Jorge Eduardo Arellano
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Reducir la jornada laboral en las instituciones estatales es una de las numerosas decisiones que, con la finalidad de reducir al máximo los costos de operaciones y paliar los efectos que en Nicaragua tendrá la crisis económica mundial, adoptó gobierno de Nicaragua en su Plan Económico 2009. Sin embargo, en su aplicación práctica, esta acertada decisión no debe, por ningún motivo, entenderse como sinónimo de trabajar menos, sino en hacerlo mejor, en cantidad y en calidad. No obstante, para alcanzar los objetivos que motivaron esta disposición, se deben revisar, y adecuar, los métodos y estilos de trabajo de cada colectivo de trabajadores que hacen posible que las instituciones sirvan con eficiencia a la población.


El Gung Ho (transliteración de la voz china kung, trabajo, y ho, juntos), es una técnica gerencial para aprovechar al máximo y con eficiencia el potencial de las personas que laboran en una institución o empresa. Consiste en que los trabajadores estemos convencidos de que nuestro trabajo, desde la función más sencilla hasta la más compleja, es importante para la sociedad. Se caracteriza porque los trabajadores ejercemos control sobre nuestro trabajo, y trabajamos juntos, en función de alcanzar metas y objetivos comunes a nuestro centro de trabajo y, en este caso, a los que en su conjunto se ha trazado el gobierno para sortear la tormenta mundial, de cuyas marejadas no saldremos indemnes.


El estado de Gung Ho reposa sobre tres concepciones de la milenaria cultura china: el espíritu de la ardilla (por su trabajo constante), el estilo del castor (que trabaja sin necesidad de tener “capataz”), y el don del ganso (que con sus graznidos entusiasma a la parvada a seguir adelante). Esto nos muestra que en nuestro entorno podemos encontrar soluciones a nuestros problemas. Sólo basta ver más allá y abrir un poco más la mente. Si no lo hacemos, nos encerraríamos en un mundo estrecho.


El espíritu de la ardilla: Consiste en conocer el por qué de nuestro trabajo y su importancia para la sociedad. Para alcanzar ese espíritu debemos trabajar en pos de una meta compartida por todos, establecida en equipo, la cual posea todo el interés, apoyo y compromiso de la gente que ha participado en el proceso. Esta meta marcará la trayectoria, desde nuestro punto actual, hasta donde queremos estar en el futuro. El jefe único en una organización Gung Ho son los valores. Ellos son la guía de los planes de trabajo y éstos sólo serán realizados bajo sus órdenes. Todas las decisiones y actuaciones deben hacerse en base a los valores, pues éstos son las bases en las cuales podemos confiar, los que “sostienen el esfuerzo”. Estos elementos son los que lograrán que el trabajador se sienta importante realizando su actividad y que valore lo que hace, de tal forma que adquiera sentido de pertenencia y “el amor propio”. Entonces, es determinante comenzar por definir los valores que guiarán nuestro desempeño en cada centro y puesto de trabajo.


El estilo del castor: Consiste en hacer lo que estamos en capacidad de hacer. Hacer “lo correcto de la forma correcta”. Ejercer el control de manera independiente para alcanzar las metas. Los gerentes deben ser capaces -como orientaba Carlos Fonseca Amador- de asignarle a cada quien las tareas que esté en capacidad de desempeñar y dejar que éstos se encarguen de su labor. El papel de los gerentes es de gran importancia en las instituciones estatales de Nicaragua, donde, hay “gerentes” y “directores superiores” que están en el cargo por fidelidad política y no por conocimientos. Por eso, y con mayor razón, deben apoyar sus decisiones en los trabajadores, que son quienes saben cómo se hace el trabajo y no por medio de sus propias inspiraciones “superiores”. Por su parte, la institución debe apoyar a las personas y valorarlas como tal. A medida que esto se haga, los trabajadores asumirán más control. Además de esto, les debe exigir un poco más, considerando sus capacidades y destrezas. Debe asignar trabajos que exijan lo mejor del personal y que les permita aprender. Los gerentes deben ser “jefes sin ser mandones”, y deben darles información, para que cada quien sepa para qué sirve lo que está haciendo.


El don del ganso: Es la fuerza que impulsa a la gente durante la realización de una misión verdadera. Los gerentes y colaboradores deben apoyarse y alentarse, constante y mutuamente, para darle al trabajo entusiasmo y positivismo, para lograrlo es necesario satisfacer las necesidades básicas del individuo con una justa remuneración, y felicitaciones, las que son muy importantes porque ayudan a que las personas recuerden que lo que están haciendo es valioso para lograr las metas compartidas. Exige hacerse a un lado cuando un miembro del equipo realiza un proyecto de gran importancia, sin ejercer presión o control sobre éste, y otorgar premios a los que han trabajado excelentemente.


Si queremos ser gerentes exitosos debemos ser capaces de ver el futuro, lo que nos guiará en el camino para realizar los planes. Es aquí donde debemos hacer que los trabajadores se comprometan, para que esta meta no sólo sea importante para la institución o empresa, sino también para esas personas que son parte importante de la organización. Ese compromiso es la chispa que inicia el proceso continuo de motivación. Saber asignar la tarea adecuada al individuo adecuado, se convierte en parte fundamental del proceso motivacional, pues saber delegar funciones, acordes con las capacidades de los colaboradores hace que éstos cumplan sus actividades bajo su responsabilidad, con el constante apoyo mutuo e incondicional.


Esto no es una receta de cocina. Se debe adecuar a la cultura organizacional de cada empresa, institución u organización, siendo una condición, para su aplicación y éxitos, la comunicación clara y horizontal, sin cortapisas ni zancadillas. Es hora de que en Nicaragua juntemos tantos vigores dispersos, antes de que nos hundamos para siempre.


*Coordinador de Comunicación Pronicass