Jorge Eduardo Arellano
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La palabra revolución implica cambio brusco y radical en términos sociológicos. Sin embargo, la revolución bolivariana continental que nos viene predicando el presidente Chávez no ha provocado mayores cambios en nuestra región. En el ámbito geopolítico latinoamericano la revolución chavista ha pasado casi inadvertida.

La región latinoamericana ha tenido un período de constante crecimiento económico desde el año 2003 en lo que los expertos han dado en llamar el ciclo de bonanza económica. Los progresos realizados en muchos países durante este período los han preparado para enfrentar, de una buena manera, problemas como la actual crisis financiera mundial.

Sin embargo, la región tiene pendiente una serie de tareas en las que no se han podido mostrar tantos avances como en el caso del crecimiento económico. Estos aspectos son los relacionados con una mejora sustancial de la competitividad de la región, la reducción de la pobreza y la reducción de la desigualdad ya que como región sigue presentando los más altos índices de desigualdad.

Algunos de nuestros líderes políticos latinoamericanos encabezados por el presidente Chávez han atacado, con razón a veces, con pura demagogia la mayor parte del tiempo, los fundamentos de la estructura económica de la región y sus modelos de gestión pública que fueron rediseñados, la mayoría de ellos, en el auge de las distintas olas reformistas impulsadas en nuestros países por los organismos financieros internacionales.

Con la llegada al poder de numerosos líderes de izquierda en algunos países como Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, principalmente, los presidentes han hecho un trabajo político muy importante a nivel continental para desacreditar lo que ellos han considerado el modelo neoliberal que prevaleció en los años 90 y los primeros años de la presente década. Sin embargo, no han propuesto ningún modelo viable. Es más fácil-claro está- criticar que hacer un trabajo propositito y estructurado sobre una reforma importante de la economía.

Este mismo grupo de países están comprometidos con la ya famosa Alternativa Bolivariana que nos vende un refrito caricatural del Socialismo. Para desgracia de estos “carismáticos” líderes no pueden reinventar sus países sin tomar en cuenta la realidad económica, social y cultural. No han entendido que para sustentar esas ambiciones geopolíticas se necesita de una gran maquinaria económica que las respalde. Si no, sólo se trata de simples proyectos.

En el caso de Nicaragua, Cuba, Bolivia y Ecuador sus economías son realmente insignificantes en relación con los datos económicos agregados de la región. Además estos países están política y económicamente a la sombra de Venezuela que les transfiere una cantidad de recursos para mantenerlos adheridos a la revolución bolivariana. Por este simple hecho, en el momento en que Venezuela agrave su crisis se hundirán sin remedio. La más grande economía de este grupito de países es la de Venezuela, que a nivel regional no tiene mayor trascendencia.

Las economías más fuertes de la región siguen siendo las de Brasil, México, Argentina, Chile y muy atrás Venezuela. Si tomamos en serio la revolución bolivariana, dejando a un lado a todos los pequeños países satélites del ALBA, veremos que el país líder, Venezuela, está muy rezagado económicamente en relación con los de mayor dinamismo de nuestra región.

Por ejemplo, el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil, según las estadísticas de la Cepal, a precios constantes, ha evolucionado desde los 582 mil millones de dólares en 1995 a 764 mil millones de dólares en 2006. México de 445 mil millones de dólares a 665 mil millones en el mismo período, Argentina desde 250 mil millones a 340 mil millones y Venezuela pasó de 112 mil millones a 146 mil millones. Como vemos el tamaño de la economía venezolana está muy lejos del líder, Brasil.

Venezuela depende de su petróleo, y eso no es viable. En momentos como el actual, en los que el precio del oro negro se hunde, el país entra en graves dificultades para hacerle frente a problemas económicos internos.

La situación se revela con más claridad cuando revisamos su desempeño económico en otros rubros como la agricultura, en el que Brasil tuvo en 2006 un desempeño de 40,255 millones de dólares, México 24,667 millones de dólares, Argentina 15,110 millones de dólares y muy atrás Venezuela con 5,110 millones. La situación es similar cuando se analiza el desempeño de sectores como la industria manufacturera y los valores agregados de las inversiones en la industria de la generación de electricidad. En todos estos renglones económicos Venezuela sale mal parada ente los países líderes de la región. Inclusive en la capacidad de consumo interno en donde México y Brasil presentan mercados internos muy pujantes con capacidad de consumo superiores a los 470 mil millones de dólares al año y Venezuela ronda, a penas, los 92 mil millones de dólares al año.

¿Hacia dónde va, entonces, la revolución bolivariana?

Lamentablemente hacia ningún lado. No porque no tengan la voluntad de convertirla en una realidad continental, o en algo parecido a un pequeño imperio socialista en América Latina. No es por falta de ganas, ya que los líderes del ALBA tienen estilos muy similares para el liderazgo político. El problema es que se van a estrellar en el muro de la realidad económica en donde no pasan de ser un grupito de países sin mayor trascendencia regional en términos económicos.

La propuesta filosófica, si tiene alguna, de la revolución bolivariana no resiste al riguroso análisis de la lógica. Cabe preguntarnos ¿por qué no va el presidente Chávez a vender su proyecto socialista a Brasil, México y Argentina para convertirlos al ALBA? La respuesta es sencilla. Porque ni el presidente Lula, ni el Presidente Calderón, ni su amiga, la presidenta Fernández de Kirchner, están locos. Si el modelo socialista del presidente Chávez no ha podido hacer de Venezuela una economía líder de la región, eso sólo significa que su modelo es un fiasco. El buen sentido nos dice que cualquier propuesta política de esta clase que se quiera elevar a modelo de gestión debe ser sustentada con resultados. En ello la revolución bolivariana nos sale debiendo.


*El autor es especialista en economía gubernamental y administración financiera pública. Catedrático invitado de la Universidad Autónoma del Noreste, México.