus productos los promociona como “megaprácticos”. Y no es de extrañarse porque la BBC, al referirse a la gran manifestación de los hispanos en Estados Unidos reclamando sus derechos, habla de “megamarcha”: La “megamarcha”, como la bautizaron sus organizadores, congrega, además, a representantes de organizaciones campesinas, religiosas y estudiantiles. BBC (Mundo. com sábado, 25 de marzo de 2006). Y en Wikipedia se lee: Bolivia es un país multiétnico, multicultural y megadiverso con mucha riqueza cultural, natural y arqueológica.

En Nicaragua es significativa la enorme difusión de este prefijo con el significado de ‘grande’ antepuesto a cualquier sustantivo para magnificar o simplemente matizar el sentido. Y la primera palabra con la que se irrumpe en el territorio de los ‘megas’ es, precisamente, megasalario (= salario exagerado): Usted puede creer que los megasalarios son morales porque están aceptados por la ley. (END/02/07/2003, p. 8). Y como hay megasalarios hay, consecuentemente, megaasalariados: “Aquí, dijo el megaasalariado, nunca hay tanta gente comprando en los supermercados… (LP/08/08/2004, EAS).

Después vienen otras voces, concomitantes y de uso corriente, megapensión (= pensión exagerada): Los diputados vamos a apretar el botón contra las megapensiones porque somos soberanos… (LP/18/06/2003, p. 3 A). Y como es lógico, un reconocimiento ‘justo’ por un servicio prestado megaliquidación (= pago exagerado por liquidación de servicios prestados)… asegura que los gastos con la tarjeta de crédito American Express, ya fueron subsanados con una “megaliquidación” de salarios. (END/28/08/2003). Pero vienen los problemas, porque no todos comprenden las cosas como uno quisiera: Pareciera una actitud, como un silencio cómplice ante lo que ya se perfila a todas luces como un intento de un megafraude. (END/01/12/2003, 13 A). Por eso, las consecuencias vienen a gran escala, un lógico escándalo de gran repercusión: Ya antes había caído el nunca bien investigado megaescándalo del estatal Banco Nacional de Desarrollo. (BdeN/07/07/2003, p. 4)
Como vemos, ahora, todo es ‘mega’: un megadiccionario, una megatienda, una megacartelera. Dice Cervantes en el Quijote: “Come poco y cena más poco, que toda la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Y ya lo ve: una megacomilona y sobre todo una megaestudipiez: La mega-estupidez de la semana “Los USS 3.500 netos mensuales para 91 diputados están acordes a la realidad del país”. (LP/17/07/05, suplemento EAS).

¿Dónde encontramos explicación a ese uso cada vez más creciente del famoso ‘mega’? Quizá responde en parte a ese afán de la exageración, de la hipérbole. Por eso, cuando estemos frente a un tipo holgazán de marca mayor seguramente le vamos a decir: MEGABOLUDO.


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