Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En compañía de una cientista social de la Universidad de Costa Rica, que hacía un estudio socio-religioso para un organismo de Holanda y auscultaba personalidades cristianas y políticas de Nicaragua, nos aproximamos al quiosco de los “rezadores” ubicado por Plaza España. Estas experiencias recién comenzaban y se hacían sobre ellas una multiplicidad de comentarios que aún perduran y se multiplican, y no son necesariamente los criterios más autorizados, porque siempre el nicaragüense, aunque tiene una costra religiosa superficial es sobre todo irreverente.

La joven investigadora es de origen pentecostal y además economista, y en mi caso un teólogo profesional bautista, ambos con una relativa experiencia ecuménica que creo nos habilita para una lectura y discernimiento del fenómeno, más allá de la polémica callejera y de la “fe del carbonero”.

La tarde comenzaba a declinar y observamos que las personas se juntaron en círculos y tomados de las manos elevaban sus oraciones espontáneas a nuestro Dios. Allí no había público que les mirase, ni medios de comunicación, no era un show religioso espectacular con despliegues electrónicos con los que otros pretenden suplir la fuerza del Espíritu Santo. Una lluvia, precedida de un viento recio sobrevino y nada interrumpió sus clamores, ni su oración. Tal vez no sean de nuestro gusto aquellas humildes y sencillas liturgias, quizá ninguno de ellos haya leído a Michel Quoist en “Oraciones para rezar por la Calle”, que inspiró la espiritualidad de clase media en los contextos del cristianismo revolucionario de los años 70 en Europa y América Latina; Pero, lo cierto es que ellos con su oración señalan y nos recuerdan que la oración apunta en la dirección correcta donde está la salvación, que la oración es búsqueda de la fuente de la verdad y el poder de Dios, de donde vienen las verdaderas soluciones.

Muchos han dicho de ellos que están armados con machetes, morteros, garrotes, no vimos eso, ni creo que tengan necesidad de ello, porque los combates que se libran desde todas las trincheras de oración y más aún, desde los más pobres y humildes bienaventurados, son batallas espirituales contra el poder del mal. Porque ellos oran por la sociedad como lo hiciera Abraham por Sodoma.

Ellos nos están diciendo con su actitud que nuestro deber es orar por una sociedad en una ciudad que, aún con dos terremotos en su propio corazón, no ha aprendido la lección.

Ellos, en su ignorancia de análisis científico –social, desde su pobreza y dependencia, le piden a su Dios que quite la condenación de una ciudad maldita llena de rapiña en las relaciones sociales, donde su estructuración económica ha generado por siglos toda suerte de explotación, causa de esta historia de violencia desde la Conquista, saqueo y reparto traumático de la propiedad de los pueblos originarios, hasta nuestros días.

Ellos hacen oración frente al odio y veneno cotidiano que promueve la sed de venganza y de vuelta a guerras fraticidas que nos dejaron el gusto por la sangre, tarea a la que se abocan desde muchos medios pretendidos rectores de la opinión pública, desde todas las instancias de la superestructura ideológica, caracterizadas por la arrogancia, la amargura, la perversión y el ocultamiento de la verdad.

Ellos oran porque intuyen que miles de personas son cautivas de potencias antirredentoras, fuerzas demoníacas personificadas en miles de expresiones de maldad, desde grupos hegemónicos, inmisericordes, insensibles al sufrimiento de las mayorías, hasta toda suerte de espíritus inmundos insertados en el hedonismo y en el consumismo, y que conducen a la actual bancarrota moral y decadencia espiritual de todas las clases y sus sistemas e instituciones en Nicaragua y muchos otros países.

Perciben una sociedad enferma en todos sus entornos, con un poder destructor que desordena la conciencia en todo el ser social, aniquila la voluntad hacia el bien, obstruye las mejores inteligencias, confunde los sentimientos y disloca las fuentes del pensamiento ético, a este poder la Biblia lo llama pecado.

Y al hacer esta oración saben que se colocan en una situación peligrosa, porque la oración genera acciones que pueden hacer cambiar una ciudad. Nínive cambió socialmente, se arrepintió y recibió el perdón socialmente, porque desde el Rey y el pueblo se humillaron por su injusticia y costumbres impías. Se decretó legalmente el arrepentimiento y la conversión de la ciudad, esto provoca atraer la venganza de Satanás que hace que ellos sean visto mal, como adversos al bien público, y por eso corren el riesgo de ser mal interpretados y eliminados, cuando menos vilipendiados.

Posiblemente a algunos sectores les repugna, les parecen confusos y ridículos por el eclecticismo de símbolos católicos y evangélicos, himnos y alabanzas, oraciones en la modalidad evangélicas, clamores colectivos característicos de la pentecostalidad, junto a prácticas de gente que se persignan al tomar los alimentos, quizá diciéndonos pioneramente a las iglesias institucionales que si queremos evangelizar a la masa popular lo tendremos que hacer unidos, católicos y evangélicos, porque el hambre espiritual y material de las mayorías no la podemos resolver cada quien por su lado, y esta dimensión de la misión es un desafío a nuestra reconciliación.

Pero, en torno a la oración, lo que hay que saber y decir es que en esa oración se está tejiendo una hebra secreta en el reverso de la historia de la sociedad y esta hebra es parte del hilo que establece el vínculo más seguro con Dios. Para el mundo ellos no valen, son la nada de la sociedad, sin dinero, sin influencias, sin poder, “el estiércol de la sociedad”, diría San Pablo, pero el valor especial de esa gente está en el hecho que son portadores de la Palabra y promesas de Dios. Si la sociedad y la nación sobreviven y sus ciudades pueden continuar, es solamente porque tienen en su seno a tales personas. Por ellos y gente como ellos es que tenemos bienestar, y nuestro bien y seguridad está vinculado a sus oraciones que Dios escucha y en repuestas Dios proclama su perdón con Juicio y no con Juicio sin perdón. Jesús daba gracias al Padre porque a Él le pudo revelar en los humildes y esconder muchas cosas a los sabios y poderosos.

Feliz Año 2009
Año Internacional de la Reconciliación

*Director Área Socio-Religiosa
Instituto “Martin Luther King”

Upoli