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El desarrollo tecnológico en sus diversas formas se desarrolla y avanza más rápidamente que el desarrollo humano y el bienestar de la población.

Todo sistema educativo persigue como objetivo central generar aprendizajes significativos de calidad, útiles y pertinentes, siendo el espacio propio de los mismos cada persona, cada ciudadano con sus características, propiedades, potencialidades y necesidades individuales y sociales.

En los aprendizajes adquieren vida y sentido junto con los conocimientos propios de las ciencias y de las humanidades, valores como la igualdad, la justicia, los derechos humanos, las responsabilidades, la convivencia, el bienestar, el respeto, la solidaridad, el amor, etc.

La educación así como de bien social y público con enorme impacto en el desarrollo de cada persona y del país, fija mucho su atención en los aspectos técnico-pedagógicos, metodológicos y didácticos aceptando que en sus dominios se gestan los aprendizajes exigidos por las distintas materias, especialidades y valores. Es correcto que así sea.

Sin embargo, no siempre los sistemas educativos ponen el mismo interés y atención en determinados aspectos esenciales e insustituibles del ser humano, de cada persona la que desde su individualidad reclama al proceso educativo ser una actividad plenamente humana.

Este reclamo tiene en la actualidad un acento muy profundo. Estamos sacudidos por una crisis económica de múltiples raíces y manifestaciones. La crisis económica se abre rápidamente paso y llega a los ciudadanos en formas muy diversas y con efectos preocupantes en el ámbito emocional e incluso en la estructura psicosomática de la persona.

Al aumentar las restricciones económicas, el costo elevado de la vida cotidiana, el desempleo, etc. aumentan proporcionalmente el stress, la fatiga, la depresión, la inseguridad, la agresividad, etc. en la ya complicada convivencia ciudadana de nuestro país.

Todo ello va a manifestarse de diversas formas en el sistema y en los centros educativos con el posible deterioro de las relaciones humanas, la acción de un clima psicosocial adverso, de un bajo rendimiento escolar, de una insuficiente autoestima, de falta de interés en el estudio, de indisciplina, etc.

Ante esta situación muy previsible según datos ya confirmados en contextos semejantes se impone en nuestro sistema educativo la necesidad de dar tanto o mayor importancia que a lo técnico pedagógico, a lo psico-social, generando ambientes propicios para la convivencia, el respeto, el trato humano sostenido de parte de todos, familias, autoridades educativas, maestros, maestras y estudiantes.

Es el momento en el que debe predominar el valor de la persona en todas las instancias del sistema educativo contra cualquier expresión de distorsión en el comportamiento humano.

La mejor forma de superar las crisis es crear condiciones permanentes de sanidad psicológica y de bienestar emocional en todos los centros y procesos educativos, elevando las expectativas y la autoestima de toda la comunidad educativa.

Activar los distintos componentes y mejorar las condiciones de la calidad de los aprendizajes tal como lo está haciendo con fuerza el Mined, tiene mucho que ver con la calidad de la vida y de la convivencia humana en cada núcleo educativo. Es algo que se puede y debe hacer sin afectar la rigidez del presupuesto de este año 2009.

Como educador sugeriría una mayor atención a la problemática emocional de la comunidad educativa que va a generar la crisis económica, agravando la que ya cargamos como sociedad.

Es necesario fortalecer los distintos activos psico-sociales para enfrentar la crisis y sus manifestaciones pues con frecuencia lo peor de ella es creer que carecemos de apoyos para salir de ella. Ayudemos a nuestros maestros y maestras en esta importante coyuntura en su difícil pero clave quehacer pedagógico. Ellos son parte imprescindible de esta salida.

Ideuca