Jorge Eduardo Arellano
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Por muchas vueltas que le demos, y aunque a algunos les cuesta reconocer, los nicaragüenses en 2009 seguimos con problemas e importantes desafíos que enfrentar y superar. Tenemos salidas, y éstas pasan por la unidad y el trabajo.

El gobierno ha logrado algunos resultados en educación, alfabetización, en salud, en inversión en generación de energía eléctrica para que no haya apagones, en desarrollo de los programas Hambre Cero y Usura Cero y en la pavimentación de algunas calles y carreteras.

Pero para nadie es un secreto que tenemos desafíos gigantescos en medio de la crisis económica y financiera internacional, para avanzar en la reducción de la pobreza, resolver los problemas de desnutrición, generar empleos, salarios dignos, programas y proyectos que sean integrales, no asistencialistas ni clientelistas, que se impulsen bajo criterios técnicos, profesionales, sin privilegios ni exclusiones de ningún tipo.

Nicaragua sigue siendo el segundo país más empobrecido y con mayores desigualdades del continente. Según informaciones oficiales del gobierno, “de acuerdo a la medición de la pobreza por el lado de los ingresos usada a nivel internacional (US$ 2 per cápita por día), el 75.8% de los nicaragüenses son pobres. Por su parte, la pobreza extrema es de 39.4% o menos de US$ 1 de ingresos por día”. Es decir, que “de cinco millones y medio de nicaragüenses, cuatro millones de ellos son pobres, dos millones y medio están en la pobreza extrema y un millón en una pobreza extrema. Los datos sobre desnutrición crónica reflejan una intensidad del 27.2% (1,524,081 nicas), y un 6.5% (364,210) de desnutrición severa”.

Y finaliza diciendo que “la tasa de mortalidad infantil es de 31 por 1,000 niños a nivel nacional, pero la tasa del 20% más pobre es de 50 niños, comparada con la de 16 niños para el 20% más rico. El 20% de la población más pobre recibe 5.6% del ingreso nacional y el 20% más rico el 49.3%”.

En esas circunstancias, todos los nicaragüenses debemos “trabajar unidos” intensa y eficientemente para contribuir a que haya una mejor distribución, una distribución equitativa de la riqueza producida por la vía de los impuestos, la inversión pública a través del presupuesto y los salarios, entre otros.

Desarrollar una inversión estratégica, sensible, para el pleno acceso y la “calidad” de la educación que sigue estando en déficit. La demanda de inversión para la educación no superior es el 7% del PIB. También en función del pleno acceso y calidad de la salud, acceso y calidad del agua potable, de generación y transmisión de energía eléctrica, viviendas dignas, seguridad social adecuada; para que sean servicios, derechos de calidad para todos y todas, cuyo cumplimiento pleno contribuya en forma significativa a la transformación, a generar los cambios que requiere el país”.

Igual se requiere de masivos programas productivos dirigidos a los pequeños y medianos productores, que tengan como base la entrega de semillas mejoradas, crédito a bajos costos, más y mejor infraestructura para la producción, transferencia de tecnología, innovaciones, información de mercado y solución a los problemas de propiedad, entre otros.

También es de suma importancia una reforma fiscal que apunte a lograr la progresividad del sistema tributario, de austeridad en el gasto de la burocracia y una relación responsable entre el gobierno nacional y los locales, a fin de contar con los recursos necesarios para la inversión productiva que aseguren el crecimiento sostenible, equitativo, la soberanía y seguridad alimentaria y el incremento de las exportaciones. Enfatizando en el respaldo a los pequeños y medianos productores y empresarios.

La protección, promoción, conservación y aprovechamiento del medio ambiente, la reforestación, la gestión del riesgo y prevención de desastres que minimicen los efectos en comunidades y población.

Una lucha frontal para detener la violencia intrafamiliar en contra de las mujeres, niños, niñas y adolescentes. La despenalización del aborto terapéutico, la seguridad ciudadana.

Todo ello teniendo presente la necesidad de poner de primero en la fila a niños y niñas, adolescentes y jóvenes, mujeres, personas con discapacidades, a los pueblos indígenas y grupos étnicos, de las zonas rurales, de la Costa Caribe. Priorizando a los más empobrecidos.

Pero igual, todos debemos contribuir para que haya una mejor distribución del poder de decisión, haya fortalecimiento de la democracia representativa, de la participativa y también directa, pero conforme la Constitución y la Ley de Participación Ciudadana, Ley General de Educación, Ley General de Salud, Ley de Municipios, entre otras, que aseguran el derecho de todos y todas a participar en igualdad de condiciones, sin privilegios ni exclusiones, “en la vida política, económica y social del país”.

Sí, también en la vida “política”, que a veces se pretende negar a los nicaragüenses, a los organismos de la sociedad civil, porque algunos quisieran que sea patrimonio de los partidos, de los gobiernos, de las instituciones del Estado, de los funcionarios.

