Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Sócrates Sandino Tiffer (31 de octubre, 1898-21 de febrero, 1934) se identificó con la causa de medio hermano --el Guerrillero de nuestra América--, llegando a defenderla en Nueva York con la pluma y la palabra (poseía una fácil oratoria convincente), a integrarse en México a su Estado Mayor, a luchar por ella en las Segovias y a morir el mismo día que su admirado Augusto.

También revelaba inquietudes literarias. En efecto, Sócrates no había cumplido veinte años cuando pergeño en Niquinohomo un obituario sobre su abuela materna, desaparecida un año antes: doña Josefa Dolores Delgado, viuda de Tiffer. En el diario La Noticia de Managua (miércoles, 20 de febrero, 1918) se lee con el título “A ella”. La breve necrología es sentimentalmente convencional: “Un año hace que en cuatro hombros amigos marchaba un ataúd negro y oscuro, conteniendo dentro blancura de armiño, blancura de marfil, blancura y solo blancura; caminaba despacio por la gran vía que conduce a la inmensa ciudad desconocida” —decía uno de sus párrafos.

Asimismo, en la segunda edición de mi libro sobre su hermano mayor (Hispamer, 2008) he transcrito y comentado cinco de sus poemas “segovianos” (“El Amanecer”, “Al aguadero va mi campesina”, “Mi campesina molendera”, “Cómo es mi campesina” y “Cómo duerme mi campesina”, publicados íntegros en el suplemento cultural Ventana del 20 de febrero de 1984).

Pero desde joven había demostrado una fuerte tendencia a la juerga. Por ejemplo, la revista ilustrada de Managua Los Domingos (núm. 64, 27 de julio, 1919) difundió una invitación para asistir en Niquinohomo a un baile “en honor del Bello Sexo” en los salones de la casa de don Nicolás Sandino, firmada por él: “Sócrates Sandino Tiffer y José María Sandino”. Tenía entonces Sócrates 21 años.

Para entonces, al contrario de Augusto, Sócrates daba muestras de no corresponder a las expectativas de su padre, don Gregorio Sandino López (12 de marzo, 1868-13 de febrero, 1947), cuyo último intento de enderezar su camino y suprimirle la afición a la bebida fue enviarlo a los EU. (Filadelfia y Nueva York). Don Gregorio esperaba que allá el duro trabajo en una fábrica podría rescatarlo del vicio.

Residiendo en Nueva York en 1926, Sócrates se hallaba al frente del primer Comité de Solidaridad por la causa sandinista surgido en los Estados Unidos. Se ignora cuánto tiempo tenía de haber llegado a la gran cosmópolis. Sin embargo, una fotografía lo registra tomando la palabra ante un atento y elegante público, perteneciente a la “Anti-imperialist League”. Su secretario era otro latinoamericano: Manuel Gómez.

Promotora de mítines en Nueva York, de asambleas y marchas en Washington, de bailes y postales, la “Liga Antiimperialista” duró casi un año y obtuvo ayuda en dinero y medicinas para los campamentos de las Segovias. Salomón y Roberto de la Selva (propietario del restaurante “El Charro”), José Román, los pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Sequeiros, los escritores estadounidenses Sherwood Anderson y Waldo Frank se reunían con Sócrates en “El Charro” (100 y 115 Street). “Se tomaba tequila y mezcal, pero sobre todo llegaban a conversar sobre problemas sociales, locuras geniales y sobre Sandino, plato del día en las noticias” —recordó Román.

Por su lado, Salomón de la Selva refiere que en ese “abrevadero oculto”, por la ley seca, planeó con el puertorriqueño Luis Muñoz Marín y el propio Sócrates --quien trabajaba como mecánico en una fábrica-- una gira por América Latina para despertar conciencia y obtener apoyo a la causa sandinista: Muñoz Marín y Sócrates irían a La Habana, y Salomón a Nicaragua. Roger Baldwin, de la Civil Liberties Union, les daría 600 dólares; pero Sócrates desapareció de Nueva York.

Desde allí --no hay que olvidar-- se propuso refutar las calumnias acerca de su hermano. “Mi objetivo —declaró— es decir la verdad al mundo, por medio de los periódicos asociados de la North American Newspaper Alliance”. Y así redactó y difundió dos artículos bajo el título de “La Vida del General César A. Sandino”, en El Universal Ilustrado, de México, el 16 y 26 de febrero de 1928. Al mismo tiempo, colaboró con otros dos en la primera publicación aparecida en Europa (Barcelona, Ediciones Populares, 1929).

