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Un elevado árbol de Navidad fuera de espacio y tiempo, feas vírgenes de la Purísima Concepción de María empotradas en semáforos y avenidas,...mantas invitando a que “cantemos al amor de los amores”, vallas y rótulos enormes de publicidad y propaganda unipersonal en tiempos de crisis y austeridad,...flores, tarimas, bocadillos, música folclórica de fondo en cada discurso incoherente o presentación oficial desordenada en su estructura, etc., etc.,...

¡Basta ya de tantas locuras de la Chayo Murillo y su séquito de aduladores que todo lo alaban y nada miran mal en las ocurrencias y devaneos de la copresidenta, quien raya en indecibles manifestaciones de lo absurdo y ridículo que lamentablemente nos ha tocado presenciar hasta el hastío. Es en estos momentos cuando más añoramos el criterio racional y contundente de los años ‘80, y hubiéramos preferido un mil veces retornar a los tiempos de la Guerra Fría, antes que tener que soportar los desmanes y distorsiones de la “nueva revolución”.

De nada sirvió a la fanaticada sandinista y altos personeros del gobierno los muchos libros de materialismo dialéctico, ética y estética, o de simple historia nacional, porque no entendieron que desde la Libérrima se estableció en Nicaragua la gloriosa separación Iglesia-Estado y un laicismo admirable, propio de las grandes civilizaciones modernas que prohíben el latifundismo clerical, las cofradías, “manos blancas” y demás privilegios de los beatos. El FSLN asumió una actitud adecuada condenando a quienes adormecían a las masas, atacando con la praxis revolucionaria de las clases trabajadoras toda sombra obscurantista; es decir, se combatió arduamente la injusticia para forjar el verdadero Socialismo, neutralizando las armas de la clase oligárquica explotadora que todavía hoy se nutre de la pobreza humana, la ignorancia y la desigualdad social.

Casualmente las rotondas capitalinas están tomadas por esa clase de “pobres gentes” originaria de los barrios marginales de Managua para hacer campaña pública de “oración contra el odio”, con pancartas y ruidos altisonantes, toldos y camisetas del “poder ciudadano”, y rezos irreverentes ahogados entre el bochorno de los cagaderos portátiles y montoneras de desechos que sin la menor pudicia reflejan la descomposición y el ocio, el hambre y miseria extrema de los arrabales y suburbios de las periferias. Es el espejo en que se refleja cada nacional cuando ondean la bandera bicolor que febrilmente opaca el ornato urbanístico; la materia prima de turistas extranjeros cazadores de los cuadros de asombro, paradoja y deyección.

La misma Revolución nos enseñó a repudiar todo tipo de ideología barata, pseudocientífica o dogmática, cualquiera sea el ropaje que vista. Si es así, entonces ¿por qué nuestro Partido nos expone desde el gobierno a esas prácticas de represión ideológica, sojuzgamiento y técnicas de falsificación religiosa?, ¿por qué ahora más bien pareciera confundirse con la derecha, la clase pudiente o alta burguesía? ¿acaso ya no representa a las grandes mayorías desprotegidas?. La religión no es más que un instrumento de manipulación del poder para someter a las masas o el refugio de los débiles mentales y las bajas pasiones humanas; pero también es el ánimo lúdicus- lucrandi que utilizan por un lado los locos y chiflados, así como también los curas y políticos. Ambos tipos de especimenes necesitan crearse un mundo imaginario donde ellos mismos son los únicos protagonistas, dando riendas sueltas a los impulsos que le dicta su estado de obnubilación, bajos instintos o perversión.


Dentro de esa película sorda o atmósfera de horror, dichos personajes se creen líderes eternos, héroes de la verdad, adalides de hazañas inverosímiles o simples mortales con poderes sobrenaturales que tienen que cumplir con una misión benigna encomendada por fuerzas superiores, extrañas o del más allá; lo que hace que vivan en un continuo sobresalto y movimiento, con dinámica energía para llevar a cabo ese “ministerio de luz” del que han sido predestinados.

Es en ese intrínseco contexto que nace la idea de una “revolución espiritual” defendida con trajes inmaculados, camisas blancas y rosadas que irradian amor, el arco iris de vida que viene después de la tormenta que fueron los “dieciséis años de neoliberalismo”. Ello explica la personalidad angelical, masónica o espiritista que sorpresivamente (y para nuestra desgracia) padece el gobierno y otrora partido revolucionario de izquierda que ya no abandera más a los pobres en sus reivindicaciones sociales.

¡Cómo es posible que la inteligencia política del FSLN no se haya percatado aún de lo nocivo que ha resultado el prolongar su táctica inútil electorera de casarse con el Cardenal! ¿No era más sano ignorar los compromisos asumidos antes que elevarlo al plano burocrático?, ¿por qué no han detectado ese carcoma que nos está llevando al fracaso? Se puede deducir una conclusión que hemos retocado ampliamente: las sortijas y alhajas tornasoladas, ajorcas, esclavas, amuletos y pedrerías de una pitonisa que a diario consulta el oráculo de la casa de orates.

Por eso es que sin haber por qué, la UNICA del Cardenal recibe una partida millonaria del erario como pago por dirigir la “Comisión de Verificación, Paz y Reconciliación” que nos ha dejado anonadados con su eficaz labor de turbulencias políticas, enfrentamientos con la prensa, persecuciones a ONG y la oposición política que se ha visto cercenada en su derecho de libre suscripción popular, asociación y pluralidad. Es el gobierno de paz y reconciliación que abraza a los reverendos cruzados y ministros norteamericanos cuando vienen a embaucar al pueblo para obtener algún rédito o beneficio en su ceguera mental.

Pero todo este amasijo de cruces y sotanas, de color y bisuterías, tiene su origen en el trauma familiar que aquejó (ayer y hoy) a la casa presidencial: nuestra Mónica Lewinsky particular saltó también a la fama y farándula internacional, lo que repercutió hondamente en ese cambio drástico de aptitud e inversión de valores de la pareja gobernante. ¿¡Cómo solapar semejante infundio, si nuestra misma pecadora no confesó nada en su momento oportuno!?
He ahí el meollo del asunto y la explicación de toda esta tragicomedia que estamos viviendo, y que nos enredó en un cabestro de poesía, arco iris de amor,... paz y reconciliación. Nuestra heroína no supo manejar sensatamente la situación y se encerró más bien en sus emociones reprimidas que ahora irradian dramáticamente en toda la administración pública y vida política del país.


mowhe1ni@yahoo.es