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Cómo funcionan las cuencas hidrográficas y su manejo es el tema para la celebración del Día Mundial de los Humedales 2009, el 2 de febrero, fecha en que se conmemora la adopción de la Convención Internacional de Humedales, realizada en 1971, en la ciudad de Ramsar.

Los humedales son áreas superficiales que dependen del agua, como los pantanos, manglares, zonas de las riberas y costas, islas; extensiones marinas cuya profundidad de marea baja no exceda a los seis metros. Sus funciones son captar, almacenar y purificar el agua, y recargar los acuíferos subterráneos; la producción pesquera y apoyo a la diversidad biológica
El lema es “Aguas arriba aguas abajo, los humedales nos conectan a todos”. Esta expresión nos grafica lo que hemos visto, vivido y provocado, quizás sin ser conscientes del problema: las actividades que se realizan aguas arriba indiscutiblemente afectan lo que está aguas abajo. No sólo al agua, sino a todo lo que abarca la cuenca hidrográfica: el agua superficial y subterránea, el suelo, las plantas, los animales, el aire, los seres humanos. Porque los humedales son parte de las cuencas hídricas y están interconectados entre sí.

Una cuenca hidrográfica es una superficie irrigada por un río y sus afluentes, lagos, embalses y pantanos conectados a él, incluyendo acuíferos subterráneos, “es como una gigantesca bañera que recoge toda el agua que cae en sus laterales y envía toda la lluvia que cae sobre la tierra de sus alrededores a un río central y luego al mar“, dice la Convención Ramsar. Por ejemplo, la cuenca 69, del Río San Juan de Nicaragua, que abarca varios ríos y los lagos.

Si observamos las actividades que se realizan, por ejemplo en un río o en sus márgenes, podemos comprender cómo estamos interconectados por medio de la cuenca y cómo afectan las diferentes actividades, por lo que es necesario desarrollar el sentimiento de pertenencia y amor a esa cuenca, inclusive conocerla, para que nos motivemos a cuidarla; ya que dependemos de ella, como dependemos de la sangre y el oxígeno que irrigan nuestro cuerpo.

Si un río es aguadero para el ganado, quienes habitan río abajo recibirán el agua contaminada. Las aguas residuales que se descarguen en él, los plaguicidas, los residuos sólidos, afectan a todo el sistema. Pero no es sólo la contaminación, también el uso del recurso. Si en la parte de arriba se extrae agua para riegos, o si se construyen represas, disminuirá el caudal en la parte de abajo. Además de la contaminación y el uso del agua, están otras actividades que afectan a los humedales: deforestación, urbanizaciones, pavimentación. Por todo eso se necesita la planificación no sólo del uso de los recursos hídricos, sino de todas las actividades en cada cuenca.

Podríamos argumentar que no utilizamos tanta agua. De manera directa puede ser; pero indirectamente somos consumidores, de diferentes formas: si comemos carne, estamos consumiendo agua; igual en el café, hortalizas, frutas, peces; todo lo que consumimos necesita agua. La construcción de nuestras viviendas requiere de agua, para la mezcla de cemento o el barro, para la fábrica de ladrillos. Y si son de madera, los árboles necesitan agua para crecer. La fabricación de nuestra vestimenta, necesita agua. También la requerimos para actividades recreativas. A veces nuestro trabajo depende de ella: ¿qué harían los constructores sin agua? ¿O los cafetaleros y ganaderos? En las oficinas necesitamos agua para la limpieza. ¿Cómo podríamos hacer tortillas sin agua? O deleitarnos con la belleza de una flor o la danza de un colibrí si no hubiese agua para regar el jardín.

También podemos pensar que no todos la contaminamos. Es cierto que contaminan más las industrias, la ganadería, la agricultura, el turismo; ¿pero acaso no somos usuarios de esos servicios? ¿Estamos dispuestos a quedarnos sin trabajo si cierran una industria que contamina? Tampoco es permitir. El trabajo es incidir, ayudar a que no se contamine y no se use indiscriminadamente. De ahí la necesidad de identificarnos con una cuenca hídrica y participar para protegerla.

Además, contaminamos desde el hogar, con detergentes, cloro, aceites, residuos sólidos, como papel sanitario. Vertiendo el agua de lluvia en la red de aguas residuales. O tirando la basura a la calle, que luego es arrastrada por las corrientes. Todo esto va a parar a una fuente de agua, y como están interconectadas, afecta a toda la cuenca.

Lo anterior no implica dejar de utilizar el agua, sino hacerlo racionalmente e incidir para que se creen y apliquen políticas de gestión para los diferentes usos de las cuencas, incluidas las transfronterizas. Por esto, el caso de la mina en Las Crucitas, Costa Rica, debe preocuparnos, pues afecta la cuenca del Río San Juan.

Es interesante el mensaje de la Comisión Ramsar: “TODOS vivimos en una cuenca hidrográfica. Ésta forma parte de nuestra dirección postal: calle, número, ciudad, provincia ¡y cuenca!” Entonces, hay que comenzar por identificarnos con nuestra cuenca e interesarnos en su gestión.


doraldinazu@gmail.com