Jorge Eduardo Arellano
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Aunque un poco tarde se despertaron y se dieron cuenta de que había que tomar medidas para enfrentar la crisis mundial del capitalismo. Las declaraciones han sido variadas, dorando las píldoras de la mejor manera. Pero la lectura de la población es única. Como suele suceder, el gobierno capitalista va a descargar el peso de las afectaciones sobre la clase trabajadora y también sobre los desempleados.

Desde luego han descubierto la necesidad de la austeridad y del ahorro. Pero poco pueden ahorrar los que viven “coyol quebrado coyol comido”, y los que podrían hacerlo tampoco, pues, creen que sus súper salarios de 5 mil “lolos” serán eternos.

Si hablamos de austeridad la mayoría de los nicaragüenses ya vivimos en ella, y los que viven en el despilfarro no saben ni quieren saber qué es eso. Todos coinciden en que son productos cosméticos al estilo de Avon o no sé qué otra marca. Dicen que van a disminuir las llamadas por celular, el derroche de gasolina de funcionarios adictos e incondicionales. Pago por ver, dijo el jugador de póquer. También sería bueno que se bajaran los descomunales salarios de funcionarios calificados de alta especialización que en la práctica no dan pie con bola.

Los rezadores de las rotondas no entran en estos ahorros. Cómo, si son la prueba fehaciente de la lucha a brazo partido contra la pobreza y el desempleo.

Resulta increíble el desnivel salarial existente. De repente se supo que un miembro de la auditoría de la segunda fila gana 104 mil córdobas mensuales, que equivalen a diez canastas básicas, misma que sube a toda velocidad estableciendo nuevos récords. Si lo compara con el salario de un catedrático universitario, es nueve veces mayor. Pero además de eso, el susodicho auditor tiene derecho a que le haga la misma auditoría, préstamos sin intereses ni fiadores por un monto igual a su salario, a pagar en 12 meses de plazo, algo que ningún banco se lo concede.

Al señor gobernante de repente se le acabó el tono altanero que no le importaba la cooperación externa, y ahora clama por ella, pero le pone condiciones.

Otro contrasentido es que mientras los precios internacionales del crudo están bajando día a día, aquí los precios de la gasolina y del diesel siguen subiendo religiosamente cada domingo. Ya no se diga el gas licuado para cocinar.

Pero lo que se mira peor es que hablan de congelar los salarios mínimos de los que han conseguido algún trabajo. Si con el mínimo actual no se cubre ni la mitad de la canasta básica, es incongruente que hablen de congelarlo cuando el costo de los alimentos, ropa y demás servicios sigue subiendo sin control. A pesar de los esfuerzos de comercio interior que prometió y no cumplió con el abatimiento del precio del arroz. Por lo tanto deben continuar las reuniones de la empresa privada, gobierno y sindicatos para adecuar ese mínimo a los niveles elementales de sobrevivencia.

Entonces lo que queda es protestar y resistir enfrentando cualquier tipo de represión, que es lo único creíble y palpable.