En Veracruz, ciudad y puerto en Golfo de México, Sócrates se incorporó al grupo de Augusto que con él sumaban cinco. De ahí salieron hacia el Progreso, Yucatán, adonde llegaron el 10 de julio de ese año. El muelle estaba pletórico de admiradores que acompañaron a Sandino y sus hombres hasta el Hotel Llano. Antes de las siete de la noche, Sandino y sus compañeros --seguidos de enorme público-- se dirigieron al Teatro “Variedades” para participar en un mitin. Aparte del general antiimperialista, José de Paredes y Sócrates pronunciaron discursos. Entonces de 31 años, el hermano menor de Sandino se refirió a la Revolución nicaragüense y tuvo para el pueblo mexicano cálidos elogios. Concluido el mitin, los viajeros partieron hacia Mérida, ocupando varios automóviles.

A la entrada de la carretera y Mérida-Progreso, los aguardaba el administrador del Diario de Yucatán y el redactor gráfico: uno para saludarlos, el otro para tomarles fotografías. Luego siguieron para el centro de la población y se alojaron en el Gran Hotel. Al día siguiente, numerosas personas se presentaron allí con el deseo de saludar a Sandino. Por la tarde, un grupo de estudiantes de secundaria organizó una manifestación en su honor. Sandino agradeció el homenaje de que era objeto. Sócrates también intervino. “Todos los oradores fueron ruidosamente aplaudidos, especialmente el general Sandino y su hermano Sócrates”, según el Diario de Yucatán, del 12 de julio, 1929. Cabe señalar que Sócrates, en la primera plana de ese diario, aparece al lado derecho de su hermano, sin sombrero, contrastando su traje de civil, corbatín y zapatos, con los sombreros, vestimenta y botas de los otros acompañantes. Incluso es el único que no portaba arma de fuego.

No son muchas las referencias sobre Sócrates en México al lado de su hermano entre julio de 1929 (se le unió en Progreso el 12) y abril de 1930 (el 24 salió de Veracruz acompañándolo, secretamente, de regreso a Nicaragua). Pero resulta muy valiosa, por cuanto retrata su personalidad la Revista Social (Mérida, tomo III, 30 de julio, 1929). Dice: “No queremos dejar de hablar de su hermano Sócrates. Persona culta. Admirable en su papel. Imaginación fecunda. Cultura amplia. Es periodista. Polemista. Orador. Hombre inquieto. Dinámico. Cortés. Amable. Es un hombre”. Además, Sócrates se destaca en una fotografía del mismo tomo, sentado, en medio de Tranquilino Jarquín (nicaragüense) y Augusto Farabundo Martí (salvadoreño); lo acompañaban, de pie, José de Paredes (mexicano), Rubén Ardila Gómez (colombiano) y Gregorio Urbano Gilbert (dominicano). Todos ellos lugartenientes del guerrillero.

Pero la más interesante es la relacionada con el archivo del Edsnn depositado por Sandino en la Logia Masónica de Yucatán el 3 de agosto de 1929: doce paquetes de documentos entregados a Primitivo Molina, “Gran Maestro de los Masones de la Gran Logia La Oriental-Peninsular Unidas del Estado de Yucatán”, según escritura de la misma fecha. Pues bien, Sócrates lo rescató seis meses después, quedando en poder del doctor Pedro José Zepeda; así lo indica Sandino en su “Descripción de motivos que nos impulsaron ir a México, en busca de apoyo para el sostenimiento de nuestra lucha emancipadora en Nicaragua”, datado en las Segovias, 16 de julio de 1931.

Sócrates retornó a Niquinohomo, a su pueblo natal y hogar, donde creció como hijo mimado, siete años --al menos-- de haber partido al extranjero. Exactamente, en noviembre de 1933, acompañando a su hermano Augusto, quien viajaba por tercera vez a Managua. En un periódico local se refiere que, al llegar convertido en coronel del ejército libertador de Nicaragua, fue objeto de varias fiestas en Granada y Niquinohomo, donde le obsequiaron un baile a la usanza antigua, con bastonero y programa de las piezas bailables para comprometerse a bailar con las damas. Dos testigos recordaban la presencia de Sócrates: el bastonero Rodrigo Morales y el Presidente del Comité del baile, Carlos Alvarado. “Sócrates --dijo Alvarado-- en medio de la euforia de los tragos, disparó la carga de su pistola 45 al aire. Esta pistola fue la misma que utilizó cuando lo llegaron a matar a la casa de don Sofonías Salvatierra, tres meses después de aquel baile”.

jarellano@bcn.gob.ni