Jorge Eduardo Arellano
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Estimado Carlos Mejía Godoy:
He escuchado muchos conciertos con usted y con Los de Palacagüina, tengo siempre conmigo su música y siempre he admirado su gran capacidad de poner melodía y letra a los problemas sociales de Nicaragua para mover a quienes lo escuchan a la solidaridad. Su Misa Campesina es una de las expresiones más hermosas de su capacidad para animar a la gente a trabajar por cambiar las cosas. Usted acompañó la revolución en Nicaragua y su música testimonial quedará para siempre como una herencia imborrable en los corazones de generaciones. En síntesis, admiro sus capacidades como cantautor y como revolucionario.

Exactamente hace un año, estimado Carlos, usted escribió una carta solidarizándose con el padre Marco Dessi, que apareció publicada en EL NUEVO DIARIO, el 15 de diciembre de 2006. En esa carta usted describe las obras sociales que el padre impulsó en Chinandega. Y realmente, no queda ninguna duda de las obras que en beneficio de niños en situación de riesgo y de jóvenes humildes él inició y consolidó, lo que merece reconocimiento y agradecimiento.

En mayo de este año, el padre Marco Dessi fue condenado a doce años de prisión por delitos sexuales que cometió contra niños y jóvenes de Chinandega. Creo que el sistema judicial y legal de Italia que lo condenó es confiable y creo que llegó a esa conclusión, tras investigar suficientemente los hechos para considerarlo culpable.

Hoy le escribo, estimado Carlos, en relación a ese caso. Soy sobreviviente de abuso sexual. Y como sobreviviente, me solidarizo con todas y con todos los que han vivido esta experiencia tan dolorosa. Tuve la oportunidad de conocer a varios de los jóvenes sobrevivientes de los abusos del padre Dessi, conozco su dolor y también el camino por el que hoy buscan sanar de las secuelas que les dejó ese abuso.

En mi caso, el abusador no fue un sacerdote, un padre católico, sino mi padre biológico. Obviamente, los sacerdotes, los padres, los pastores --los católicos, los evangélicos, los biológicos, los no biológicos-- pueden tener dos caras: preocuparse por nuestro bien y abusar de nosotras y nosotros. En su carta de solidaridad, usted se fijaba en las obras buenas del padre Dessi sin poder imaginarse esa otra cara de él. En aquel escrito ofreció incluso “meter sus manos en el fuego de defensa del honor” de Marco Dessi.

En Nicaragua muchas organizaciones están trabajando en contra del abuso sexual, educando para prevenirlo, haciendo conciencia sobre las secuelas que deja, apoyando a aquellas y a aquellos que quieren sanar de tan dolorosas huellas.

Las nueve mujeres denunciadas ahora por una organización de “derechos humanos” son parte de este esfuerzo nacional. Ellas han trabajado desde hace años arduamente en favor de las víctimas, a favor de las y los sobrevivientes, sean quienes sean. El Movimiento contra el Abuso Sexual, que se presentó hace unas semanas, está empeñado en reforzar este trabajo. Quisiéramos, Carlos, contar también con su solidaridad.

Mi sueño es, Carlos, que usted se incorpore a esta lucha contra el abuso sexual, expresando en esta Navidad su solidaridad con nosotras y con nosotros, que fuimos víctimas y ahora somos sobrevivientes, particularmente quisiéramos que expresara su solidaridad con los jóvenes de Chinandega, víctimas de Marco Dessi.

La Navidad es tiempo de sueños, de deseos, de aspiraciones. Sueño con un mundo libre de abuso sexual, porque un mundo sin abuso sexual será otro mundo. Mi sueño es que usted trabaje junto con nosotros por una Nicaragua libre de abuso sexual, como en el tiempo de la alfabetización trabajó por una Nicaragua libre de analfabetismo y como hoy sigue trabajando por una Nicaragua que conserve su identidad cultural. Las niñas y los niños lo merecen. ¡Sí se puede!
Feliz Navidad y un Feliz año 2008, Carlos.

Movimiento contra el abuso sexual