Jorge Eduardo Arellano
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El común de los mortales logra ocupar un asiento en la ruta de bus que se ve obligado a tomar, da un pequeño vistazo por la ventana, y ¿qué es lo que ve?- pues lo de siempre, un embrollo de gente a medio despertar, algunas cargando bolsas desechables como si se mudaran ese mismo día de su casa, otros más clásicos o dizque más cultos con el respectivo periodiquito en la mano, tal vez no para leer en su totalidad, pero sí para darse cuenta de cómo va el mundo por las fotos y encabezados de la primera plana.

Mientras el bus hace parada en algún lugar céntrico, como las paradas de los mercados, donde caramancheles improvisados venden ese elixir mágico al que llaman, a duras penas, café, todavía se puede ver esa conglomeración de personas que como zombies esperan su ruta, pero más allá, en alguna esquina que quizás no alcanza a la vista del común de nosotros, está la verdadera pobreza, ésa que no queremos ver, a la que le damos la espalda para que no perturbe aun más nuestras
vidas.

Un niño de unos 8 ó 10 años restregando sus ojos con sus manos sucias, aparentemente se acaba de despertar de su improvisada cama de cartón (si a caso tiene surte de conseguirlo), descalzo cojea y pasa al lado de todas las personas en las paradas, es como si un mosquito pasase al frente suyo, ya no duele, ya no se indigesta el espíritu al ver esta pobreza, es como si los zombies (además de ser zombies) estuvieran sedados, insensibilizados para no sentir pena ni lástima, y de paso ni conciencia.

Los zombies o los muertos vivientes aglomerados son como ganado en el cual un depredador que se fija en una víctima débil no encontrará resistencia de los demás, por eso ese ladrón que amenaza a cualquiera en una parada logrará su cometido, llevándose el dinero y sin agitarse mucho, capaz que hasta se va a gastar el botín muy cerca de ahí.

Lo mismo puede ocurrir en un bus donde alguna persona o zombi es víctima de un grupo de atracadores que a vista y paciencia de todos los demás zombies en el bus es despojado de sus pertenencias, y todos los zombies de este mi país nos vemos ultrajados por una minoría de vivos que aprovechándose del estado de semimuertos en que nos encontramos hace y deshacen.

Por esa razón propongo un movimiento- El movimiento de los que no están. Porque todos hemos estado ausentes sin tomar parte de lo que acontece con nuestra sociedad de zombies, me gustaría tener opiniones de otros ausentes, pueden escribir a mi correo-maktubrobr@hotmail.com
Este país es bello, somos una especie de nicho en toda Centroamérica, adonde la maldad o la violencia extrema no ha llegado, pero estamos dormidos como sociedad, necesitamos despertar, este estado de coma no puede durar para siempre, los valores están intrínsicos porque somos gente buena, lo que necesitamos es dejarlos salir, uno marca la diferencia para el cambio, un cambio interno y como sociedad, de verdad que lo necesitamos.