Jorge Eduardo Arellano
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La colaboración entre áreas del conocimiento humano ha sido fundamental para el desarrollo acelerado de la ciencia. Los avances en la industria del manejo de los cristales de la óptica moderna han dado más profundidad de observación al imperfecto ojo humano. Producto de esta contribución observamos con el telescopio Huble otras galaxias, y con los desarrollos de diversos microscopios electrónicos, observamos el símil galáctico en el mundo del átomo.

La biología molecular se ha visto enriquecida por el desarrollo de otras ramas del conocimiento. El desarrollo de tintes sintéticos en el pasado siglo permitió hacer visibles los cromosomas. Pero también la biología molecular se vio ayudada por eventos aleatorios coherentes con la evolución biológica. Por muchos años los científicos estuvieron suponiendo que el ser humano tenía 24 pares de cromosomas. Los cromosomas tenían una dificultad para ser contados. Se presentaban enrollados entre sí, cual “nudo gordiano” esperando ser resuelto. Un accidente de una ayudante de laboratorio en la preparación de una solución permitió observar unos cromosomas ordenados dispuestos a ser contados nuevamente. Cual sorpresa la de los científicos al observar que los pares de cromosomas eran 23. Los clasificaron de mayor a menor en tamaño, aunque existe un error en el 22, pues se mostró posteriormente que era más pequeño que el 23.

La biología tiene un gran saldo pendiente como las ciencias informáticas. El gran desarrollo en la industria del hardware de computación, en los últimos veinte años, ha confirmado la famosa Ley de Moore la cual establece que la capacidad de las computadoras tenía un crecimiento exponencial cada diez y ocho meses. No obstante, la Ley de Moore ha sucumbido a la Ley de Rendimientos Decrecientes, pues en los últimos años hemos visto la disminución del crecimiento de la capacidad de los hardware computacionales. Los software han pisado los talones a la capacidad de bytes extendida de las computadoras de hoy. Los biólogos además de establecer los parámetros de sus teorías, usan programas bien complejos para acelerar sus observaciones y análisis. La informática fue vital en el desarrollo del genoma.

El científico John Henry Holland a principios de los setenta del siglo pasado, explicaba qué significaba su neologismo “Algoritmo Genético” o evolutivo. La biología Neodarwiniana saldaba cuentas con las ciencias informáticas, pues hacer un símil de la evolución darwiniana en software computacionales era una gran contribución a la famosa “Inteligencia Artificial”. No se puede hablar de Inteligencia artificial sin mencionar a uno de los padres de la computación, Alan Turing, quien ideó la famosa prueba o test de Turing para evaluar si una máquina siente o tiene emociones humanas. El Test de Turing se aplica en la red para filtrar los posibles “spam” que pueden infectar nuestro ordenador. En muchas transacciones y afiliaciones en la red, a la hora de mandar por ejemplo un e-mail, el “captcha” como código alfanumérico distorsionado, obliga al ojo humano, respaldado con un cerebro con capacidad de interpretación holística, descifrarlo para decir al remitente: “Aquí está un humano y no una máquina”. También no menos importante es la “sala china” ideada por John Searle y divulgada por Roger Penrose en los estudios lingüísticos humano-máquina. Sin menospreciar las contribuciones de estos dos renombrados científicos, creemos que la Inteligencia Artificial no debería estar basada en el estándar humano. Muchos creen que el desarrollo de las máquinas debe ser enfocado a las “funciones óptimas”, para el provecho humano. Tomar como modelo funcional a la especie Homo Sapiens Sapiens es limitar los alcances de la Inteligencia Artificial. Por ejemplo, hace miles de años el hombre descubrió la rueda como una forma mejor de movilización que la bípeda y más aún cuando la rueda es asistida por el motor de combustión interna. Todos los sentidos humanos no son los más afortunados de la naturaleza, esto por los caprichos adaptativos que nos impone la selección natural. Algunos “Dr. Frankesteins” de la informática, usando el modelo humano de referencia han querido simular al humano con las mejores funciones, el resultado de estos diseños teóricos a los ojos de los estándares estéticos actuales, resultan en adefesios corporales.

Los Algoritmos Genéticos (AG), son programas de informática que simulan la evolución darwiniana con la diferencia que los parámetros de selección para los resultados son establecidos por el hombre para encontrar soluciones óptimas a problemas cotidianos. Una población de datos se interpola con las fuerzas del azar (combinaciones) y mutación de datos esporádica y con efectos varios, para que por estos medios se adapten a criterios previamente establecidos (selección artificial). En el interín van saliendo soluciones aproximadas que se van extinguiendo a medida que la solución óptima adaptativa a los parámetros seleccionados va apareciendo.

Los AG han dado muchas soluciones en el mundo cotidiano. En 1999 un programa basado en los conceptos de Holland, produjo un invento patentizado de una antena de forma extraña que resolvía un problema electrónico. Los AG nacidos de la genialidad de Holland hace más de treinta años, no pudieron germinar inmediatamente por la poca capacidad de las computadoras en su momento ya que implicaban programas complejos que “comían” muchos bytes. Pero ahora que el software esta a la zaga de las máquinas, las aplicaciones de los Algoritmos Genéticos (AG), germina en una base informática capaz de desarrollarlos.

Son diversas las aplicaciones de los AG, los encontramos desde diseños industriales hasta en la elaboración de los programas y horarios de estudio de las universidades. También lo encontramos en la investigación de la genética ancestral, como en las planificaciones urbanísticas para controlar el tráfico o la distribución de agua. Sin embargo, como todo buen invento también caben utilizaciones dañinas. Un ejemplo de ello son los virus informáticos que tanto desvelo nos hacen pasar a los cibernautas. Al igual que los virus de la naturaleza, los virus informáticos evolucionan a mejor estilo darwiniano. Los virus informáticos actúan como una epidemia, pues su distribución está basada en infecciones horizontales usando trampas atractivas en su etiquetado para ser seleccionados en el computador.

Los AG valoran los eventos aleatorios, probabilísticos y multicausales en detrimento del clásico pensamiento lineal casuístico. Los Algoritmos Genéticos son el caldo de cultivo de un futuro en el software ajustado a la Ley de Moore. Junto con los inmensos volúmenes de información manejados en internet, los AG contribuyen a un probable salto cualitativo proyectado en la red, avizora un cambio importante en la evolución del ciberespacio. Este salto cualitativo en la internet esta apenas comenzando, lo que es difícil saber, es el impacto en las instituciones dentro de un mundo globalizado. Surgen preguntas como: ¿Quién controlará a la red? ¿El estado-nación surgido de las corrientes de la ilustración podrá con el reto? ¿Seguirá la selección natural de Darwin asumiendo su rol histórico? Para mientras: Gracias Sir Charles Darwin.

rcardisa@ibw.com.ni