Jorge Eduardo Arellano
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“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”.

Albert Einstein

Nicaragua es el tercer país más afectado por el cambio climático, según el informe presentado por la organización Germanwatch, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en Poznan, Polonia, realizada del 1 al 12 de diciembre.

El informe (www.germanwatch.org/klima/cri2009) se basa en eventos y sus consecuencias durante la década 1998-2007 y en 2007. En ese año los tres países más afectados fueron Bangladesh, Corea del Norte y Nicaragua (con el huracán Félix y las inundaciones del Occidente y Matagalpa). En la década 1998-2007 los más afectados fueron Honduras, Bangladesh y Nicaragua. Recordemos el huracán Mitch.

Debido al cambio climático, se espera que los eventos sean más frecuentes e intensos. Y los países con menos desarrollo son los más afectados, por su vulnerabilidad y limitada capacidad de adaptación, debido a circunstancias como la geografía, situación económica, interés de los gobiernos y la formación e información de la ciudadanía.

Como buen ejemplo se cita el caso de Bangladesh, que ya ha emprendido medidas múltiples, fortaleciendo así la reducción de riesgo de desastres. En el Plan de Acción incluyen terraplén en áreas rurales costeras para prevenir las inundaciones y la incursión de aguas salinas que afecten la agricultura; la construcción de albergues, lo mismo que sistemas de alerta temprana. Con la participación del gobierno, la sociedad civil y la cooperación internacional.

Habrá más calor, inundaciones, desplazados ambientales, más hambre, enfermedades. Los donantes tendrán que apoyar a más países, habrá que compartir entre más damnificados. Y en medio de una crisis económica mundial. Por lo tanto, la estrategia no es sólo saber pedir y saber cobrar, sino saber evitar desastres.

En Nicaragua hay muchas poblaciones costeras; marinas, fluviales y lacustres. Aquí no más hay gente a orillas del lago, o las poblaciones que viven de la pesca. Recordemos las desgracias con el huracán Félix. Todos los años el Tepalón está inundado. También hay poblaciones desprotegidas en las faldas de los cerros y a orillas de los cauces. Si continuamos actuando igual, cuando ya, literalmente, estamos con el agua hasta el cuello, seguiremos teniendo los mismos resultados.

Para cambiar las cosas tenemos que cambiar nosotros. En el trabajo y en el hogar. Para cambiar hay que aprender. Causas y consecuencias del cambio climático, cómo afectamos y cómo nos afecta, cómo adaptarnos. Y contar con sistemas de alerta temprana. Por ejemplo, nos sorprendió el huracán Félix, y estábamos en época de huracanes; y los torrenciales aguaceros de mayo de 2008, en época de lluvias. Además, ya sabemos que las consecuencias del cambio climático las tenemos encima, por lo tanto deberíamos estar preparados.

Pero si continuaremos con el conformismo, esperando que otros resuelvan los problemas, contaminado los ríos, tirando basura a los cauces o quemándola, deforestando las cuencas de agua, sembrando árboles que después no cuidamos, o sembrándolos de cualquier forma y en cualquier parte; si seguimos contaminado desde el hogar, si como trabajadores no vigilamos que las empresas no contaminen ni derrochen. Si los políticos siguen pactando por sus intereses. Si seguimos haciendo lo que hemos hecho, no esperemos milagros.

En síntesis, tenemos que cambiar para proteger el medioambiente y enfrentar las diferentes crisis. Es necesario descentralizar e impulsar el desarrollo local, para evitar la migración y el gasto en transporte. Crear centros de producción, industrias y servicios. Si en todas las regiones hubiese más generación de empleos, si se pudieran hacer las gestiones en cada lugar, se ahorraría tiempo y recursos, y se contaminaría menos. Pero a veces hay que ir a Managua por un carné o un simple documento que se podría gestionar en las cabeceras departamentales o mediante las nuevas tecnologías de comunicación.

La lucha contra el cambio climático implica que cambiemos nuestras perspectivas y conductas. Para ello necesitamos cambiar desde adentro, no sólo estar informados, sino sensibilizados. Y eso conlleva amor a la naturaleza. Y comprender que cada elemento del medioambiente es indispensable para el equilibrio del planeta. Quizás tengamos que recurrir a las enseñanzas de San Francisco de Asís y ver a los seres animados e inanimados, como hermanos, como parte de la creación, como el otro que es complemento de nosotros, sin el cual no podemos vivir. Y que también tienen derecho a existir.

Y no es trabajo sólo de las instancias ambientales ni del sistema de prevención de desastres, sino un eje transversal que debería incidir en todos los ministerios, programas, empresas, ONG, partidos políticos, etc. Todos deberíamos poner en alerta, mente, cuerpo y corazón. Las crisis deben servir para buscar soluciones y avanzar, no para dejar que nos arrastren y continuar lamentándonos porque somos un pueblo pobre. Empobrecido.

“Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no luchar por superarla.” (Albert Eistein).