Jorge Eduardo Arellano
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El segmento cultural de ESTA SEMANA del domingo 24 de enero tenía un objetivo prefijado: alabar exageradamente el tomo de Poesía del proyecto dariano de Galaxia Gutemberg y echarle en cara al gobierno su desinterés en un proyecto similar. No interesaba establecer la verdad sobre el asunto ni contribuir a su indagación para ilustrar al público. Julio Valle Castillo y yo --con Pablo Kraudy los únicos dariístas nicaragüenses vivos-- coincidimos en ello.

A la responsable del segmento le expresé previamente que bastábamos Julio y yo para obtener información clara y precisa sobre las tentativas históricas de las obras completas de Rubén Darío y de su actual situación en el mundo. Por ejemplo, las cuatro surgidas en España en 1917-22 de Mundo Latino, en 1921-30 de la Biblioteca Rubén Darío hijo, en 1932 la de Alberto Ghiraldo y Andrés González Blanco, sumando 53 volúmenes de incompleta “Opera omnia”, más el último intento de 1950-1955 de Afrodisio Aguado, consistente en cinco volúmenes en papel biblia (uno de poesía y cuatro de prosa).

Ella nunca explicó que la entrevista se basaba en el tomo recién presentado en Nicaragua de Galaxia Gutemberg, muy lejos de confrontar manuscritos, fechar nuevas piezas, incorporar notas contextuales, señalar erratas y alteraciones textuales, incluir bibliografías mínimas y todo el corpus existente. En consecuencia, se trata de una obra selecta, nunca completa. Así lo demostró Iván Uriarte en su artículo del NAC el pasado 24 de enero, considerando además a su editor un dariano de encargo y a su tomo un fraude literario al prescindir de casi medio millar de poemas de Darío.

Por eso en el acto de la Academia de la Lengua se puntualizó esa limitación, refiriéndose a ese proyecto de “Obras reunidas”. La responsable no tomó en cuenta los múltiples errores de dicha edición que le señalé, con el libro en la mano, el cual ella nunca había visto; ni la opinión de Julio Valle Castillo de tratar de considerar a Darío como autor clásico. Así lo recomendó desde 1923 el crítico español Enrique Díez-Canedo: “Convendría que se le diera a Rubén Darío, sobre todo en una edición con pretensiones de completa, definitiva y no varietur, trato de clásico. Toda precisión, toda minuciosidad son pocas”.

El editor otorgó igual o más valor a los otros entrevistados: el gerente de Hispamer (por cierto responsable de mutilar 19 estrofas y 76 versos del “Poema del Otoño” en su reedición de la Poesía de la Biblioteca Ayacucho), quien habló de una inexistente “Mochila dariana”, en la que no figura ninguna obra de Darío; y otra persona que no alcanza rango de dariano, pues no ha escrito más de tres artículos sobre el Poeta. Se prefirió, pues, el infundado ataque al INC y no mi reconocimiento al Banco Central de Nicaragua (difusor de una bibliografía digital, clasificada y comentada, de casi 400 estudios sobre Darío), al millón de ejemplares de 100 GRANDES POEMAS de Rubén, editados en libro por el diario La Nación, de San José, Costa Rica, vendidos al equivalente de 10 córdobas; a la radionovela EL VUELO DEL CISNE, elaborada por Iván Uriarte y producida por Carlos Midence desde la Biblioteca del BCN; y a las emisiones radiales de los más célebres y celebrados poemas de nuestro Bardo —desde Berta Singermann hasta Manuel Bernal— realizadas periódicamente por Bayardo Cuadra en la 580.

Más de media hora me entrevistó la responsable del segmento sólo para que el editor eligiera tres tomas del suscrito con la duración de minuto y medio, despreciando mis declaraciones torales. Que Rubén Darío no es, para mí, motivo de efemérides sino de estudio permanente desde 1965 (le remití a CFCh un resumen de mi labor sobre la materia a lo largo de 44 años) y que con Kraudy y un equipo de diez extranjeros hemos preparado hasta hoy, con rigor filológico, 10 tomos de las Obras completas de Rubén Darío. Nuestro proyecto, científicamente, es una realidad y no merecía omitirse. El contenido total de sus 17 tomos se lo detallé a la entrevistadora. Pero el desprecio del mismo, reñido con el profesionalismo del programa, fue un hecho.

Un dato revelador que externé a la susodicha fue también “corcholeado”: que en la Carta Magna vigente no se asume la herencia cultural de Darío. Por tanto, ninguna administración surgida después de 1987 está obligada constitucionalmente a preocuparse con la promoción a fondo de su obra. En su “Preámbulo”, la Constitución no reconoce como héroe nacional a Darío (sólo a Estrada y a Castro, Zeledón y Sandino, López Pérez y Fonseca, todos gente de armas tomar, omisión lamentable que debe corregirse cuanto antes). Sólo el pueblo nicaragüense lo ha considerado su máximo héroe cívico, aparte de otros gobiernos del pasado. Para poner un ejemplo, el de Lorenzo Guerrero celebró con dignidad y esplendor su centenario natal dejando un “Libro de Oro” —aún no superado tipográficamente— como memoria de ese acontecimiento de la lengua.

No quisiera abrir heridas ni acusar a nadie. Pero fue notorio que en los años 80 no se difundió a Darío en la editorial “Nueva Nicaragua”, sino después de una antología poética soviética y de otra de José Martí; y que su primer título, Azul…, batió record en erratas, al punto que sus 30 mil ejemplares tuvieron la basura como destino y no se dio explicación pública del gazapo. También fue notorio que la lectura de Darío fue prohibida en los famosos Talleres de poesía y que en ellos se aplicase la consigna de que el poeta-mártir Leonel Rugama era muy superior a Darío.

Yo le sugerí a la entrevistadora que no remachara sobre el caso de la falsificación de “manuscritos” darianos, tema que ya había esclarecido públicamente; pero no lo hizo, sin duda siguiendo instrucciones superiores. La intrusión de la política, que en nuestro país es artera, hay que deslindarla de lo cultural. Pero esta lección no está contemplada en la agenda de CFCh, sin duda uno de los más importantes comunicadores del país.

La conclusión verdadera es la siguiente (tomada de mi artículo “Deuda con Rubén”, aparecido en un periódico local el 5 de marzo de 2007): “En Nicaragua los gobiernos de turno no se han preocupado del todo por organizar el equipo necesario de especialistas para emprender esa tarea que exige el principal orgullo de nuestra identidad. Hasta cierto punto, la excepción de las últimas administraciones que han gobernado el país ha sido la del Comandante Daniel Ortega, la más abierta a la promoción de Darío, pero no lo suficiente como para concebir, ejecutar y pagar la deuda pendiente de Nicaragua con Rubén, es decir: su cada vez más impostergable Obras completas”.

Lo realizado hasta ahora, al margen de las iniciativas oficiales, es obra de doce investigadores (un alemán, una francesa, dos españoles de la Península, otros dos españoles —pero residentes en EU—, dos nicas/españoles, un argentino, Kraudy, JVC y yo en Nicaragua) desde 1993, cuando tuvo lugar en Managua la celebración de la única reunión internacional de dariístas; allí surgió por primera vez la macroestructura y la microestructura que Kraudy y yo hemos reducido de 34 volúmenes a 17 (11 de prosa, 3 de poesía y 1 de cartas).

En resumen, a pesar de las limitaciones de tiempo en el medio televisivo, ESTA SEMANA perdió una magnífica oportunidad de lucirse, optando por seguir al servicio de intereses afines, manipular a verdaderos estudiosos y ser sujeto de lesa desinformación como la del domingo pasado.