Se requiere también del fortalecimiento del Estado de Derecho, del cumplimiento de la Constitución y las leyes, de parte de todos, y en primer lugar de parte de los funcionarios, y que las mismas no estén subordinadas a la “interpretación auténtica” de los partidos, a “leyes marcos” y acuerdos y pactos que más bien nos han perjudicado.

Todo esto también pasa por la articulación de las instituciones del gobierno, del Estado en su conjunto, con independencia real, y por la despartidización de las mismas. Que las instituciones se institucionalicen, que no estén al servicio de partidos, grupos y personas, sino al servicio del país, del desarrollo integral y sostenible de las personas. El fortalecimiento de los gobiernos municipales y de las regiones autónomas, el respeto de su autonomía. La separación del Estado-partido y del Estado-iglesia.

Aún está pendiente la solución a los problemas presentados en las elecciones municipales. Se requieren reformas a profundidad de la Ley Electoral para democratizar la participación en los procesos electorales y que los votos de cada quien se cuenten transparentemente frente a la ciudadanía y se cumpla plenamente el derecho de elegir y ser electos. Igual un Poder Judicial imparcial, que no sea para castigar a los que tienen un pensamiento propio, un criterio distinto.

Igual se necesita asegurar el acceso a la información pública, la transparencia y el manejo no discrecional de los recursos públicos generados por nuestros impuestos. Impulsar una lucha frontal contra la corrupción en todos los niveles y desde distintos espacios.

Enfrentar los problemas y generar cambios por la vía de los consensos, del diálogo nacional.

Según organismos financieros internacionales y economistas independientes la desaceleración de las economías desarrolladas y la crisis financiera podrían afectar en la región el crecimiento, lo que incidirá en la recaudación y sostenibilidad fiscal y creará mayor déficit en cuenta corriente. Igualmente, la caída de los precios de los bienes privados, reducción de remesas, menores ingresos por turismo, disminución de los flujos de inversión extranjera directa, aumento del costo del crédito externo y menos disponibilidad de financiamiento internacional. Y que afectará las exportaciones y remesas familiares. Los problemas con las exportaciones a su vez influirán negativamente en el empleo nacional. Se podrá incrementar el número de pobres y el desempleo femenino en América Latina y el Caribe.

Por su parte, el presidente del Banco Central, Antenor Rosales, señaló que “2009 es un año complejo, difícil, donde la primera prioridad debe ser lo económico, lo productivo”. Antes había señalado la importancia de los planes de desarrollo consensuados, más allá de los gobiernos de turno.

Para enfrentar esas complejidades y las políticas, los problemas institucionales y de gobernabilidad, se requiere, primero, reconocerlos y luego la decisión para enfrentarlos y superarlos.

Esto implica un liderazgo constructivo desde el gobierno, en los partidos, su democratización; un liderazgo constructivo en la empresa privada y en los diversos organismos de la sociedad civil, que contribuya a unificar la diversidad de criterios, propuestas y esfuerzos para sacar a Nicaragua de la compleja situación acumulada en la historia y hasta nuestros días.

Sin duda las políticas neoliberales impulsadas tienen enorme responsabilidad de nuestra situación. La reducción del Estado, las privatizaciones y la corrupción son parte del legado. Pero culpar sólo al neoliberalismo, a los otros, no contribuye a ubicar las raíces de nuestros problemas, y menos a encontrar las soluciones, que no vendrán por la vía de discursos, sino de la generación de capacidades, la innovación a través de políticas, planes, programas y proyectos integrales, sostenibles, no paternalistas ni clientelistas, ni con privilegios o exclusiones.

Y asegurar los recursos necesarios a partir de nuestro esfuerzo propio y con una relación responsable con la cooperación internacional, que tenga como base el respeto de nuestra soberanía, los compromisos de defender los derechos humanos y en correspondencia con las prioridades nacionales consensuadas.

Todo en función de generar empleos dignos, reducir la pobreza, la desnutrición, que son nuestros enemigos principales. Asegurar la gobernabilidad necesaria. Fortalecer la democracia.

Las soluciones a estos problemas sólo podrán venir por la vía de los consensos nacionales a partir de un diálogo nacional franco, una concertación, un entendimiento nacional de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales, no para asegurar presidencias, primeras magistraturas, amnistías, excarcelaciones, ni para seguir repartiendo cargos y beneficios económicos personales y de grupos, sino para, de una vez, definir e impulsar la agenda de nación, políticas de Estado, no de gobiernos ni de ministros de turno. Planes de desarrollo territoriales y nacionales, integrales, consensuados por todas las fuerzas políticas, económicas y sociales, que nos permitan construir el país, la Nicaragua que todas y todos queremos. Las potencialidades humanas de los nicaragüenses ahí están, al igual que las potencialidades naturales.

Esa es la única salida para lograr la reducción de la pobreza y el desarrollo nacional integral, humano y ambientalmente sostenible de nuestra Nicaragua.

No hay otra alternativa, si no, demos un vistazo a nuestra realidad y a nuestra historia.