Jorge Eduardo Arellano
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NUEVA YORK
El mundo se está acelerando. Las comunicaciones, los viajes y la productividad están aumentando. Para algunas personas, las drogas sintéticas se han convertido en una forma de enfrentarse a los tiempos apresurados y competitivos actuales.

En todo el planeta, la gente está tomando pastillas y polvos conocidos como estimulantes del tipo de las anfetaminas (ATS, por sus siglas en inglés) para mejorar su desempeño. Desde los asistentes a las fiestas en discotecas que duran toda la noche hasta los choferes que manejan largas distancias, pasando por los trabajadores de las líneas de ensamblado, más de 30 millones de personas utilizan anfetamina, metanfetamina o éxtasis al menos una vez al año –más del número agregado de quienes toman cocaína y heroína. Se calcula que el mercado global de estos estimulantes es de 65 mil millones de dólares.

Parte del atractivo de estas drogas sintéticas es que se consiguen fácilmente, no son muy costosas y no es difícil usarlas (no hay que inyectarlas, aspirarlas o fumarlas). Las anfetaminas aceleran la forma en que el cuerpo funciona: quienes las utilizan experimentan un aumento de la confianza, la sociabilidad y la energía. Se considera que esa sensación es inofensiva: “las pastillas no matan ni propagan el VIH/SIDA”, se dice.

Pero todo lo que sube tiene que bajar. Las personas que se hacen dependientes a esas drogas pueden sufrir paranoia, fallas renales y hemorragias internas, e incluso problemas severos de salud mental, daño cerebral o ataques cardiacos. Muchos usuarios a menudo padecen caries dentales y costras espantosas porque se rascan debido a una sensación de que tienen insectos bajo la piel.

El mensaje sobre los peligros de los ATS parece estar llegando a los jóvenes en el mundo desarrollado, gracias en parte a campañas de concienciación públicas explícitas. Tras haber tenido aumentos considerables en los años noventa --cuando las metanfetaminas se consideraban el enemigo público número uno en los Estados Unidos y Japón-- el uso de las drogas sintéticas se ha estabilizado en América del Norte, Europa, Australia y Nueva Zelanda. En Australia, por ejemplo, el 2.3% de la población usa metanfetaminas y el 3.5% utiliza éxtasis al menos una vez al año – una de las tasas más altas del mundo.

Las evidencias indican que el problema se está desplazando al este y sudeste de Asia y a Oriente próximo y medio. Asia, con su enorme población y creciente prosperidad está impulsando la demanda. En 2006, casi la mitad de los países de Asia informaron sobre aumentos en el uso de anfetaminas. Este año, más de la mitad de las provincias de China tuvieron problemas serios relacionados con los ATS.

El aumento no se limita a Asia. Algo raro está sucediendo en Arabia Saudita. El año pasado, el Reino incautó casi 14 toneladas de anfetaminas, principalmente en la forma conocida como Captagon (fabricada probablemente en el sudeste de Europa). Eso equivale a una cuarta parte de las anfetaminas decomisadas en el mundo. Hace siete años, Arabia Saudita sólo representaba el 1% del total de esos decomisos. En Sudáfrica, el número de laboratorios de anfetaminas clausurados ha crecido sistemáticamente en los últimos cinco años, mientras que el consumo interno ha aumentado.


Parte de este desplazamiento se debe a cambios en la demanda. En el caso de las sociedades en transición o que están atravesando por una modernización rápida, las drogas sintéticas parecen ser un producto secundario del crecimiento hiperactivo. El desplazamiento también se debe a la fuerte presión de la oferta que llevan a cabo grupos criminales cada vez más agresivos que tienen tentáculos en todo el mundo.

Hace diez años, las drogas sintéticas eran una industria casera. Por ejemplo, los ingredientes para la metanfetamina se consiguen fácilmente, al igual que las recetas, y se puede fabricar en la cocina. Pero en los últimos años, la producción de ATS se ha convertido en un gran negocio mundial. El crimen organizado se está apoderando de todos los aspectos de este comercio ilícito, desde el contrabando de precursores químicos hasta la fabricación y el tráfico de las drogas.

Con poca inversión inicial, las fábricas a escala industrial pueden obtener enormes ganancias mediante la producción de millones de tabletas. En Indonesia y Malasia, por ejemplo, se están descubriendo laboratorios cada vez más sofisticados. Nada más en 2007 se clausuraron 75 laboratorios de ATS en China. Sin duda, hay muchos otros laboratorios como esos en lugares del mundo donde la aplicación de la ley es débil o donde existe corrupción o complicidad de los funcionarios. Myanmar es un claro ejemplo.

Los productores y proveedores se adaptan rápidamente a las últimas tendencias y atienden las necesidades de los mercados locales. Cuando se clausura un laboratorio, surge otro. Cuando un tipo de precursor no está disponible, los productores recurren a alguna alternativa.

América del Norte sigue albergando el 84% de los laboratorios de ATS conocidos del mundo, y Europa occidental ha sido tradicionalmente un centro de producción de drogas sintéticas (particularmente la República Checa y los Países Bajos). Sin embargo, en años recientes, la cantidad decreciente de laboratorios clausurados en Estados Unidos y la Unión Europea se ha visto contrarrestada por un aumento de la producción en países vecinos como Canadá y México, en América del Norte, y Turquía en el sudeste de Europa. Se necesita una mayor cooperación regional para impedir esos desplazamientos.

Antes de que sea demasiado tarde, los países del mundo en desarrollo deben abrir los ojos. Muchos niegan que exista un problema y ni siquiera informan de su situación a las Naciones Unidas. Los más vulnerables están mal preparados para combatir la pandemia mediante la recopilación de información, marcos jurídicos, aplicación de la ley, análisis forenses o atención a la salud.

En general, se necesita más información sobre los nuevos tipos de drogas sintéticas (como la ketamina, que tiene efectos alucinógenos), las novedades en las técnicas de producción, las rutas de tráfico emergentes y los nuevos mercados.

La estabilización del problema en el mundo desarrollado es prueba de que se puede contener. Pero a menos que se preste más atención y se dediquen más recursos a la prevención, el tratamiento y la aplicación de la ley en las sociedades jóvenes y prósperas del mundo en desarrollo, esos países podrían estarse enfrentando pronto a una epidemia similar de abuso de las drogas.


Antonio María Costa es Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito

Copyright: Project Syndicate, 2008.

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