Jorge Eduardo Arellano
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Sí, aunque se disfrace: la “causa” de Alemán no es idónea para unirla a ninguna otra causa, porque sus delitos comunes desprestigian los objetivos políticos democráticos, crean confusión y estimulan las iniciativas autoritarias del orteguismo. Así no habrá solución, sino una disyuntiva para cada partido liberal: a) el PLC junta sus manos a las de Alemán en el mismo cepo, o pasa a ser un partido autónomo; b) la ALN se vuelve cómplice de Alemán o trabaja para atraerse al PLC.

El MRS no tiene disyuntiva, pues ya se definió contra la “causa” de Alemán, y por seguir unido al “Bloque” por el rescate de la institucionalidad. El ataque calumnioso del orteguismo que está a favor de la amnistía, y que es parte de la derecha, no pasa de ser un vulgar ataque político.

(No aconsejo nada a nadie. A los protagonistas de la crisis institucional no les hace falta consejos por una obvia razón: nadie conoce mejor que los políticos las soluciones de los conflictos, porque ellos mismos los crean).

Hay un obstáculo en el camino del “Bloque”: la miopía ideológica. La derecha suele hacer una división entre lo “democrático” –auto calificación de las fuerzas políticas que representa—, y la “izquierda totalitaria”. En la práctica, lo “democrático” se ha vuelto una máscara para cierta delincuencia; si no, veamos que Arnoldo Alemán sigue siendo considerado parte de las “fuerzas democráticas”, además de serle aceptado su liderazgo.

La estructura moral y ética de la mayoría de los diputados liberales tampoco es óbice para que se autoconsideren legítimos miembros de las “fuerzas democráticas”. La gente considera que la mayoría valida un acuerdo y es santificado como democrático, aunque parte del articulado de una ley esté reñido con la ética y los derechos sociales, humanos y políticos de los ciudadanos. Ejemplo, el voto penalizando el aborto terapéutico lo depositó el diputado “democrático” y el diputado “revolucionario”. Una ley deja de ser democrática sólo cuando choca con los intereses de las facciones dominantes, derechistas y orteguistas.

El mote “democrático” no se corresponde con la conducta política de los diputados liberales, como tampoco el mote de “revolucionario” se corresponde con la actuación política de los diputados orteguistas. Por supuesto, las contradicciones entre el Ejecutivo y la Asamblea Nacional son entre “democráticos” para la derecha y “agentes imperialistas” para el orteguismo; así satisfacen sus filias y sus fobias. Alemán no es visto como el delincuente que es, sino como una víctima del “totalitarismo” en marcha contra las “fuerzas democráticas”.

Los métodos con los cuales el gobierno ha venido actuando en este caso no son nada democráticos, desde luego. Pero no se favorece la causa por la auténtica democracia suponer que la acción contra Alemán es un ataque a “las libertades”, como no le favorece en nada a la democracia manipular la acción judicial contra Alemán. Esta confusión de conceptos y de situaciones sólo favorece al delincuente, por un lado; y por el otro lado, al manipulador de la justicia, porque Ortega no actúa por su profundo sentido de justicia contra Alemán, sino con sentido instrumental de la justicia a favor de sus planes políticos.

Hay sandinistas que reconocen lo ilícito en las acciones del presidente Ortega --lo cual es inocultable--, pero, de hecho, lo justifican cuando alegan que su enfrentamiento con la derecha y sus acciones ilícitas son en bien del “pueblo”. Ésta es una actitud a favor de la pareja gobernante, pero las causas de la izquierda y las del pueblo no se defienden si se le da validez a un proyecto personal, familiar y de grupo.

Es fingir no estar enterado de que, por encima de banderas partidarias y de los nombres, existen dos fuerzas políticas; una con el ropaje democrático y otra bajo la denominación revolucionaria, con intereses económicos que les identifica como una sola clase dominante. Dentro de esa clase, el orteguismo compite con los sectores tradicionales de forma contradictoria, por ser un socio de nuevo ingreso. Despierta celos de clase, que se confunden con lucha de clases entre los “pobres” (el orteguismo) contra los ricos (la derecha)
Si hemos de seguir pensando que la economía y la política son inseparables dentro del sistema, tenemos que reconocer en los conflictos institucionales los reflejos de la lucha por el control del poder. Un sector de la clase dominante (el Frente Sandinista) no puede hacer uso pleno de su poder para homogenizar el curso de la economía con su proyecto político, y el otro sector (PLC, ALN, PCN) no dispone del poder para volver a su proyecto económico histórico, y trata de reconquistarlo.

Dentro de este esquema se producen asperezas que el orteguismo trata de limar saltándose normas institucionales, con el pretexto de que su proyecto es popular, y aún más específico, que es el “de los pobres”. No le vamos a restar interés social a ciertos proyectos del orteguismo para superar el retroceso sufrido bajo los gobiernos neoliberales, como en la alfabetización, la educación, la salud, etcétera, por haber privilegiado el enriquecimiento de empresarios privados, incluso, por vías creadas ah hoc, como los Cenis.

Pero son más proyectos e intenciones que realizaciones. Que aún es prematuro exigir cumplimientos, es verdad. Pero en un año, el orteguismo no ha hecho mucho por cumplirlos. Tiene en discusión un presupuesto que privilegia el pago de los Cenis en detrimento del aumento salarial a trabajadores del Estado; ha violado normas legales, ordenó fallar contra el proceso de formación de la ley; impone organismos paraestatales dizque populares con exclusividad, marginando a otras organizaciones; insinúa acabar con el profesionalismo del Ejército y la Policía con el argumento de que “sólo los animales no son políticos” (confundiendo adrede el libre criterio político de todo ser humano con la disciplina partidaria de las instituciones armadas) y vive en choque con la Constitución, porque impone de la religión desde el
gobierno.

Además, instrumentaliza el Poder Judicial y trastoca las funciones del Estado, fuente inmediata de la crisis institucional. Digo “la fuente inmediata”, porque el Poder Judicial nunca ha sido una institución autónoma ni de santa imparcialidad, ni lo podrá ser, mientras el poder del Estado sea utilizado como comité ejecutivo partidario. Lo está haciendo el orteguismo, como desde siglos atrás lo han hecho conservadores y liberales.

En suma, no se logrará restablecer siquiera el mediatizado estado de derecho existente hasta hace poco, echando en el mismo sacó la defensa de la institucionalidad con la ley de amnistía para Arnoldo Alemán. El derecho de legislar no está supeditado a la impunidad de un delincuente.