Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En un artículo publicado en esta misma sección hablé del síndrome colombino como un fenómeno de traspaso de lo que no se comprende al mundo del no entendedor, aunque es preciso tener claro que este traslado se realiza a través de todos los resabios y pre-concepciones del que no entiende. Esto ha dado como resultado, para el caso de Nicaragua y de la América Latina actual, una serie de confusiones y, cuando no, pifiados desenfoques de la realidad, tires y encoges conceptuales y hasta reduccionismos categóricos. De igual forma se presentan eventos como verdades absolutas y hasta definiciones “internéticas” como efectivas solvencias de explicación. Así se ha generado una “corriente” de los que llamo: confundidos. Dentro de este patrón es fácil ubicar, por ejemplo, al profesor Andrés Pérez Baltodano con sus errados artículos, quien, en primera instancia, habla desde un lugar a través del cual asume un punto de vista universal y por lo tanto sometido a lo que se designa como historias locales/diseños globales y, en segunda instancia adopta una perspectiva esbozada sobre la base de una ciencia social incapaz de dar cuenta de los nuevos procesos que se están articulando en nuestro país. Entonces, partiendo de los antes expuesto, Pérez está inhabilitado para leer los desplazamientos y las redefiniciones que se están suscitando en un lugar llamado Nicaragua.

Así que en este artículo partiremos de la aplicación que realiza el profesor Pérez de democracia en su escrito del sábado 07 de febrero para de-construirla y demostrar una vez más su errática, retrógrada, desfasada, tergiversada y nada seria interpretación. Bien, Pérez define democracia como una dimensión que incluye leyes y consenso social, apenas ¿No es esta la prolongación de la “clásica” y tradicional enunciación de democracia como un procedimiento de regulación-equilibrio entre la ley y el individuo y las instituciones? Esto nos demuestra que Pérez Baltodano es un profesor atrapado en el canon y que reproduce en las esferas de sus escritos y de sus prácticas una forma particular de lo que la modernidad-colonialidad ha utilizado como diseño global sin tomar en cuenta las particularidades de unas geopolíticas del conocimiento otras.

Es decir, el profesor Pérez unidimensionaliza la democracia occidental y la reduce a una sola forma de “racionalidad” y la postula como la única manera de generar el consenso, la hegemonía, la moral y hasta la felicidad de las personas. Pérez en su escrito banaliza frases y las descontextualiza. Dicho de otra manera: ¿no son frases de Perogrullo decir que el consenso es la teleología de la democracia? ¿Qué trata de explicar Pérez con ello? ¿Acaso no se ha enterado de que está repitiendo una clase sobre el humanismo del siglo XVI y su plano de la inmanencia? Lo mismo sucede cuando reclama su famosa racionalidad, pues está forzando a entrar en su definición de democracia a la contrarrevolución ilustrada en aras de practicar un control sobre las aspiraciones constituyentes de la multitud. Entonces para nadie es un secreto que el consenso sea lo teleológico de todo sistema.

Decimos entonces que Pérez define democracia como la normalización que debe generar el consenso y el equilibrio social, no obstante, siguiendo su propuesta esto se articularía de una forma espontánea y simple, y, lo que es peor, habla de consenso hegemónico, de orden socialmente legitimado, entre otras jerarquías esgrimidas desde hace más de 500 años y utilizadas como aparato trascendente de la ilustración para construir al otro colonial/imperial/bárbaro/ingobernable.

Aquí el profesor habla desde un locus ilustrado y cae en los vicios que Guha ha llamado glosas/prosas de la contrainsurgencia, en tanto y en cuanto su reclamado consenso debe ser hegemónico, es decir, que debe existir una superposición de consensos para que se desarrolle su democracia, lo que nos remite a la construcción de exterioridades, diríamos pues, que la democracia perfecta para este señor es aquella en la cual la hegemonía no consulta y más bien se construye sobre la base de la normatividad y la imposición. De ahí que sus posturas no encuentren asideros en un proceso como el guiado por el FSLN en la actualidad, el que no marginaliza ni exterioriza construyendo otros, más bien incluye todas las particularidades, un proceso que no unidimensionaliza, más bien pluriversaliza, no jerarquiza, más bien iguala, un proceso que no ordena y legitima socialmente a unos y deslegitima a otros, sino que se centra en el bien común como premisa básica.

Diríamos pues que hay una apropiación autoritaria de la idea de democracia en este señor y que la vincula a un predominio de ésta como proyecto imperial o como parte de la retórica salvacionista devenida desde las figuraciones helénicas. Dentro de su confusión y su perspectiva a/crítica y a/teórica el profesor hasta quiere negar el derecho del pueblo nicaragüense a organizar de una manera otra, distinta, la justicia, la equidad y la igualdad.

Ahora, cuando el profesor Pérez Baltodano habla de la defensa por parte de los intelectuales del proyecto sandinista no tiene claro que éste se defiende y define por su propio rol y que no son los intelectuales quienes lo construyen o salvaguardan, sino el pueblo en su dinámica de socialización del poder. Así que cuando menciona los Programas que el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional impulsa reconoce el cambio que se ha experimentado en materia de educación, producción, financiamiento, entre otros, lo que no puede ver, debido a su confusión, es que éstos son apenas unas de muchas acciones impulsadas en conjunto con la ciudadanía, no obstante, éstas se establecen junto a otras perspectivas de cambio como el ejercicio de una verdadera soberanía política liderada por la gente desde, en y con la comunidad. En este sentido el pueblo nicaragüense hoy, guiado por el FSLN, lucha porque otros mundos, otras democracias sean posibles y no esa de la cual habla Pérez, que muy bien sabemos ha sido un fracaso y un verdadero embuste de Occidente para administrar, normativizar y, ni siquiera negociar el famoso consenso que tanto menciona en sus erráticos y confundidos escritos.

cmidenceni@yahoo.com