Jorge Eduardo Arellano
  • |
  • |
  • END

El cambio de manos de Estesa, el relanzamiento de Sky, la expansión geométrica de la televisión satelital y el anuncio de una nueva ley de telecomunicaciones y servicios postales, ¿de qué manera inciden en el futuro de la TV abierta en Nicaragua? Obviar estos avatares de parte de los operadores de este servicio sería un grave error. El control que ejercen los grandes conglomerados mediáticos por el mundo, continúa ensanchándose de manera inexorable. Los avances tecnológicos los colocan en una posición ventajosa. La cuantía ilimitada de recursos financieros que disponen para producir series, películas, documentales y programas especiales, renueva su ímpetu por apropiarse y acaparar los sistemas televisivos nacionales. Sus deseos de cubrir con sus antenas el orbe son una realidad.

La TV abierta acusa grandes debilidades. Su mayor defecto consiste en ser parasitaria. Nunca ha tenido luz propia, la que recibe le viene de afuera. Sus dueños muy poco se han interesado por incrementar la producción nacional. La casi totalidad de sus programaciones son compradas en el exterior al mejor postor. Entre más baratas mejor. ¿La crisis económica que sacude a la economía nacional y mundial se convertirá en un estímulo pese a remar a contra corriente o en un pretexto para mantener el statu quo? ¿Serán consecuentes con el principio de que toda crisis se convierte en una oportunidad para crecer y cambiar? ¿Irremediablemente continuarán con su política de dejar hacer y dejar pasar?
En la medida en que la dependencia de los enlatados se acentúa, en esa misma proporción los empresarios nacionales debilitan su existencia. Con la excepción de los programas de opinión, informativos, cobertura de misas, actos proselitistas, deportivos, musicales; turismo, ecología y medioambiente, no existe una verdadera producción televisiva de factura local. Si no hay transformaciones sustantivas orientadas a revertir esta situación, los televidentes continuará migrando hacia las propuestas televisivas foráneas. La crisis económica que vive la mayoría de los nicaragüenses, disminuye el ritmo de las contrataciones de la TV Cable, no lo paraliza. Tampoco deben obviarse las estrategias de los pobres de pegarse al cable o adquirir videos a bajo costo para suplir sus carencias.

La peligrosidad de esta encrucijada pesa sobre los operadores de la TV abierta. Los gustos y predilecciones de los televidentes locales, han sido moldeados a través de las series, películas y programas adquiridos al por mayor y al detalle, en las estanterías de los grandes almacenes mediáticos. Víctimas de su propia tacañería, no han tomado las providencias necesarias para recomponer su posición frente a las audiencias. Todo indica que prefieren jugar un rol subalterno, que contener el avance arrollador de los tiburones mediáticos, en su carrera desenfrenada por apropiarse de las telecomunicaciones y comunicaciones nacionales. Esta conquista se ve facilitada por la complicidad de los legisladores y empresarios nativos. Las leyes emitidas por los parlamentarios, favorecen al capital foráneo y algunos empresarios optan por la sumisión explícita.

La inminencia de una nueva ley para regular las telecomunicaciones nacionales, está siendo condimentado y sazonado por las autoridades de Telcor. El inmovilismo de los dueños de las estaciones televisivas se revertirá en su contra. Una vez más han mostrado mayores deseos de pertrecharse mejor, los dueños y representantes de los medios extranjeros, que los empresarios locales. Una ley como la que se pretende aprobar en la Asamblea Nacional, requiere de la asesoría de especialistas del más alto nivel. Las distintas organizaciones televisivas deberían contar con un panel de expertos para que les brinden luces y aconsejen sobre lo que más conviene para el país. El gobierno hasta ahora ha mantenido a raya a quienes tratan de romper la malla de acero que protege a los operadores actuales de la telefonía básica, Internet, televisión por cable y satelital. La razón aducida es que deben esperar la aprobación del nuevo estatuto que regirá el otorgamiento de licencias y permisos.

El empuje de la TV Cable con la aparición de TV Claro, la compra de Estesa y la ofensiva de Sky, significa una clarinada para los industriales de la televisión. El número de canales ofrecidos y la calidad de la programación puesta en escena, debió llamar su atención. La mayoría de los televidentes se babea golosa ante los doscientos canales puestos frente a sus ojos, para ser devorados de manera insaciable. Las tarifas diferenciadas que ofrecen de acuerdo a las disponibilidades económicas de los suscriptores de la TV Cable, trata de ganar nuevos adeptos. Su existencia son una clara expresión de la brecha insalvable que propician entre quienes disponen de mayores recursos financieros y una clase media casi desaparecida ante el empobrecimiento progresivo que vive el país. La clasificación entre info-ricos e info-pobres, es una firme manifestación de una de las formas más insidiosas de la pobreza contemporánea.

