Jorge Eduardo Arellano
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La crisis económica financiera que estremece los cimientos del capitalismo mundial tendrá un impacto de impredecibles consecuencias en países pobres como el nuestro, cuya economía dependiente responde a los vaivenes y altibajos del mercado mundial.

El impacto en nuestra incipiente economía será de profundas consecuencias y repercusiones, considerando, además, la crisis que se desatara por el bloqueo y cerco económico impulsado por USA y la Unión Europea, cuyo argumento es la falta de transparencia en los comicios del nueve de noviembre de 2008.

Estos dos aspectos exógenos demandan y exigen la reorientación de las líneas estratégicas del desarrollo socio-económico del país. Enfrentar y resolver las contradicciones económicas internas para sortear la crisis así como continuar impulsando la producción, elevando la productividad y perfeccionando la división del trabajo constituyen los retos de 2009.

El avance y desarrollo económico no puede realizarse mientras la contradicción externa–interna respecto a los precios del petróleo y sus derivados se mantenga sin que nadie diga nada. En otras palabras, mientras los precios del petróleo y sus derivados continúan bajando en el mercado internacional – específicamente el petróleo venezolano a nivel interno no existe, por lo menos no se pone en práctica, una política de reducción de los precios, lo cual genera pingües ganancias no sólo al sector privado (Shell – Esso - Exxon) sino a la estatal Petronic. Esta situación genera las altas tarifas energéticas, tanto en la parte industrial, productiva y agropecuaria, lo cual no motiva ni incentiva a la economía y al proceso productivo.

Directamente los precios del combustible, impactan aun más en el deterioro del poder adquisitivo de la gran masa asalariada del país y de los sectores más pobres. Con los niveles de inflación acumulada, el Córdoba ha perdido valor disparando aún el costo de la canasta básica. La crisis se profundiza más con el asalto a mano armada que hace Unión Fenosa, cuyos costos por la tarifa eléctrica domiciliar son exorbitantes, ya no digamos la industrial o productiva.

Ante los retos de 2009, la reducción del precio del petróleo y sus derivados a nivel interno deben llevarse a efecto para bajar costos de operación e incentivar la economía. En todo caso, debe darse información convincente del porqué persiste esta contradicción y cuál es el beneficio para la economía y la población en general. Las altas tarifas de Unión Fenosa deben reducirse a su mínima expresión, eliminando el alumbrado público, lo cual constituye un robo descarado. Debe continuarse con la adquisición de bombillos ahorrativos, pero, sobre todo, debe impulsarse todo un plan concienciador para el ahorro energético. Los burócratas del Estado, magistrados, diputados, ministros, alcaldías y empresarios en general deben hacer “sacrificios” aunque sea por unas cuantas horas con sus oficinas climatizadas. No se trata de reducir la jornada laboral. Se trata de poner a tono el discurso con la práctica.

Nicaragua es un país sumamente pobre, paupérrimo, de quinto mundo, pero los burócratas piensan y viven como si estuviesen en el primer mundo. Si no se adquiere conciencia de lo irracional con que se actúa, continuaremos predicando en el desierto. La reducción de los costos del petróleo y sus derivados beneficiará a Río San Juan, donde el infierno de la carestía de la vida es insoportable. Pagamos los más altos costos en combustibles, alimentos, tarifas de transporte terrestre y acuático por la lejanía. ¿Tenemos culpa de estar tan alejados de la capital? Demandamos y merecemos un tratamiento y atención preferencial por lo que hemos significado para la historia de nuestro hermoso país.


*Graduado en ciencias sociales en la ex – RDA y docente de la universidad Paulo
Freire, de San Carlos