Jorge Eduardo Arellano
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BEIJING
La crisis financiera actual y la recesión global en ciernes están significando un reto para el modelo económico chino centrado en las exportaciones, como nunca antes en los 30 años desde que Deng Xiaoping abriera la economía. De hecho, en las últimas semanas “la fábrica del mundo” ha sufrido el cierre de miles de plantas manufactureras y la amenaza de que ocurran conflictos laborales generalizados.

Creo que el innovador modelo de desarrollo de China probablemente le ayude a capear la crisis económica creciente y cualquier trastorno social y político que le suceda. Más aún, en caso de que China logre llegar a puerto en esta tormenta, se fortalecerá su estatus como potencia emergente en lo político y económico.

La esencia del modelo económico chino es una cuidadosa secuencia reformista, en la que se da prioridad a las reformas económicas por sobre las políticas, lo que significa conservar el sistema constitucional existente y la permanencia en el poder del Partido Comunista de China (PCC). Este modelo ha implicado una importante liberalización en términos de la ideología oficial, la economía y la sociedad, al tiempo que se mantiene la propiedad pública de los principales bancos y las empresas estatales más grandes, como “anclas de la estabilidad económica”.

De manera similar, mientras se ha dado gran autonomía a los gobiernos locales en cuanto a desarrollo económico y social, el gobierno central ha mantenido su control de la dirección de las políticas al mantener el poder de nombrar autoridades locales del partido y del gobierno. En pocas palabras, el modelo chino refleja una combinación de pragmatismo, liberalismo y competencia de mercado, pero con una fuerte dosis de intervención. Lo que impresiona de este “modelo” es que ha permitido que China mantenga un rápido crecimiento dentro de un ambiente político relativamente estable a lo largo de 30 años. Aunque China no es el único país que ha tenido un crecimiento de largo plazo así (el Japón post-Segunda Guerra Mundial y Corea del Sur son otros ejemplos), es una especie de milagro el que un país que una vez fue pobre y en el que habita un quinto de la población mundial haya podido lograr un desarrollo así de sostenido.

Por supuesto, hay problemas. El deterioro ambiental es grave, el “índice Gini” (la brecha entre ricos y pobres) se está ampliando, y no se ha puesto freno a la corrupción oficial. Tampoco se ha hecho crecer lo suficiente el consumo interno, lo que ha tenido como consecuencia el que el crecimiento económico dependa en exceso de las exportaciones y la inversión extranjera.

Más aún, la crisis económica global ha demostrado ser una amenaza mucho más seria de lo que inicialmente reconocieron los líderes chinos. Las peores dificultades se originan en la dependencia de China de los mercados internacionales, especialmente Estados Unidos. El rápido descenso de las exportaciones ha causado el cierre de miles de fábricas en los deltas del Río Perla y el Río Yangtze, y decenas de millones de trabajadores migrantes desempleados ahora están volviendo a sus provincias del interior.

Estos trabajadores recién despedidos se unen a más de seis millones de recién graduados de las universidades que buscan empleo por primera vez. Si la economía no puede mantener los altos índices de crecimiento, el creciente desempleo se podría combinar con una acumulación de problemas sociales y políticos sin resolver para generar el riesgo de que se produzcan importantes conflictos sociales.

Sin embargo, el “modelo chino” ha dado a las autoridades las herramientas para evitar que eso ocurra. En primer lugar, mientras EU tuvo que esperar a que su nuevo presidente asuma el cargo, el gobierno de China pudo intervenir con rapidez con un paquete de rescate. A juzgar por los acontecimientos de los últimos dos meses, su plan de estabilización de $560 mil millones ha cumplido su objetivo, a pesar de algunas críticas públicas de que se formuló de manera demasiado apresurada.

En segundo lugar, el superávit fiscal de China, sus crecientes reservas en moneda extranjera y sus altos índices de ahorro han asegurado los recursos financieros para mantener una inversión adecuada y un crecimiento lo suficientemente rápido.

Tercero, el nuevo paquete de estímulo se orienta principalmente a la infraestructura, la renovación de equipos y la modernización de la industria, que en el pasado ha sufrido de un grave déficit de inversión, especialmente en las regiones central y occidental del país.

En cuarto lugar, una mayor inversión en la red de protección social del país no sólo incluye seguridad social y de salud para todos, sino también una ampliación de los subsidios para la vivienda, lo que debería ayudar a solucionar el problema de la demanda insuficiente de bienes inmobiliarios, que podría haber llevado al colapso de la economía china.

En quinto lugar, la mayor inversión en las áreas rurales, contemplada en el plan de rescate del gobierno, ayudará a aminorar la brecha entre las ricas ciudades y el campo pobre. Para promover la venta de electrodomésticos en las áreas rurales, el gobierno ha comenzado a dar un subsidio del 13% del precio, lo que no sólo beneficia el consumo rural, sino también estimula el crecimiento de las principales empresas industriales.

Finalmente, las autoridades han utilizado sutilmente los medios de comunicación para mantener la confianza de los consumidores, al manejar las críticas públicas y ayudar así a sostener la confianza popular en el gobierno y la economía.

La mayor parte de los pronósticos sugieren que, con un gran esfuerzo, China puede mantener un crecimiento del 8% en 2009. Sin embargo, la historia de las crisis económicas muestra que los factores no económicos juegan un papel igual de importante en cualquier solución. En la actualidad, los chinos comunes y corrientes todavía creen que el crecimiento económico de su país sigue siendo alto, y los líderes de China siguen disfrutando de altos índices de aprobación gracias a la creencia generalizada en sus capacidades y dedicación. Estos factores sicológicos deberán ser alimentados constantemente.

La coincidencia de la crisis económica con el 30º aniversario de las reformas de China ha servido de oportuno recordatorio de las penurias de la Revolución Cultural, cuyos recuerdos hacen que la mayoría de los chinos se opongan a volver de cualquier manera a los años anteriores a las reformas. La mayoría de los chinos hoy cree firmemente que una China más abierta y libre, cada vez más integrada a la economía mundial, es el único camino hacia adelante.

Wang Yong es profesor de economía política internacional y Director del Centro de Economía Política Internacional de la Universidad de Beijing.

Copyright: Project Syndicate, 2009.

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