La parte sustantiva de la programación ofertada en la TV Cable, constituye el grueso de la programación nacional. Ante esta disyuntiva, los televidentes prefieren pegarse a la TV Cable. ¿En nombre de qué nacionalismo extraviado por los políticos y los mismos empresarios, los televidentes iban a privarse de ver en directo las Olimpiadas en Beijín? ¿Únicamente para mantener la fidelidad al Canal 2 ó 10 que ofrecían un resumen en transmisión diferida? La teleaudiencia deportiva fue acaparada por ESPN y Fox Sports. Un fenómeno similar acontece en casi todos los otros aspectos vinculados con la programación de las televisoras locales. Las denuncias formuladas por los especialistas en la década de los setenta siguen vigentes, aunque con algunas variantes. ¿Para qué disponer de televisoras propias en países dónde pendía la amenaza de las nacionalizaciones, si después de todo lo que irradiaban sus antenas era lo que ellos producían?
En el presente la dependencia cultural mudó de piel. La diferencia de fondo es que hoy en día los satélites de comunicación colonizan los cielos y han propiciado cambios en los conceptos de soberanía, frontera y Estado. Ante la nueva realidad, ¿qué motivos valederos existen para que los televidentes frenaran sus deseos de adelantarse, viendo Tormenta en el paraíso, transmitida en el Canal 28 (Canal 2 de México, 28 TV Cable), cuando aquí el Canal 10 venía a remolque? ¿En base a qué criterios tenemos que abrigar la esperanza de que los televidentes sintonicen a las 8:00 p.m. la telenovela Amores cruzados a través de Canal 8, si la vieron meses antes en el Canal 47 del cable (Caracol, de Colombia)? La situación se complica aún más para la TV abierta nicaragüense, cuando tiene que competir con Tlnovelas, Azteca Internacional, Caracol y Televisa, que como productoras genuinas de telenovelas, las presentan primero en sus propios canales y hasta después las venden y exportan para ser difundidas en los canales locales.

Una situación similar padecen en relación a las películas que presentan los Canales 2, 10 y 12. Los estrenos que ofrecen ya han sido transmitidos por la TV Cable. Los empresarios criollos o mestizos, jamás van a competir exitosamente ante la avalancha de películas que filtra todos los días la TV Cable, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Aunque muchos canales presentan una y otra vez la misma película, a veces durante el mismo día, los televidentes hacen zapping buscando películas de su predilección en Cine Canal, Hallmark, TNT, HBO, AXN, Golden, Fox, Universal, MGM, CC. Oeste o Cine Max.

El surgimiento y el paso del broadcasting al narrowcasting, que no es otra cosa que la consolidación de los canales televisivos especializados por temas y regiones geográficas, ha sido uno de los vuelcos más significativos para satisfacer las exigencias que plantean las audiencias desperdigadas por diferentes partes del mundo. La aparición de Animal Planet, Discovery Channel (en todas sus variantes), History, Bio, Carton Network y Discovery Kids, son la expresión de una revolución audiovisual todavía en ciernes. Su mensaje resulta explícito: damos a cada quien lo suyo. A esta ofensiva se ha sumado China Continental con el Canal CCTV E en español. Todas estas transformaciones impactan en el corazón de la TV abierta.

¿No se han percatado o se hacen los ciegos ante el alud que amenaza con tragárselos? ¿A cuenta de qué los televidentes van a mantenerse fieles a su programación musical, si pueden conectarse en tiempo real con MTV, o sacudirse la modorra pegados a Tele Hit Ritmo Son o Vhr? ¿Por qué esperar los especiales musicales que ofrecen el 2 ó 10 sobre Shakira o Madonna, si pueden verlos antes en Sony? ¿Las amenazas acaso no son creadas muchas veces por ellos mismos, al someter a sus televidentes al escarnio de levantarse enterándose del estado del tiempo en Nueva York, Florida, California, Texas, o Washington, a través de Al rojo vivo (Canal 10) o de Primer Impacto (Canal 2), convirtiéndolos en habitantes de otra geografía? Con la salvedad de que los mexicanos Ángel González, propietario de Canal 10, y Carlos Slim, dueño de Estesa y TV Claro, son amos y señores de estaciones televisivas en Centroamérica y América Latina.

¿Se vislumbra alguna salida? ¡Sí! ¡Pueden iniciar cuanto antes una auténtica producción nacional! ¡La toman o languidecen! ¡No tienen otra salida!