Jorge Eduardo Arellano
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La Educación en Nicaragua se mueve en la dinámica de deconstruir elementos claves de la educación incluida en el modelo neoliberal y la construcción de un modelo que haga del derecho y desarrollo humanos fuerzas de su transformación.

La educación que en ocasiones incluye y reproduce elementos de exclusión, debe, sobre todo, crear elementos imprescindibles de integración. Esta dialéctica activada por los distintos modelos de desarrollo configura no sólo la práctica educativa, sino también el diseño curricular. La educación no sólo se ocupa de reproducir y transmitir las formas de relación de los distintos actores sociales, sino que es también el lugar donde se encuentran y se generan distintas formas de reacción y oposición.

Pues bien, exclusión e integración son dos potencialidades presentes en el quehacer pedagógico, producto ambos de procesos de aprendizaje en los que toda persona se enmarca al ser parte de un proyecto político y social.

Esta tarea toma mayor vigencia cuando asumimos que lo que queremos de la educación es justamente que sea una herramienta de integración social, es decir, que pueda desarrollar la capacidad de la persona humana de ser parte, de manera autónoma, activa y solidaria, de los procesos sociales en los que le corresponde desenvolverse. La idea fundamental es que seamos capaces de formar personas, ciudadanos, solidarios, conscientes y críticos, que seamos capaces de emprender “algo nuevo”, es decir, renovar el mundo, la situación y condiciones de la gente, a través de actos profundamente conscientes y responsables, vale decir transformadores.

Éste es el sentido de la cohesión social, el respeto a la dignidad del ser humano y la construcción de vínculos sociales en nombre de la solidaridad para integrarlo a los demás seres humanos y salvarlo de la exclusión y el aislamiento en que los mantiene el no saber, el saber mediocre, o el saber poco pertinente, y que por tanto los condena a formas sutiles de exclusión en una sociedad letrada y condicionante de competencias exigidas por un modelo de crecimiento económico, social y cultural impuesto, como la única alternativa del desarrollo humano.

El Ministerio de Educación, en un esfuerzo por conjugar teoría y práctica, conceptualización y cambio, participación y compromiso, está impulsando, desde nuevas perspectivas políticas y pedagógicas, la construcción de un modelo educativo que active el potencial y bienestar de toda nuestra población.

En el marco de un modelo global e integral de organización y gestión para la construcción de la calidad de los aprendizajes de la educación básica y media, el Mined ha creado un dispositivo dinámico en el que interactúan constructivamente el currículum, el núcleo educativo, los maestros y los talleres de evaluación, planificación y capacitación educativas (Tepce).

El currículum, que es el corazón del proceso enseñanza–aprendizaje se presenta como una propuesta viva a los maestros de cada núcleo educativo para que periódicamente en los Tepce, se vaya construyendo, completando y contextualizando, centrado decididamente en los aprendizajes, quehacer fundamental de los maestros y maestras.

El proceso del aprendizaje significativo, de calidad, útil y pertinente, está acompañado por la evaluación cualitativa del período anterior, la mirada comprometida del período siguiente y el intercambio de la experiencia acumulada, transmitida y compartida entre los maestros. Todo ello para la construcción de la calidad, porque los distintos elementos y momentos organizados por cuotas mensuales de aprendizaje, persiguen la calidad de los aprendizajes en cada nivel y disciplinas mediante la acción compartida de maestros y estudiantes en cada núcleo educativo.

La política educativa, de más, mejor, otra, todas las educaciones y con carácter participativo, está orientando todo ese engranaje generador de calidad de la educación con directrices claras convertidas en ejercicio permanente y participativo de todos los actores sociales. Se trata de una unidad sistémica y dinámica en la que cada factor se introduce en el otro, y así sucesivamente dentro del concepto de interculturalidad pedagógica y metodológica. El proceso educativo tiene el carácter de totalidad, de cara a la calidad de los aprendizajes.

De esta forma el núcleo educativo, el aula, el currículum, los maestros, los Tepce conforman una acción permanente que pretende proyectarse a la comunidad de la que surgen demandas concretas y propias, activando respuestas pertinentes, como la propia construcción del currículum, la alfabetización, la atención especial al primer grado, la construcción de escuelas, el programa alimentario para los escolares, etc. Se trata de ir construyendo un modelo educativo para la integración, no para la exclusión, un modelo en el que la gente sea el origen y fin de la educación, dentro de un concepto amplio y profundo de calidad.

Este mecanismo transformador está ya activo. Un paso importante y esperanzador, siempre que esté acompañado de las condiciones materiales, sociales y pedagógicas indispensables para su funcionamiento. Una vez más a la educación nacional hay que encontrarla en los maestros. En su seno debemos construir la más importante integración humana, social y económica, desterrando cualquier elemento de exclusión.

*Ideuca